Sobre víctimas y victimarios

Jessica Jones es el nuevo éxito de Netflix, la famosa productora de series y películas para internet. Inspirada en un cómic de Marvel, la serie ha llamado la atención por abordar problemas actuales como el abuso sexual y las adicciones.   

12 Dic 2015 | 23:30 h

Laura Grados
 
“Jessica Jones, eres una bebedora empedernida, un desastre de mujer, pero no eres una mierda”, le dice Luke Cage a la protagonista de la serie inspirada en el cómic de Marvel cuando –en el sexto capítulo– ella misma se autodefine como una canalla. Les podría decir el minuto exacto en el que se produce este diálogo y cómo, al día siguiente, Luke reconsidera sus palabras y, preso de ira –al enterarse de una verdad poco gratificante– culmina la conversación con un “me rectifico, sí eres una mierda”.
 
 
Y esa cruda definición del personaje principal de la serie –producida por Netflix– tiene mucho que ver con su éxito indiscutible: apenas lleva una temporada de trece capítulos pero ya ha trascendido el universo habitual de los devotos de los cómics y los frikis y ha expuesto temas que aún son tabú en distintos ámbitos de la sociedad.

Heroína de este tiempo

Racismo, alcoholismo, adicción a las drogas, violencia física, psicológica y sexual, parejas conformadas por personas del mismo sexo y aborto forman parte de la trama de esta superheroína poco convencional. 
 
El guion ha sido tan cuidadosamente trabajado que provoca, en algunos casos, la indignación colectiva y en otros una apertura de conciencias sin anestesia. Todo esto que se ve en Jessica Jones sucede a diario y está en todas partes.
 
La protagonista es humana antes que una heroína. Se deprime, es solitaria e insociable, y tiene algunas actitudes misántropas. Lleva consigo una carga del pasado que se materializa en pesadillas y en recuerdos que alteran su poca estabilidad emocional. 

Metáfora perfecta

Según el cómic (aparecido en 2011 y guionizado por Brian Michael Bendis), Jessica Jones era una niña común hasta que, en un viaje con su familia, ingresó por casualidad a un lugar donde se manipulaba radiación. Hubo un accidente y sus padres murieron. Ella quedó en coma. Al despertar, poseía una fuerza descomunal que le permitía levantar un automóvil de dos toneladas, saltar y volar sin el mayor esfuerzo. ¿Su debilidad? Las descargas eléctricas.
 
La huérfana fue captada por el personaje bautizado en los cómics como 'El Hombre Púrpura' y que en la serie se conoce como Killgrave. Este es el villano al que hay que detener. Ante el cual, la protagonista –en el pasado– tuvo que rendirse.
 
¿Y cómo se domina a una mujer con una fuerza sobrehumana? Killgrave es un poderoso controlador de mentes. Si hacemos un pequeño ejercicio y aterrizamos el poder del villano a la vida real, tenemos a un talentoso manipulador que somete a su antojo a una joven y desconcertada huérfana.  Ante nuestros ojos se revela el modelo más clásico de abuso en la sociedad: subyugar mentalmente a la víctima hasta que sus acciones respondan a nuestras necesidades. Eso es lo que hace Killgrave y no solo contra Jones, sino contra cualquier persona que le sea de utilidad.
 
Jessica fue abusada psicológica y sexualmente por Killgrave y sus acciones en el presente –en que transcurre la serie– responden a un intento por tapar ese pasado tormentoso. 
Al escapar de su captor, se convierte en investigadora privada y –según el cómic– en periodista de investigación.
 
Luego de ello, todo transcurre con normalidad hasta que Killgrave retorna a la vida de Jones cuando ella es contratada para buscar a una adolescente que ha sido secuestrada por el villano. 
 
Y aquí hay otra metáfora, otra figura común, el dilema de las mujeres que han sufrido violencia: ¿Huir o encarar? El enfrentamiento pasa por asumirse una misma como víctima. Y si es el caso, denunciar al atacante, para que el precedente quede registrado, para que los Killgrave del mundo no huyan sin dejar rastro.
 
Para lograr todo ello, hay que pasar por una etapa a lo Jessica Jones. Para superar cualquier episodio de violencia, primero hay que dejar de sentirnos "una mierda" por algo que no es culpa nuestra. O eliges ser Killgrave, o eliges hacer justicia empezando, cómo no, por una misma.

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