
Sombras entre rejas, patios solitarios, superhéroes paralizados, ventanas que miran con añoranza el cielo azul. Así es como ven estos niños y adolescentes la vida desde el confinamiento. Desde hace 42 días no van al colegio, no pueden ir a jugar al parque, no ven a sus amigos. Sus horas transcurren entre las comidas caseras, los juegos entre hermanos (los que los tienen) y las pantallas del computador y el celular.
Si antes de la pandemia ya hablábamos de una generación volcada a la virtualidad, hoy, con seguridad, pasan mucho más tiempo frente a las pantallas, ya sea durante sus clases virtuales o en los juegos en línea. Sin embargo, este grupo de escolares cusqueños le ha dado un giro al uso de los teléfonos inteligentes.
De la mano de la docente del Andino Cusco International School, Karen Espejo, afincada en el valle de Urubamba hace algunos años, expresan su sentir sobre la cuarentena a través de la fotografía. La idea surgió tras el inicio de la emergencia sanitaria por el coronavirus y la suspensión de clases escolares.
Este semestre, Espejo, que también es periodista, no podía dictarles el esperado taller de prensa, en el que aprenderían redacción de noticias y nociones básicas de fotografía. Como plan B, la profesora decidió abrir el taller Fotos en cuarentena dirigido a 168 estudiantes de primaria y secundaria con quienes se comunica a través de plataformas de videoconferencia: “La finalidad es ayudarlos a procesar la angustia que podrían sentir en este tiempo de aislamiento social”.
Los alumnos han respondido muy bien a la propuesta. Con sus smartphones han captado momentos, espacios y personajes que relatan el carrusel de emociones que origina el encierro.
Casi todos sus estudiantes viven de cara a las montañas que bordean la ciudad imperial. Ver cómo la naturaleza sigue su curso, desde sus ventanas, les ha generado cierta melancolía que han sabido reflejar en sus fotografías, como Catalina Gonzales del primero de secundaria.
“Es interesante ver cómo nosotros estamos atrapados, mientras las mariposas vuelan afuera”, dice la leyenda del selfie en tono sepia que se tomó frente al espejo de su habitación, para expresar sus sentimientos.
Alonso Carrera, del mismo grado, empatiza fielmente con su compañera. Él retrató el reflejo de unos árboles de pino en la pantalla de su celular: “Allá la naturaleza sigue creciendo –explica con afán contemplativo– mientras nosotros seguimos aquí encerrados”.
Y es que el encierro aplasta, y hay que ver cómo lo ha expresado Cecilia Guidel (12) que echó mano de la dosis justa de dramatismo y captó su sombra junto a la de sus hermanas menores apoyadas en las rejas de su patio. O hay que prestar atención a los retratos de Maia Rueda (12) y Charlie Cripss (14) que han sabido plasmar los efectos del aburrimiento, un estado al que no están muy acostumbrados los de su generación.
Ella luce apoyada en el ventanal de su sala, la cabeza casi hundida entre los brazos cruzados, mientras afuera las nubes se abren como algodón en el cielo: “Siento angustia. No puedo salir a jugar ni a caminar”, dice la leyenda de su foto, sin embargo, ella también sabe que la cuarentena tiene un fin bueno: “Estamos evitando que se propague más el virus”, escribe Maia por correo electrónico.
“Si mi imagen tuviera un nombre, sería prisionero. Mi foto muestra mi deseo de ser libre”, apunta Charlie, el niño de la mascarilla con bigotes de gato, que usa el marco de las lunas de una puerta como un símil de las barras de una prisión. La composición es su fuerte.
La miss Karen, como la llaman, confiesa que cuando vio las primeras fotos de sus estudiantes se le erizó la piel: “Descubrí que se sentían como yo y como muchos de mis amigos y familiares. Algunas fotos expresaban angustia, miedo y tristeza, pero en otras destacaba el valor de la libertad ausente, el tiempo para contemplar la naturaleza o el reencuentro con sus familiares”.
Sentimientos cruzados que todos hemos experimentado estos días. Y es que la vida sigue entre cuatro paredes y la cuarentena también nos ha regalado momentos buenos. La púber Luciana Jibaja (15), del tercero de secundaria, por ejemplo, valora pasar más tiempo con su familia. De hecho, convocó a sus padres, hermanos y tíos a participar de la composición de su foto. En una escalera puso una serie de zapatos, cada uno con un muñeco del Show de los Muppets que se les pareciera. La imagen transmite ternura y optimismo sin igual.
“Se está creando unión en cadena entre personas distintas en esta cuarentena”, anota Hillary Moncada, del segundo de secundaria, sobre su foto para la cual juntó ganchos de ropa de diferentes colores para representar la diversidad. “Ahora hay más tiempo para ordenar, hacer más espacio y apreciar mejor nuestra casa”, dice Tiago Giraldo, del sexto de primaria, quien retrató a su padre en pleno trabajo doméstico. El encierro le está dando una lección de igualdad de género impagable.
Así miran la cuarentena estos escolares y la fotografía de sus espacios les ha permitido volcar, a través de pixeles y colores, el cúmulo de sentimientos que llevan dentro. Experimento recomendable para todos.

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