Chichi Uccelli: “Siempre tengo la inquietud de mirar hacia adentro”

Escultora peruana inaugura hoy la muestra “Vicisitudes. Travesía del ser humano”, una serie de piezas trabajadas en bronce y resina.

En su muestra expone situaciones felices y adversas de la experiencia humana. Foto: difusión
En su muestra expone situaciones felices y adversas de la experiencia humana. Foto: difusión
Pedro  Escribano

La escultora Chichi Uccelli encontró en el bronce –también en la cera y resina– un lenguaje para decir lo que piensa, lo que siente y lo que mira. Así, la experiencia humana, en su densidad dramática, reflexiva y también de júbilo, no es ajena en sus obras de arte. Precisamente, en la muestra presencial que hoy inaugura en la galería Índigo, en San Isidro, y que ha titulado “Vicisitudes. Travesía del ser humano”, expone mucho de esas situaciones, felices y adversas, que forman parte del espesor de nuestra existencia.

Ironías. Para la artista, esta misma muestra es una vicisitud, pues estuvo preparada con mucha antelación para agosto del año pasado y constaba de 12 piezas. Pero ocurrió lo de la pandemia y todos los planes quedaron pendientes.

“Había que ubicarse en tiempo real, imponerse una disciplina diferente y empecé a trabajar seis piezas más con motivo de la pandemia, aunque solo dos de ellas tiene que ver, exprofeso, con la peste. Pero, curiosamente, cuando el lenguaje de uno se vuelve un poquito más universal, parece como si todas las pieza hubieran tenido que ver con la pandemia, que, en realidad, en este caso de las vicisitudes, era como un viaje al interior de uno mismo”, explica Chichi Uccelli.

La muestra estuvo preparada con mucha antelación para agosto del año pasado y constaba de 12 piezas. Foto: difusión

La pandemia la llevó a un recogimiento reflexivo...

Como no se podía salir, entonces, como que uno empieza a adentrarse en uno mismo, buscando, tal vez, una explicación o un entendimiento de por qué las cosas suceden o por qué todo puede ser, de pronto, tan efímero o tan trascendental.

Sus piezas escultóricas también parecen expresar una pulsión psíquica.

Yo tengo siempre la inquietud de mirar hacia adentro, de introspección. Está la escultura de tres mujeres, que se llama “Develadas”. La primera mujer está vestida; la segunda se está quitando las veladuras y, la tercera, está desnuda. Sus veladuras caen debajo de ellas. Es como que uno se desprende de todo lo superfluo, que uno se deshace de lo que, en realidad, no hace falta y se queda con la esencia de sí misma.

El nombre, “Develadas”, y la escena –que es la actitud de quitarse la ropa– son simbólicas. ¿Despojarse es mostrarse desde la intimidad?

Y si no es mostrarse a los demás, es mostrarse a uno mismo, para saber, exactamente o no exactamente, porque es demasiado difícil saberlo. Pero el hecho es tratar de encontrar en uno mismo qué es realmente lo que cuenta en la vida, qué es lo que realmente eres. Si te quitan todo lo que tienes, qué es lo que te queda.

En otra obra suya, “Retazos”, como que se insiste en saber quién es uno...

“Retazos” está inspirada en un texto de la poeta brasilera Cora Coralina que dice, más o menos, “estoy hecha de retazos, pedacitos coloridos de cada vida que pasa por la mía y que voy cosiendo en el alma”. Y espero que yo también deje esos retazos a alguien. Me he ido construyendo en virtud de las cosas que he recibido y que he conservado como valiosas para mí. Por eso mi escultura “Retazos” es una mujer que arrastra un manto de retazos, como si arrastrara sus recuerdos.

En otra piezas, tres mujeres bailan alrededor del fuego, una comunión entre ellas.

Entre las mujeres existe una relación diferente a la de los hombres. Las mujeres reímos, jugamos, lloramos, nos abrazamos, nos contamos cosas, sufrimos, algunas se divorcian, otras se vuelven a casar. La comunidad de mujeres, esta logia de mujeres nunca va a perder. Las mujeres siempre estamos ahí para las otras. Y estas mujeres que están alrededor del fuego, de algo que las calienta, muestran eso, que algo que las une.

El dato

Muestra. Galería Índigo. Av. El Bosque 260, San Isidro. Visita: de lunes a sábado de 10 a.m. a 7 p.m., domingos de 11 a.m. a 7 p.m. Va hasta el 23 de setiembre.