TIEMPO DE CUOTAS

El partido oficialista a la caza de cargos.

La República

El Comité Ejecutivo Nacional de Peruanos por el Kambio (PPK), el partido de gobierno, adoptó recientemente el acuerdo de exigir la renuncia de la ministra de la Mujer, Ana María Romero, debido a que fue gerente de la ONG fundada por Alejandro Toledo. Este pedido fue explicado desde la necesidad del gobierno de hacer un “gesto” y evitar cargas políticas al gabinete.

Poco después, este pedido fue contextualizado dentro de una crítica al gabinete por el secretario de Organización de dicho grupo político, Jorge Villacorta, quien culpó al sector tecnocrático del gobierno de la permanencia de Romero y arguyó otras razones más complejas como que el partido oficialista está alejado del Ejecutivo; que el gobierno está copado de tecnócratas; que el trabajo de estos no da resultados; que los ministros no han leído el plan de gobierno; que el Ejecutivo no está cumpliendo sus promesas electorales; y que en el gobierno no hay una figura del partido.

Estas exigencias llegan en el momento menos propicio y vuelven a poner sobre la mesa la falta de sintonía del partido con el gobierno y con la situación política misma. Ya antes del anuncio, algunos legisladores habían sugerido el cambio de ministros supuestamente para fortalecer al gobierno, logrando un efecto contrario, es decir, debilitar un poco más al Ejecutivo.

La crítica a la ministra de la Mujer tiene poco sentido, especialmente en su caso, debido a su corrección personal y a su desempeño en el sector a su cargo, objeto de crítica de sectores conservadores que quieren cortar abruptamente las políticas de igualdad de género que impulsa. Más controvertido es el hecho de que los pedidos de su alejamiento provengan de quienes fueron operadores de Perú Posible hasta hace poco.

El problema de fondo es la relación del partido de gobierno con el gobierno. PPK fue creado como un intento de sectores tecnocráticos para acercarse a la política orgánica. Ahora resulta que los líderes de ese grupo acusan a su gobierno de tecnocrático. Esta escena aparentemente surrealista tiene su explicación en el hecho de que PPK, como grupo político, fue débil aun antes de que su líder Pedro Pablo Kuczynski asuma el poder. Tras siete meses del inicio del gobierno ha perdido la poca capacidad de juego que tenía, y así se entiende que los que hablan en nombre del partido, en realidad lo hacen en nombre propio, en la búsqueda de una cuota de poder que hasta ahora les ha sido esquiva.

Este es el peor momento para una tensión entre el gobierno y el partido oficialista y no solo porque la regla general de una administración del poder es la convivencia entre ambas partes. Sucede que el actual gobierno carece de una base social propia y de una representación parlamentaria numerosa y cohesionada, de modo que el pedido público de más poder para un determinado grupo suena a la superación de los límites de esa convivencia y el inicio de una batalla alrededor de cupos de poder en la cual lo que menos importa son los resultados, el plan de gobierno y el partido mismo.

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