La historia de las maletas del exilio de Roa Bastos

Rumbo al destierro. Expulsado por la dictadura de Alfredo Stroessner, el escritor paraguayo fue captado por la cámara de Jesús Ruiz Nestosa.

Desgarrado. Augusto Roa Bastos con sus maletas en una imagen del 1 de mayo de 1982.
Desgarrado. Augusto Roa Bastos con sus maletas en una imagen del 1 de mayo de 1982.

Asunción. EFE

La fotografía del escritor Augusto Roa Bastos (1917-2005) sosteniendo unas maletas tras su expulsión de Paraguay es una de las imágenes de la desgarradora memoria del exilio, y también la más famosa de las registradas por la cámara de Jesús Ruiz Nestosa, galardonado este jueves por el Congreso del país sudamericano. Una instantánea que por su grandeza icónica ha perseguido a Ruiz Nestosa, que el 1 de mayo de 1982 captó al novelista paraguayo en una calle de la ciudad argentina de Clorinda, a unos 20 kilómetros de Asunción, luego de ser conducido a la frontera por agentes de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

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La fotografía, en blanco y negro, es la de un Roa Bastos solo y como en medio de la nada, de no conocerse que iba camino de la terminal donde el trío tomaría un autobús a Buenos Aires.

La instantánea inmortalizaba así el segundo exilio de Roa Bastos tras el de 1947, cuando el autogolpe del presidente Higinio Morínigo le obligó a marchar a Argentina.

Ello gracias al objetivo de Ruiz Nestosa, entonces periodista en el diario ABC Color.

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Se habían dirigido a esa urbe tras conocer la expulsión del creador de Yo el Supremo a una Argentina también bajo un régimen militar.

“Buscábamos en qué hotel se encontraba (...) cuando dimos con él, abrió un poco la puerta y a través de la rendija nos dijo que no podía hablar, que la situación era muy difícil y que le entendiéramos”, relató.

Fue un camarero del hotel quien les informó que Roa Bastos saldría esa tarde hacia la terminal, frente a ese mismo edificio, por lo que intentaron obtener desde allí una fotografía “para no regresar al diario con las manos vacías”.

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“Cuando faltaban pocos minutos para las cinco me acerqué al balcón, tratando de mostrarme lo menos posible y cuando lo vi cruzar la calle a él solo, disparé la cámara”, rememoró el retirado periodista.

Cuenta Ruiz Nestosa que la foto pudo llegar a destino “por ese instinto de conservación que uno desarrolla en los países dictatoriales”. Así que extrajo el rollo y lo pegó con cinta engomada en el salpicadero del coche, de cara al encuentro con los aduaneros argentinos.

El hecho es que fueron detenidos y llevados a un cuartel en el que se respiraba “un ambiente de terror” y donde se “hacía ejercicio de oscurecimiento por si aparecía la aviación inglesa”.

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Enemistad del escritor

Puestos en libertad a la medianoche, atravesaron el puesto aduanero paraguayo sin mayores contratiempos. La paradoja es que la emblemática foto, publicada al día siguiente, no tuvo en ese momento una excesiva repercusión, aunque sí tendría efecto en lo personal.

“Lastimosamente la publicación de la fotografía me costó la amistad con Roa Bastos, una amistad de muchos años, años difíciles cuando vivía en Buenos Aires y nadie lo visitaba porque estaba en la lista negra de la dictadura”, señaló.

Al respecto, Ruiz Nestosa considera que el disgusto del novelista “fue porque se le estaba dando visibilidad a su expulsión”.