El drama de una madre con problemas mentales y la angustia de su familia

Además del estado en el que se encuentra la mujer, existen dos denuncias contra su pareja por exposición al peligro, pero ambas fueron archivadas por el Ministerio Público.

URGE AYUDA. Rosa Rufasto requiere atención médica especializada en salud mental, según diagnóstico

URGE AYUDA. Rosa Rufasto requiere atención médica especializada en salud mental, según diagnóstico. La República

FAMILIARES. Piden que Fiscalía no archive nueva denuncia

FAMILIARES. Piden que Fiscalía no archive nueva denuncia. La República

Leonardo Muñoz

Desnuda, cubriendo sus senos con papel periódico. Sobre la parte baja de su vientre un saco vacío evita que sus partes íntimas queden expuestas. El viejo mueble azul resiste a tientas la robustez de su cuerpo. Por un lado, un balde de pintura todavía alberga restos de comida en su interior; hacia el otro extremo, la pantalla de un televisor descompuesto devela su reflejo.

Rosa Rufasto Garavito yace postrada en ese mueble. El diagnóstico preliminar indica que ella padece de una alteración mental. Tal vez por eso, cuando las cámaras ingresan a su habitación, ella luce distraída, mirando hacia ninguna parte. A sus 52 años tiene cinco hijos, pero no los recuerda con facilidad. Su esposo, Juan Velásquez Manayay, es veinte años mayor que ella. La falta de dinero –y poca voluntad de su familia– la han dejado inmóvil en ese sofá durante más de una década. Mientras tanto, un complicado proceso judicial mantiene enfrentados a sus seres queridos.

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Archivan denuncias

En el 2015, los hermanos Edgard y Gregorio Rufasto Garavito deciden denunciar en el Ministerio Público (caso 2089-2015) a la pareja de su hermana por el presunto delito de exposición al peligro de persona dependiente.

“Este sujeto se roba  a mi hermana de quince años. La ha mantenido encerrada con candado y, como a un animal, en un tarro viejo le da de comer. Ella es una madre de familia que le ha dado cinco hijos, pero ahora ni ellos actúan para ver la mejoría de su madre”, me dice Gregorio antes de mostrarme una foto de su hermana.

Tras la inspección de la Fiscalía se determinó que Rosa no presentaba lesiones traumáticas ni se evidenciaba un grave peligro que amerite formalizar la denuncia. Si bien la pericia psicológica concluyó que la mujer requería de” intervención multidisciplinaria especializada y/o internamiento en centro especializado de salud mental”, también se consideró que el acusado -es decir, su esposo- no contaba con el dinero para costearle un tratamiento, pues años atrás la retiró de un Centro Médico en Piura por ese motivo. Bajo este sustento, la Primera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Chiclayo archivó la denuncia semanas después.

Esta no era la primera vez que Juan Velásquez recibía una denuncia por el mismo delito. En el 2011, Mery Olano, propietaria de la casa en la que vive Juan y su esposa, argumentó ante el Ministerio Público (caso 84-2011) que Rosa Rufasto vivía en pésimas condiciones. Incluso mencionó que, en reiteradas oportunidades, la mujer habría roto la puerta de su cuarto para salir a la calle en busca de comida. Sin embargo, esta denuncia también fue archivada.

“Nos preocupa bastante esta situación, porque ella (Rosa) se queda sola en su cuarto. Varias veces ha provocado incendios menores, pero tarde o temprano puede pasar una tragedia”, explica Mery.

Las excusas de "Don Volta"

La mayoría de negocios de la cuadra 11 de Juan Cuglievan se dedica a la venta de pinturas o vidrios. También los cortan, pulen y enmarcan, según la preferencia del cliente. Al fondo de una de estas tiendas, tras una débil pared blanca de adobe se encuentra Rosa.

Esta mañana los hermanos decidieron hacer una protesta en los exteriores de la vidriería. Convocan a los medios, llaman a los vecinos y agitan las manos para intensificar sus palabras. Permiten que las cámaras ingresen a ver a su hermana semidesnuda. El fotógrafo de este diario entra, mientras me querdo a conversar con los otros vendedores.

