Los Héroes de Sicaya: el arrasador tridente del 'Brujo' de los Andes

La Republica
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En el 447 aniversario de Huancayo, recordamos la colosal y poco conocida contienda que lidiaron los Tres Héroes de Sicaya ante las huestes chilenas durante la Campaña de la Breña, al mando del inmortal Andrés Avelino Cáceres.

Tras la victoria peruana del 5 de febrero de 1882 en Pucará, Junín, el invencible estratega Andrés Avelino Cáceres dispuso la formación de tropas en los pueblos huancaínos de Colca, Chongos Alto y Huasicancha, Chongos Bajo, Chupaca y Sicaya, a la espera de un nuevo embate de los invasores del sur al mando del Coronel Estanislao del Canto.

La Campaña de la Breña se tornaba cada vez más sangrienta, y Sicaya fue el heróico distrito designado para preparar los regimientos de defensa, liderados por Vicente Samaniego Vivas, Enrique Rosado Zarate y Tomas Gutarra Solís. El legendario “Batallón Libres de Sicaya” tuvo entonces conocimiento de los planes del ejército chileno para arremeter el cercano 18 de abril. El agua de las quebradas sabía a guerra.

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En la víspera, los héroes sicaínos habían destruido estratégicamente los puentes La Mejorada (hoy La Breña), Chongos y Huaripampa en un intento por retrasar el avance de las líneas enemigas. Como buenos herederos de la milenaria tradición canterana, habían realizado la proeza sobre los cimientos con cincel y comba, protegidos en todo momento por la penumbra del Ande. Incluso se narra que un niño de trece años ayudó en la justa.

Muy a pesar de sus esfuerzos, las tropas del sur invadieron el margen derecho del río Mantaro el 18 de abril de 1882, iniciándose una batalla en Pilcomayo, Sicaya y Chupaca que resultaría finalmente con la muerte de muchos valientes peruanos que luchaban por la libertad, la vida y la dignidad del pueblo Wanka. Entre ellos se encontraba Joaquina Ávila, mujer que luchó cuchillo en mano y perdió a sus tres hijos durante la contienda. Tendremos en otra ocasión tiempo para hablar de ella.  

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Producto de la derrota, Samaniego y sus dos lugartenientes deciden replegarse por la noche hacia Chongos Bajo para reforzar a otro heróico como ingratamente olvidado batallón, "los empochados del Cunas". Lamentablemente, los vigías de la estrella solitaria advirtieron su presencia en el límite de Pilcomayo y Huamancaca Chico, aprehendiéndolos en el acto.

Lejos de ceder ante la tortura y las demandas del ejército chileno, Samaniego, Rosado y Gutarra prefirieron ofrendar su vida al repaso de los fusiles en la plaza de Huamanmarca antes que revelar las posiciones de los soldados aliados al ‘Brujo de los Andes’ en la Sierra Central. Se cuenta que antes de morir, Samaniego exclamó: "Un peruano no muere sentado ni vendado, sino de pie y descubierto. Quedan otros como yo que sabrán vengar mi sangre. ¡Viva el Perú!”. Y es que los zorros del Mantaro se negaron a ser velados y contuvieron las balas con el corazón.

Este acto de inconmensurable valor sería fielmente recordado hasta el día de hoy como uno de los sacrificios más grandes, y por que no decirlo, también de los más ignorados en aras de la defensa patria durante la Guerra del Pacífico, librada en las alturas peruanas. Al menos, a partir de ahora el nombre de ‘Sicaya’ nunca más resonará en los pasillos de la indiferencia, empolvándose entre libros de historia como los inermes cuerpos bajo el sol de quien entregó su vida por nosotros.