“Mis películas son una lucha contra el racismo”

27 Feb 2011 | 0:00 h

Cineasta rumano Radu Mihaileanu director de El concierto. Realizador rumano dialogó con La República sobre El concierto, filme que está en nuestra cartelera.

Pedro Escribano.


Radu Mihaileanu, el cineasta rumano director de El concierto, está en el teléfono. El contacto se dio gracias a nuestra amiga Valeria Mesías, ocasión que nos permite hablar sobre su película que está en la cartelera limeña. El concierto cuenta la historia de un director de orquesta, Andrei Filipov –apasionado de Chaikovski–, encarnado por Aleksei Guskov, quien ha sido despedido hace 30 años de la Bolshoi y reducido a trabajador de limpieza. Un día de faena llega un fax con una invitación a la orquesta Bolshoi para un concierto en París. Filipov se guarda el fax y decide reunir a sus viejos amigos músicos despedidos como él para ir a la Ciudad Luz y dar el concierto, suplantando a la Bolshoi. Aquí nuestro diálogo.

–¿Qué noticias y vínculos tiene con el Perú?

–No sé mucho porque todavía no he podido ir allá. Sé algo porque la esposa de mi primo nació en Perú. Siempre he escuchado mucho acerca de Lima, de Machu Picchu y tengo el sueño de ir. También escucho las noticias políticas que vienen desde allá.

–¿Qué es hacer cine para usted?

–Hacer cine es otra forma de hacer arte y a veces también un modo de entrenamiento. Para mí es un lenguaje en sí, una manera de comunicarse. Es como el lenguaje de la música, pues uno busca transmitir un mensaje o un sentimiento de determinada forma, qué decir, qué expresar, qué piensas de esto y de aquello. Aunque yo tengo muchas expectativas de Hollywood, pero para mí el verdadero cine es aquel que ha sido realizado por alguien que quiere expresar su visión del mundo en el que vive. Eso es para mí ser un realizador.

–Filipov quiere recuperar su espacio. ¿La película es una revancha de los perdedores?

–No del todo. Esa podría ser la versión hollywoodense. Para mí es más que eso, el ser humano que recupera su honor, su dignidad y sabe que puede pararse y seguir. Es una historia en la que el ser humano un día decide levantarse de nuevo para poder sentirse humano; orgulloso de escuchar esa energía humana y sentirse vivo. Entonces, no se trata exactamente de una revancha, sino de levantarse y seguir adelante y disfrutar de toda su humanidad.

–Su padre huyó de los nazis y estalinistas. ¿Su infancia fue difícil?

–En general, mi infancia fue feliz. Solo hubo un gran problema: la falta de libertad. Y es que mi infancia y adolescencia las viví en la dictadura de Nicolae Ceaucescu, pero mis padres, que eran personas inteligentes, cultivaron el amor a sus hijos, a la familia.

–El problema era la libertad. ¿Su película es una sátira contra el socialismo real?

–La película no solo es sobre eso. Es sobre la libertad en general, sobre la dignidad humana. No es políticamente una película más a la derecha o a la izquierda. Trata un problema humano: un hombre no puede vivir sin libertad.

–Sus personajes son rusos, judíos, gitanos, etc. ¿Qué intención oculta esta diversidad?

–Todas mis películas son sobre la identidad y sobre la riqueza humana de las diferentes culturas. Y es que en todos los países hay tanto racismo y no se dan cuenta de que la riqueza de la humanidad está en la diferencia de los seres humanos. Todas mis películas son una lucha contra el racismo.

–En la película se aprecia ese mapa de gente, cada quien con sus costumbres. Por ejemplo, un judío en París tratando de hacer negocios.

–Eso me parece de lo más humorístico, burlarse de las diferencias de la gente. Pero a pesar de esas diferencias la gente puede vivir junta. Ese es el mensaje. Toda esa gente diferente puede cantar una sinfonía y crear una cosa colectiva. No tiene ninguna importancia ser diferentes. Igual que una orquesta, un violín, piano, contrabajo, esos instrumentos son diferentes, pero juntos hacen una sinfonía hermosa.

–¿Los músicos se reconstruyen en el concierto de París?

–Sí, esa es la historia. La historia es que cada uno quiere sanar su vida, y lo logran a través de la música.

–Filipov suplanta a la Bolshoi. ¿La farsa está triunfando sobre la sociedad?

–La farsa es una manera cómica de mirar la sociedad, como aquella película que del nazismo hace una historia tragicómica. Muchas veces la sociedad es una comedia. Es muy irónico, la sociedad muchas veces es más cómica y trágica de lo que vemos en mi largometraje.

–Además de Chaikovski, se escucha a Bach. ¿Buscas relacionar música y nación?

–No, la música es la energía vital para mí. Es la energía de toda la naturaleza, pero la película es también un poco política, habla cómo algunos regímenes políticos destruyó a mucha gente y ha tenido que pasar años para recuperar su dignidad. La música va por dentro y creo que es mucho más rica que el cine o la literatura.

–Radu, ¿también ha publicado un poemario?

–Ah, sí, eso fue un accidente. Yo escribo poemas para mí, pero cuando me fui a Marruecos por un tiempo, mis padres cogieron los poemas y los publicaron. Yo no quería. Son muy malos (risas).

–En tu filme hay música, hay armonía. ¿La armonía es el camino hacia la felicidad?

–La armonía es uno de los mensajes de la película, lo más importantes de la vida. Para ser feliz hay que vivir en armonía con la gente y la naturaleza, hay que buscar el equilibrio. Eso es la música. Sin armonía no hay música. Y eso es también para la vida. Sin armonía en la vida tenemos conflictos internos y externos. Necesitamos armonía entre lo individual y colectivo, pero eso ya no se busca en la sociedad.

–Si Filipov llegó a París, ¿por qué usted no puede llegar a Lima?

–(Risas). Me falta el milagro. Creo en ellos. Sin milagro no hay vida.


Perfil

Radu Mihaileanu. Nació en Bucarest en 1958 en el seno de una familia judía que hablaba yiddish. Su padre, Mordechaï Buchman, es comunista y periodista. Al volver de los campos de trabajo nazis, cambiaría su nombre por el de Ion Mihaileanu.

Filmografía. Ha realizado El tren de la vida (con nominación al Oscar en las categorías de mejor guión y mejor actor), Vete y vive y ahora El concierto. Sus películas siempre tratan el tema de la identidad.

Filme está basado en un hecho real


–¿La película está basada en un hecho real?

–Sí, toma como base un hecho real. Una falsa orquesta de Bolshoi fue a tocar a Hong Kong.

–¿Llegar a París es un sueño o una reivindicación humana?

–No creo que París sea la ciudad. París era un sueño mío y de algunas personas de Europa del Este, porque para algunos es la ciudad más guapa del mundo, (risas); pero para ellos, sobre todo Filipov, no es la ciudad sino el concierto. Para los otros no, ellos en tres días quieren ganar dinero para todo el año, pero el director solo quiere el concierto.

–Soñaba estar frente a una orquesta…

–Frente a una orquesta y oír a Chaikovski. Él vive con Chaikovski hace 20 años.

–El casting iba a hacerse con actores norteamericanos, pero te quedaste con actores del este.

–Me parecía mucho más realista trabajar con actores más identificados con los personajes. Que los rusos sean rusos, que los judíos sean judíos, no una versión americana. Fue una experiencia muy interesantes trabajar con ellos.

Te puede interesar