
El gran poeta español León Felipe murió en 1968 en México. Un año antes, en octubre de 1967, fue una novedad literaria mundial: entre las pertenencias del Che Guevara, quien acababa de ser fusilado, se encontró un manuscrito conocido como el cuaderno verde, que contenía poemas copiados de su puño y letra, como los de León Felipe.
Nacido en Zamora, España, en 1884, León Felipe es reconocido como uno de los más grandes autores del siglo XX, pero ha pasado mucho tiempo olvidado.
Las sombras que apagaron su figura fueron las mismas que estuvieron a punto de hacer olvidar a otros autores destacados al caer la República española. Desde el alzamiento fascista, Franco se había comprometido a borrar la cultura en el país del Quijote.
León Felipe había vivido en México, pero en 1936, iniciada la insurrección fascista, volvió a su tierra para participar en la defensa del gobierno republicano. Pocos meses antes de caer la República, volvió a México, donde asumió funciones como agregado cultural de su país y ahí se quedó hasta su muerte.
Sus poemas serían entonces una defensa del sistema democrático destruido por Hitler, Mussolini y Franco. Habría en ellos, igualmente, un gran dolor al saber que no solo se estaba aboliendo el sistema democrático, sino también los más heroicos caracteres y las más profundas pasiones que siempre conmovieron al mundo español.
“Ya no hay locos, ya no hay locos
ya no hay locos, amigos ya no hay locos.
ya no hay locos, en España ya no hay locos.
Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto”.
Había muerto la mejor España, aquella cuyas voces, más que su espada, inundaron el mundo y, entonces, la canción de los poetas tuvo que ser un himno de vencidos.
Durante su exilio en México, León Felipe daba clases de Cervantes y el Siglo de Oro español a un grupo de jóvenes latinoamericanos, entre los cuales se encontraban el peruano Juan Pablo Chang Navarro y el argentino Ernesto Guevara.
León Felipe. Foto: Wikipedia.
León Felipe compartió con el Che la admiración por la poesía y el dolor por la muerte de Federico García Lorca. Acaso por ello, el joven argentino repetía algunos versos suyos:
“Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña”.
León contagió al Che de una admiración sin límites por Federico, quien, nada más al inicio del alzamiento franquista, fue ejecutado por los fascistas que lo acusaban de “izquierdista, masón y homosexual”.
La viuda peruana de Guevara, Hilda Gadea, me mostró entre sus postreros recuerdos un libro de García Lorca en el que el Che había trazado muchos subrayados y apuntes que declaraban con amor su admiración por ese gran poeta.
Tiempo después, cuando el argentino definía cómo ha de ser el “nuevo hombre americano”, habría de repetir las virtudes de su admirado Federico: pasión, dulzura, cristianismo laico y heroísmo hasta la muerte.
Según la señora Gadea, la mayor fascinación del Che se volcaba en el poema de León Felipe que dice:
“Cristo, te amo no porque bajaste de una estrella, sino porque me descubriste que el hombre tiene sangre, lágrimas, congojas... ¡llaves, herramientas! para abrir las puertas cerradas de la luz”.
Un general fascista dijo en esa época: “Cuando oigo la palabra cultura, saco mi pistola”. Sus palabras expresaban la hostilidad de los totalitarios hacia el debate intelectual y la diversidad sexual. No olvidar que ese fue el pretexto para ejecutar a Lorca. Sin embargo, los intelectuales españoles, desde Unamuno hasta León Felipe, todo lo dieron por defender las libertades.
No en vano anduvo León Felipe en la mochila del Che. Su llamado a recordar la muerte de Lorca y a vivir la maravilla de la poesía española hizo que, a pesar de las fobias del mundo de ese entonces, perseverara en el héroe romántico su afán de luchar y dar la vida para que todos sean de verdad libres.
Don Quijote de la Mancha se batió en nombre de la honra y la libertad del mundo sobre Montjuic, una pequeña montaña próxima a Barcelona, y fue vencido.
Los héroes pueden morir y ser escarnecidos y derrotados muchas veces. Lo que nunca muere son los principios que hacen hombre al hombre y dignifican la condición humana. “Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”, dijo el ilustre vencido en Montjuic.

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