El joven Jorge Mario Bergoglio antes de ser el Papa

Historia de vida del Papa Francisco. En sus primeros años fue un amante del fútbol y de las sanas travesuras. Se enamoró de chico y le juró a Amalia Damonte que si no se casaba con ella, se haría cura. Y así fue, el 58 inició su noviciado en la Compañía de Jesús.

13 Ene 2018 | 6:50 h

"Esta casita que ves acá es la que te voy a comprar para cuando nos casemos", leyó la mamá de Amalia Damonte en aquella carta que a su hija le había escrito Jorge Mario Bergoglio, de 12 años, con la letra de aprendiz que tenemos de chicos la mayoría.

En 1948, Amalia tenía la edad de Jorge Mario, vivía en el mismo barrio porteño de San José de Flores en Buenos Aires (Argentina) y era el primer romance que tenía el adolescente que 65 años después se convertiría en el primer Papa de Latinoamérica: el Papa del Pueblo.

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"Mi mamá rompió la carta y cuando días después lo vi por acá (a Jorge Bergoglio) le dije: 'Andate, desaparecé, que por todo esto me dieron una paliza'", cuenta Amalia aquel marzo del 2013 cuando se enteró de que habían nombrado máxima autoridad de la Iglesia Católica a su amigo de siempre.

Aquel año, el pequeño Jorge ya le había lanzado una advertencia que él iba a cumplir en el futuro: "Si no me caso con vos, me hago cura".

"Éramos como almas gemelas. Los dos amamos a los pobres. Por lo menos me queda la ilusión de que fui la primera persona que le inspiró el tener un hogar, una familia, él no me propuso cosas malas, me propuso un hogar y para mi eso vale mucho", responde Amalia, quien a sus más de 80 años guarda estos recuerdos.

El mayor de 5 hermanos

Los padres del papa Francisco –Mario José Bergoglio, empleado ferroviario y Regina María Sívori, ama de casa– lo tuvieron el 17 de diciembre de 1936. Luego vinieron sus hermanos Óscar Adrián, Marta Regina, Alberto y María Elena cuyo parto dejó a su madre paralítica y obligó a la abuela a que se haga cargo de los mayores.

"Mamá no se daba abasto con los dos mayores. Nuestra abuela nos llevaba a su casa por la mañana y regresábamos por la tarde. Mi abuela me enseñó a rezar, eso recuerdo mucho", revela el Papa en unas de las entrevistas que dio cuando ya era cardenal de la orden jesuita. "A él y a todos en la casa nos hicieron mamar la fe desde la cuna", agrega hoy Maria Elena a sus 68 años. Ella es la única hermana de Jorge Bergoglio que sigue con vida.

La familia Bergoglio Sívori se asentó en una casa sencilla de un barrio de clase media y que, quizá sin tomarlo en cuenta, tendría una fuerte influencia religiosa en Jorge Mario: él creció alrededor del instituto Nuestra Señora de la Misericordia, la iglesia Santa Francisca Javier Cabrini y de la basílica San José de Flores, cuyo lugar se ha llenado hoy de mucha mística católica por lo que vivió el ahora Papa.

Futbolero y educado

Cuando tenía 7 años, en 1944, Jorge recibió la eucaristía por primera vez. Ese día, en Argentina, mientras sus padres celebraban por la primera comunión del mayor de sus hijos, en el Perú se conmemoraban 65 años del Combate de Angamos (8 de octubre).

Ernesto Lach, de más de 80 años, narra hoy los días en los que ese chico de su barrio, llamado Jorge, corría con el balón por la plazoleta Herminia Brumana, ubicada a una cuadra de su casa. "Le gustaban mucho los picaditos de fútbol y tenía su corazoncito de San Lorenzo de Almagro", dice.

Lo curioso es que el padre Enrique Pozzoli, quien bautizó a Jorge el 25 de diciembre de 1936, también era hincha de San Lorenzo y consideraba que el azul y el rojo eran colores prestados por la Virgen María Auxiliadora para este tradicional equipo de fútbol.

"Como estaba prohibido jugar a la pelota en la calle, cada vez que venía la policía salía corriendo. Esa es la única travesura que le conocí", explica en una crónica de la revista Gatopardo, Graciela Álvarez, vecina de infancia del Papa.

Todos los que han conocido al adolescente Jorge Bergoglio coinciden en decir que era un gran chico, tímido, muy humilde y educado. Bergoglio, en su infancia, estudió en el colegio salesiano Wilfrid Barón de los Santos Ángeles. En una foto del recuerdo, en blanco y negro, él –a sus 12 años– aparece con terno, corbata y una sonrisa escondida bajo una mirada seria.

Llamado a la fe

Una tarde de primavera, el 21 de septiembre de 1954, Jorge Bergoglio, de 17 años, se iba a encontrar con sus amigos y una noviecita para celebrar el Día del Estudiante cuando al pasar por la parroquia de San José de Flores, a la que siempre acudía, le pasó algo que él nunca planeó. Solo sintió un impulso de ingresar.

“Sentí como si alguien me hubiera agarrado de adentro y me hubiera llevado al confesionario. No sé lo que pasó. Evidentemente le conté mis cosas, me confesé, pero no sé lo que pasó y cuando terminé le pregunté al padre de dónde era, porque no lo conocía. Me dijo: ‘Soy de Corrientes, estoy viviendo en el hogar sacerdotal y vengo a celebrar misa aquí de vez en cuando’. Tenía cáncer y murió al año siguiente”, cuenta Bergoglio en una entrevista radial en Buenos Aires, que se replica en el libro El Jesuita, reportaje al cardenal Bergoglio, escrito por Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti.

Ese día no le contó a nadie de su decisión. Siguió la escuela secundaria industrial Hipólito Yrigoyen, en la que se graduó como técnico químico y luego de trabajar en el laboratorio Hickethier-Bachmann, realizando análisis bromatológicos, cuatro años después, a los 21, decidió contarle a sus padres, hermanos y amigos.

Su papá y su abuela estaban felices. Pero su mamá, no. “No sé, yo no te veo... Tenés que esperar un poco. Sos el mayor. Seguí trabajando. Terminá la facultad”, le dijo. 

Amalia Damonte

Primera novia de Jorge B.: “Éramos como almas gemelas. Amamos a los pobres y eso es importante porque hoy amamos a quien tiene ropa linda”.

María Elena Bergoglio, Hermana del Papa: “Él era un hermano muy cariñoso y protector. Yo recién tengo recuerdos de él cuando ya estaba en el seminario”.

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