Juan Sheput: “Nadie podrá decir que yo participaba de las reuniones íntimas de Toledo”

Congresista de Peruanos por el Kambio y vocero presidencial alterno. Fue fundador del partido Perú Posible y se desempeñó como consejero presidencial y ministro de Trabajo en el gobierno de Alejandro Toledo.

A su labor como vocero del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, Juan Sheput suma la tarea de coordinar el trabajo de la bancada oficialista con el Ejecutivo para sacar adelante lo que llama

A su labor como vocero del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, Juan Sheput suma la tarea de coordinar el trabajo de la bancada oficialista con el Ejecutivo para sacar adelante lo que llama "la adenga". Foto: La República/Melissa Merino.

Maritza Espinoza

De su primera experiencia política apoyando al pepecista Ricardo Amiel para la alcaldía limeña le queda el sentimiento socialcristiano. También valora la cercanía que tuvo con el Apra, por la intensa vena aprista de su familia. Y no reniega de haber sido uno de los cercanos colaboradores de Alejandro Toledo –a quien conoció en los tiempos del Foro Democrático–, pero se siente traicionado ahora que se han descubierto sus nexos con Odebrecht

Es que Juan Sheput, hoy congresista de Peruanos Por el Kambio y vocero presidencial, fue uno de los infatigables defensores del hoy requisitoriado ex mandatario.

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Usted dice que Odebrecht es la oportunidad de que el presidente lidere la lucha anticorrupción, pero hay una imagen de debilidad.

Existe el propósito de brindar todos los recursos al Poder Judicial y la predisposición política del presidente para ayudar a la fiscalía en sus propósitos de investigación. Creo que ese es un buen primer paso. ¿Qué falta? Articular una política de Estado. Si se articula, sí estaríamos en presencia de un momento similar al que encabezó Valentín Paniagua en el 2001.

¿No falta, de parte del presidente, una actitud más enérgica de deslinde de la corrupción?

No olvidemos, si seguimos con el símil, la actitud silente de Valentín para evitar contaminar el proceso con la famosa palabra “politización”. Y sabiendo que hay personas que se encuentran en el exterior y que esto tiene ribetes internacionales, es preferible guardar discreción salomónica en tanto se desarrolla la investigación…

Pero eso propicia cosas como una Eliane Karp diciéndole al presidente: oye, lobista, sé lo que hiciste el verano pasado (risas).

Claro, pero eso debe llevar a una actitud, no de ninguneo ni de enfrentamiento, sino de mayor apoyo a las instancias judiciales y fiscales, porque lo que ella quiere es que le contesten para tener el argumento que le permita justificar la persecución política.

Pero en lugar de que el presidente lidere la lucha contra la corrupción de Odebrecht, hay la sensación de que quien la está liderando es el fujimorismo…

Pero ese liderazgo tiene un tope: la dimensión del poder legislativo y, en segundo lugar, los antecedentes del fujimorismo. Cuando hago el símil con Paniagua es porque, en estos momentos, Pedro Pablo no tiene ningún tipo de afectación en su carrera relativa a la corrupción. Entonces, le corresponde a él liderar este proceso de una manera más firme.

Pero el fujimorismo aprovecha también el hecho de que PPK haya sido ministro de Toledo como un pasivo en contra suya…

Pero eso no ayuda al fujimorismo, pues demostraría que no tienen nada que decir. Ha habido muchos ministros que han trabajado correctamente en todos los regímenes y eso no los lleva a ser cómplices. Una cosa es ser ministro de un presidente que traiciona la confianza y, otra, de un presidente que ya había demostrado que, a través de su asesor, tenía vínculos con la corrupción y, a pesar de eso, persistió con él. Es el caso, por ejemplo, de (José) Chlimper, que aparece en escena cuando ya se sabía del tráfico de armas de las FARC, de las cuentas de Montesinos, de la relación con el narcotráfico, y acepta ser ministro. Eso no sucede con Pedro Pablo Kuczynski, que es ministro en los albores y en las postrimerías, pero nunca se supo de este escándalo, a tal punto que Toledo se rodea de personas extranjeras para hacer sus negociaciones…

Usted ha dicho que la caída del presidente en las encuestas es un tema de comunicación...

