Cine nacional e internacional: un recuento del 2014

La cartelera comercial no mejoró con respecto al año anterior. Continúa bajo el predominio del peor cine de Hollywood, basado en la reiteración de fórmulas trilladas y escasa creatividad

22 Dic 2014 | 12:29 h

Federico de Cárdenas

A continuación, y por orden de ingreso a cartelera, las más destacadas cintas vistas en el circuito comercial: 1) El lobo de Wall Street (Martin Scorsese); 2) Blue Jasmine (Woody Allen); 3) Balada de un hombre común (Etan y Joel Coen); 4) Gran Hotel Budapest (Wes Anderson); 5) Ida (Pavel Pawlikowski); 6) Jersey boys (Clint Eastwood); 7) Boyhood (Richard Linklater); 8) Perdida (David Fincher); 9) De tal padre, tal hijo (Hirokazu Kore-eda); 10) Camille Claudel 1915 (Bruno Dumont); Polvo de estrellas (David Cronenberg).
 
A riesgo de repetirnos, diremos una vez más que la cartelera comercial no mejoró con respecto al año anterior. Continúa bajo el predominio  del peor cine de Hollywood, basado en la reiteración de fórmulas trilladas y escasa creatividad, un hecho que no data de ahora y que se traduce en la invasión de las mismas cintas, por lo general blockbusters, que copan todas las salas. No se entiende por qué títulos que se exhiben en países vecinos son inexplicablemente cancelados para el Perú, al punto que de no ser por la actividad de unas cuantas distribuidoras independientes (han quedado reducidas a dos) y de unos cuantos festivales de cine (el principal de ellos el que organiza el centro cultural de la PUCP), Lima quedaría cortada de lo mejor del cine mundial, que hace mucho no pasa por Hollywood sino por el cine independiente (las películas “indie”), por los países asiáticos (China, Taiwán, Japón, Corea del Sur) y por algunas cinematografías europeas (Francia, el nuevo cine rumano), a las que se agregan –de este lado del continente– las de Argentina, México y recientemente Chile.

No se explica, para dar un ejemplo, como Adiós al lenguaje, reciente cinta de Jean-Luc Godard y una de las que más quisiéramos ver, puede estrenarse en Buenos Aires en una decena de salas, en tanto aquí es impensable siquiera su exhibición. Tenemos una “sala de arte” cuya errática programación carece de una línea clara que ofrezca las novedades del cine mundial. Se vuelve a programar lo que se dio y tuvo éxito, sin arriesgar lo mínimo. En realidad tenemos una sala especializada en reestrenos de calidad (los breves ciclos Hitchcock, Scorsese, Polanski, Allen, etc.), contra los que no tenemos, por supuesto, nada –muchas veces los hemos analizado en esta página– pero ¿por qué no dar, por ejemplo, los Scorsese que no se estrenaron en Lima o la media docena de cintas de Woody Allen que nadie trajo (Every one says I love you, Scoop, Whatever works, etc.) y acompañarlas con verdaderos estrenos?

CIRCUITO ALTERNATIVO

Es gracias al Festival de Lima, que este año llegó a su XVIII edición y reiteró la proeza de estrenar un centenar de películas, al imprescindible Festival de Cine Europeo (que trajo 48 títulos en su XXVI edición y organiza la Filmoteca PUCP con Suiza y los países de la UE), a unas cuantas muestras –entre ellas una excelente de cine francés– y a algunos nacientes y aún pequeños festivales (como Transcinema y Lima Independiente) que podemos agregar otros títulos que también cuentan entre lo mejor visto este año.

Estos son, sin orden de preferencia: 1) La vie d’Adele (Abdellatif Kechiche); 2) Norte, el fin de la historia (Lav Dias);  3) La sal de la tierra (Win Wenders y Sebastián Salgado); 4) La imagen ausente (Rithy Pahn); 5) Jauja (Lisandro Alonso); 6) Le p’tit Quinquin (Bruno Dumont); 7) Winter Sleep (Nuri Bilge Ceylan), 8) Carta a un padre (Edgardo Cozarinski); 9) Maidam (Serguei Losnitza); 10) Es duro ser dios (Alexei Guerman). 

Entre los logros del año presentados gracias a la Filmoteca hay que mencionar el ciclo dedicado a la Primera Guerra Mundial vista por el cine, la muy completa retrospectiva dedicada al arte de Martin Scorsese que reunió 45 años de su trabajo y el homenaje a Charles Chaplin por los 100 años de Charlot, su personaje universal. Mencionemos también la actividad de otros polos cinéfilos como el Instituto Goethe, la Alianza Francesa, el Centro Cultural de España, el Instituto Italiano de Cultura, el Peruano Japonés (con un notable ciclo Oshima) y La Ventana Indiscreta de la U. de Lima, sala en la que pudimos ver dos estrenos que también cuentan entre lo mejor del año: Sidney (Paul Thomas Anderson) y La inmigrante (James Gray). 

CINE PERUANO

Este año se superó otra vez el récord de estrenos, con 17 producciones nacionales en cartel. De ellas, dos podrían figurar entre lo mejor de nuestro cine en lo que va del decenio. Nos referimos a El mudo (Daniel y Diego Vega) y a El elefante desaparecido (Javier Fuentes-León); también hay que anotar una primera obra muy promisoria: Perro guardián (Bacha Caravedo y Chinón Higashiona). Pero, pese a los 24 proyectos en curso, estamos aún muy lejos de un volumen de producción semejante a los alcanzados por cinematografías próximas, como la argentina o la chilena.

No se reiteró el fenómeno de taquilla que generó Asu mare, con más de tres millones de espectadores en el 2013, aunque la apuesta de su productora para este año, A los 40 (Bruno Ascenzo), marchó bien en taquilla. Seguimos en espera de que el Ministerio de Cultura retome –como anunció– la discusión del proyecto de nueva Ley de Cine. Los técnicos neoliberales del MEF, que vetaron el anterior proyecto, siguen abonados a un debate sesgado en el que algunos ignorantes afirmaron que A su mare era la prueba de que nuestro cine no requería de legislación alguna ni de apoyo. Es decir, pretendieron que un fenómeno que tenía explicación propia se generalizara como una suerte de receta universal para nuestro cine. Una cinematografía requiere de un cine de gran público y de otro de expresión personal, y este último es apoyado por el Estado en todo el mundo.

La lucha de los cineastas peruanos y una política proactiva de los responsables del Ministerio de Cultura ha logrado que los últimos años el Estado convoque a los concursos respectivos y repartiera el total de los siete millones de soles que fija la ley de cine vigente. El resultado es este auge en la producción que hay que saludar, pero que para constituir un embrión de industria requiere de una ley que sigue siendo imprescindible. Si retornamos a la política de abandono que se dio en anteriores gobiernos, estos esfuerzos podrían frustrarse, algo que nadie desea.

También es importante recordar que este año, y por primera vez desde que fueron restablecidos, el realizador Francisco Lombardi obtuvo el Premio Nacional de Cultura a la trayectoria artística, un galardón muy merecido. 

Este es, apretadamente, un recuento de lo visto y debatido en materia de cine el año que termina. Nuestros deseos para que el 2015 pueda ser mejor.   

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