Cargando...

COVID-19: en defensa de la naturaleza

“Urge realizar un cambio a nivel mundial, en donde se valore a la naturaleza tan igual que al ser humano. Pensemos firmemente que actuar sosteniblemente es clave para el futuro”.

.
.

Por: Milenko Radanovic Sotelo (*)

Quién pensaría hace menos de 6 meses que un virus paralizaría al mundo entero y tendría al Perú entero confinado. Muchos coincidimos en que el mundo necesitaba tomarse un descanso de los humanos, un respiro que le permita a la naturaleza actuar con absoluta libertad. Pero ¿qué pasará cuando los humanos superen este problema llamado COVID-19?

Seguramente nada cambiará, y la naturaleza seguirá sufriendo el apetito insaciable del ser humano. Uno de los hábitats más afectados es nuestra selva amazónica, que cada año ve cómo cientos de miles de hectáreas son deforestadas en pro del “desarrollo”. De acuerdo con una publicación del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), cerca de 250 mil hectáreas de bosque son deforestados anualmente en el Perú.

En Perú, los principales impulsores de la deforestación son la agricultura migratoria, la producción ganadera, la migración poblacional y la minería informal. Pero el impacto del hombre sobre los bosques no se limita a la deforestación, sobre él se ejecutan actividades ilegal es como el tráfico ilícito de fauna silvestre, ocasionando un desequilibrio en el ecosistema amazónico. Según señala el Ministerio del Ambiente del Perú, si no se actúa de manera oportuna se proyecta que en el año 2030 la deforestación puede superar las 350 mil hectáreas por año, el equivalente a 390 mil canchas de fútbol.

La importancia de los bosques amazónicos no se limita solo a ser una fuente proveedora de recursos para los humanos, sino también a regular una serie de procesos en el ecosistema, tales como la regulación del clima, la purificación de las aguas de los ríos, la absorción de nutrientes, entre otros. Pero esto no parece importar al hombre y a su desarrollo.

Toda esta pérdida de bosques con- tribuye a la aceleración del cambio climático, y en consecuencia al aumento gradual de la temperatura en el mundo. Los científicos sugieren que este aumento de temperatura podría ser el motivo principal de las catástrofes naturales, de la disminución de las precipitaciones y de la disminución de la productividad agrícola –esencial para la seguridad alimentaria–. Además, los especialistas sugieren que la reducción de la cobertura de bosques tropicales y el tráfico ilícito de fauna silvestre podrían aumentar la dispersión de los virus, e impactar negativamente en la salud de los seres humanos.

Hoy se llama COVID-19 y a la fecha ha cobrado la vida de más de 115 mil personas en el mundo, mañana puede ser otro virus, y pasado otro. Lo cierto es que si no cambiamos nuestro estilo de vida, podríamos pasar más tiempo del que deseamos aislados. Después de todo, no sería descabellado pensar que sea la misma naturaleza quién haya encontrado un mecanismo de defensa para hacer frente a nosotros.

Urge por tanto realizar un cambio a nivel mundial, en donde se valore a la naturaleza tan igual que al ser humano. Pensemos firmemente que, de ahora en adelante, actuar sosteniblemente es clave para el futuro. Por lo pronto, empecemos por aplicar en nuestras vidas la regla de las 5R (Rechazar, Reducir, Reutilizar, Reparar y Reciclar), a reubicar nuestras necesidades, a escoger representantes ambientalmente responsables. Convirtamos esas ganas de salir a las calles en ganas de cuidar nuestra naturaleza, y entendamos de una vez que nosotros sin la naturaleza no podemos vivir, pero ella sin nosotros sí.

(*) Ingeniero agrícola. Estudia maestría en Medio Ambiente

Gabinete en las sombras 2.0

LEER MÁS

Es cultural, por Jorge Bruce

LEER MÁS