Sobre todo de actitud política del gobierno en su conjunto... Mi preocupación es válida, porque los que se autoengañan echándole la culpa a Odebrecht o a los huaicos, lo único que hacen es perjudicar al gobierno. La caída es de los últimos cinco meses y ya acumula treinta puntos. Si seguimos igual, vamos a seguir cayendo. Entonces se requiere hacer un cambio y, desde ese punto de vista, no es un asunto de comunicación, sino de colocar la agenda, que es una de las virtudes de la política.

Pero, como en el gobierno de Toledo, nadie escucha sus advertencias. ¿No se siente un poco la Casandra* de ambos gobiernos?

Es una alabanza por asociación, porque a Churchill también lo llamaban Casandra cuando escribía sus artículos periodísticos... Yo me siento como una persona que sabe que el rol de un parlamentario no es el silencio condescendiente, sino agitar el cotarro para hacer reaccionar a la gente, intervenir en las políticas públicas para mejorar el rumbo.

Volviendo a Toledo: del uno al diez, ¿cuál era su cercanía con él?

Si ponemos hasta el número cinco la política y del seis al diez lo amical, yo me quedaría en el seis. Por ejemplo, nadie podrá decir que yo participaba de las reuniones íntimas de Toledo, familiares, amicales, las amanecidas, porque nunca he estado en ellas...

¿Esto por una decisión personal o porque no lo invitaban?

Me han invitado ene veces y siempre decidí trabajar solo en el ámbito de lo político y eso lo saben todos mis amigos. Por eso es que tú no ves videos míos en los que esté bailando ni cosas por el estilo sino siempre en una actitud eminentemente política.

Sin embargo, como vocero, y como amigo, uno se pregunta cuántos sapos se tuvo que tragar...

En el ámbito de lo político, muchos, pero en ámbitos relacionados con negociaciones con estas empresas brasileñas, ninguno, porque no teníamos acceso a esa información, al igual que muchos ministros. Gente como Lucho Solari o Carlos Ferrari, que aprecio y respeto, nunca tuvo conocimiento de este tipo de cosas ni lo hubieran permitido.

¿Uno puede estar cerca de un corrupto y no tener ni indicios?

La corrupción se cuida de dejar indicios. Los escándalos estallan posgobierno, porque son muy cuidadosos. Necesitan maquillarse, o blindarse, con gente correcta para lograr sus propósitos. Por eso hablamos de traición. Si existieran indicios, la gente se hubiera alejado o hubiera sido cómplice. No tengo duda de que ha habido exfuncionarios o funcionarios en ejercicio que han sido cómplices de los propósitos de Toledo. En una primera instancia es la negociación, pero luego viene la implementación y allí tienen que participar funcionarios públicos. El desafío del fiscal Pablo Sánchez es identificar quiénes se pusieron como personajes operativos para implementar la coima.

En Ecoteva usted defendió a Toledo. ¿Cómo se siente ahora?

Defraudado, atribulado, porque nosotros lo defendimos porque nos convocaban los abogados a darnos razones de que no había problema. Daniel Mora, Lucho Thays, Carmen Omonte y yo hemos participado en reuniones donde nos decían: no hay nada. Entonces, ¿cómo no vamos a salir a defenderlo políticamente?

¿Hubo alguna conversación directa, suya con Toledo...?

Ahí viene mi frustración, porque yo sí he conversado con Toledo específicamente sobre el tema de la famosa indemnización a su suegra por el Holocausto. Él me aseguró que el dinero era producto de un beneficio otorgado a ella por los daños sufridos en la segunda guerra, y luego enterarme de que es todo lo contrario, es algo que por lo menos me generó tribulación.

Uno diría: ¿cómo un hombre tan apegado al real politik se deja embaucar... ¡por Toledo!? (Risas).

