Retratos. El recordado escritor argentino realizó una serie de perfiles para una antología de autores estadounidenses. La U. César Vallejo reedita este libro: Escritores norteamericanos.,La vida de Ernest Hemingway se parecía a un estampido de fusil. Esa es la imagen que nos entrega el recordado Ricardo Piglia en su libro de perfiles Escritores norteamericanos, ahora en edición peruana de la Universidad César Vallejo. El libro, además de la semblanza de Hemingway, incluye la de William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald, Truman Capote, Sherwood Anderson, Erskine Caldwell, Ring Lardner, Nelson Algren y James Baldwin. Y como un cierre, Piglia culmina su galería con “Cuentos policiales norteamericanos”, una breve y aguda reflexión sobre el género policial. En realidad, es el prólogo para una antología de cuentos que Piglia hizo. Allí plantea la diferencia entre el policial clásico y el policial actual. En la nota de edición, Ricardo Piglia explica que estas semblanzas las escribió en 1967 para incluirlas en la selección de cuentos de autores norteamericanos Crónicas de Norteamérica, con la editorial Jorge Álvarez. Lo interesante en estas semblanzas es que Piglia no solo intenta hacer un retrato del escritor de turno, sino en tanto lo va retratando, desliza juicios sobre literatura y el oficio de escribir. Sobre Thomas Wolfe dice lo siguiente: “Fausto moderno, intentaba lo imposible: hacer entrar el mundo entero en esas grandes sábanas de papel, convertir las masa amorfa de sus temas en una valoración cualitativa de ‘toda’ la vida norteamericana”. Con respecto a Faulkner, señala lo siguiente: “Escribe como si predicara, un enardecido pastor puritano para quien el ámbito de la literatura es el de un tribunal en el que se han borrado las distancias entre los criminales y los jueces; su leyenda es atroz y brutal: todos los hombres son culpables, no hay diferencia entre pureza y corrupción”. Opina, sintetiza. Estos perfiles son brevísimos y puntuales. Sobre la obra de Caldwell, subraya: “Todas sus historias flotan fuera del tiempo: Caldwell no remata, no resuelve nunca la situación, la deja en suspenso, como si fuera imposible abarcar la inmensidad del universo y solo fueran posibles algunos trazos, ciertos signos a partir de los cuales se pueden reconstruir los destinos”. Detalla a los escritores en su universo, como es el caso de Nelson Algren que prefería personajes del submundo: “Vagabundos, prostitutas, ladrones, se arrimaban los unos a los otros para resistir en manada. No tienen más amigos que el alcohol, una amistad difícil: con la borrachera, extraños fantasmas se vuelven contra ellos, bestias alucinadas y feroces lo acorralan, los encierran en esa selva hostil donde los cazadores son los únicos que tienen rostros humanos”. Un libro gozoso, por la autores incluidos y la prosa del gran Ricardo Piglia.❧