“La última vez que la vi fue hace unos años, cuando salía desnuda a la calle para pedir comida. Tenía parte de sus piernas cubiertas de excremento”, me cuenta un trabajador que prefiere no mencionar su nombre.

A un costado de la vidriería, sin necesidad de salir del local, una empolvada gigantografía marca el espacio donde “Don Volta” repara DVD, radios y televisores. En la cuadra, Juan Velásquez Manayay es conocido con ese sobrenombre. Los trabajadores de la vidriería prefieren no comentar sobre el estado de salud de Rosa.

“Espérelo, ya ha de llegar”, me dicen con visible temor.

Unos minutos después llega “Don Volta”, con una bolsa plástica bajo el brazo. Apresura la caminata, ignora a todos e ingresa a su habitación. Cuando sale, insisto en querer hablar con él. Y acepta.

"Los hermanos malos son. Ella está bien, está tomando su medicina casera, pastillas, tranquilizantes. Solo que a veces quiere algo y no le doy, porque a veces uno no puede. Ella no se ha enfermado por las puras, todo fue por un accidente”, se adelanta “Don Volta”, un tipo de rasgos duros, mirada agresiva y gestos elocuentes.

Según narra, Rosa sufrió un accidente de tránsito cuando estaba embarazada. En ese incidente pierde al bebé, y no volvió a ser la misma de antes. Le pregunto si en todos estos años ha pedido asistencia de alguna institución para atenderla.

"Mira, yo soy una persona que no me gusta pedir favores. Yo vivo de lo poco que gano para atenderla a ella. Yo no la descuido, ella come, ella duerme, ella tiene su cama…”, responde.

Rosa ha sido su compañera por más de 30 años, pero él prefiere no pedir ayuda.

Con el permiso de su esposo, estoy a punto de entrar a la habitación donde se encuentra Rosa. Los trabajadores de la vidriería nos abren paso, pero Juan se detiene de golpe. Voltea. Piensa en alguna excusa y dice: “no, están trabajando, ese es el problema. Mira, yo no soy dueño, no puedo interrumpir su trabajo, mejor vámonos”. 

¿Y los hijos?

Según los trabajadores de al lado, vidriería "El Angelito", pocas veces los hijos de Rosa llegan a visitarla. Juan afirma que esto se debe a que ellos trabajan en Lima. “Vienen una o dos veces al año. Si quieres vente el domingo, por el Día de la Madre seguro van a venir. Ellos te pueden contar la historia”, comenta entusiasmado. 

En abril de este año la cuñada de Rosa Rufasto, Luz Guillen Carpio, reavivó el caso entablando una nueva denuncia (1726-2017) contra “Don Volta” por el mismo delito.

El acta de intervención policial revela la misma escena que vería semanas después: una persona de sexo femenino tirada sobre un mueble, completamente desnuda, tapada con papeles, un balde en el que le dejan la comida y en el suelo residuos fecales.

Los hermanos esperan que la pareja de su hermana se haga cargo de ella. El esposo la atiende con lo que está a su alcance y acusa a los hermanos de no enviar dinero para los gastos médicos. ¿Y los hijos? Tal vez lleguen este domingo, abracen a su madre y regresen a Lima. La misma situación durante años. ¿Feliz día, mamá Rosa?

Interviene la Defensoría

En junio del 2015, Gregorio Rufasto pidió la intervención de la Defensoría del Pueblo para verificar el estado de salud de su hermana. Este diario se comunicó con el jefe de la Oficina Defensorial de Lambayeque, Julio Hidalgo Reyes, quien sostuvo que sí se intervino pero los familiares han vuelto a descuidar a la mujer.

Hidalgo anunció que el próximo lunes (mañana) la Defensoría -en coordinacón con la Gerencia Regional de Salud- intervendrá nuevamente para asegurar el estado de salud de Rosa.

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