Pero ahí hay que tomar en cuenta que existía una relación en la cual la confianza en el líder era importante. Porque si no confías en el líder no puedes hacer política. Por eso resulta que ahora uno se sienta tan defraudado.

Ha dicho que su confianza en Toledo se fue desmoronando. ¿Cuál fue el primer ladrillo en caer?

Lo del Holocausto. Luego vienen las adquisiciones. Primero una oficina, luego una casa, luego los depósitos de Maiman. Ante esas evidencias, continuar ya hubiera sido convertirse en cómplice. Y la cereza en el pastel fue cuando me entero de que mi postulación a la alcaldía de Lima (el 2014), decidida por toda la comisión política, cambia por presión de personajes vinculados a Susana Villarán, que luego supe que eran personajes muy cercanos a empresas brasileñas. Veo que empiezan a aparecer fotos de Anel (Townsend) y Willy Gonzales Arica con (Luis) Favre, y empiezo a atar cabos: Ah, ahora entiendo por qué me sacan de la postulación para que vaya Susana Villarán. Porque el señor Favre sí estaba vinculado a Odebrecht y otras empresas brasileñas.

¿Hace suya esa frase de "siéntate y verás el cadáver de tu enemigo pasar"?

Yo no lo veo (a Toledo) como mi enemigo. Siento decepción, sobre todo. Yo creo que él como expresidente tiene la obligación ante la historia de dar la cara, así termine con sus huesos en la cárcel. Si él culmina su biografía con una huida o un refugio en el extranjero sería lo más indigno para él y los peruanos que lo tuvieron como presidente.

Hablando de huidas, en el gran ranking de corrupción de los mandatarios, entre Fujimori, García y Toledo, ¿cómo quedaría el podio?

El primero sigue siendo Fujimori por todo lo que significó su gobierno; García, por su primer gobierno y lo que estamos viendo que fue el segundo; y Toledo sigue en el tercer lugar de ese triste ranking, pero veremos qué lugar ocupa Ollanta Humala.

Sin embargo, en la caída de Perú Posible, ¿hay alguna autocrítica suya?

Por supuesto. La primera, el no habernos esforzado lo suficiente por consolidar una organización partidaria. Nunca llegamos a ser peruposibilistas en todo el sentido de la palabra. Yo les decía a algunos periodistas: Por favor, ponme peruposibilista y no toledista, porque quería desmarcar ya el hecho de un exagerado caudillismo. Pero al final no se llegó a concretar y seguimos siendo una organización muy dependiente de lo que decía el líder.

Ya más recientemente, su cercanía con Patricia Robinson (vocera fujimorista) ha sido usada para descalificar sus opiniones. ¿Qué respondería a eso?

Que es una torpeza de quienes lo dicen. Con Patricia Robinson me une una amistad, pero ella tiene un lineamiento político y yo el mío. Yo soy un crítico del fujimorismo. Los que me conocen saben que yo he decidido callarme el primer año. Yo no le contesto al fujimorismo en absoluto, porque es mi decisión. Yo quiero ver, y veo que hasta ahora se están portando adecuadamente en el Congreso, aunque hay matices que son propios de la política... Estoy mordiéndome la lengua, pero vamos a ver, si se continúa con estas provocaciones, si voy a permanecer igual...

Sin pretender hurgar en su intimidad, ¿hubo una relación sentimental con Patricia Robinson?

Por supuesto, yo estuve con Patricia diez años. Fueron momentos muy gratos en mi vida y decidimos separarnos en el 2011. Me ha dado pena que algunas amigas o amigos planteen eso, conociéndome: como que yo me estoy subordinando a una relación sentimental que simplemente no existe.

Y volviendo al tema de los podios, ¿quiénes estarían en el de los mejores presidentes?

Primero, Valentín Paniagua, que creo que es la excepción que es necesario recordar y relevar...

¿Y el segundo lugar del podio?

¿De los últimos treinta años? Alejandro Toledo, con todos sus problemas.

(*Casandra: personaje de la mitología griega que profetizaba desastres reales, pero nadie le prestaba atención).

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