Georgina Orellano

“La trabajadora sexual es mucho más que tres agujeros”

Secretaria General Nacional de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR).

Gabriela Wiener

Domingo, 17 de Diciembre del 2017

Trabajadora sexual, feminista y militante por los derechos humanos y laborales, Georgina Orellano es una de las voces más potentes que ha parido el sindicalismo, así en general, no solo el putero. Ver algunos de sus videos virales en las redes o su charla TED pueden hacer que cambies radicalmente tu forma de pensar la prostitución. Libra batalla junto a sus compañeras para ser reconocidas como trabajadoras sexuales organizadas y exigir al Estado los mismos derechos que tiene cualquier trabajador: “Si hay mujeres que no quieren prostitución en sus vidas porque eso les ha generado violencia, el Estado debería darles alternativas. Pero dejen de cuestionar a quienes llevamos años reclamando derechos”.

¿Podrán conciliar alguna vez con el feminismo abolicionista?

El feminismo abolicionista ha llevado adelante políticas que solo han conseguido criminalizarnos más y nos ha empujado a una mayor clandestinidad. Este es un feminismo que se ha institucionalizado o es parte del Estado, que tienen un rol, detrás del escritorio, de dar respuestas antitrata que están damnificando a un sujeto político antes callado, pero que ahora genera herramientas para hacer visibles demandas legítimas. Creo que el feminismo abolicionista está pasando una crisis, descolocado con nuestra militancia. Con los demás feminismos queremos generar una agenda común contra la violencia institucional, abrazar todas las luchas.

Hay estadísticas que dicen que son pocas las prostitutas que pueden elegir, y otras que no todas son víctimas de trata. ¿Cómo quedamos?

Con esa lógica de que somos pocas no existiría el matrimonio igualitario o la ley de identidad de género. Mientras se siga equiparando trabajo sexual con trata, nos van a seguir contabilizando como víctimas o revictimizando. La trata debe ser combatida, pero no solo la del mercado sexual, también la del trabajo rural, el textil y muchos más. ¿Por qué otros trabajos explotadores, que no se eligen libremente, sin derechos, precarizados y con trata, se legislan desde el derecho laboral y no hay feminismo que pida abolición? Al trabajo sexual se le mide con otra vara, con el derecho penal y nos arrojan a la policía. Rechazamos el feminismo que quiere llenar el sistema carcelario de mujeres pobres.

¿Qué te sugieren las sobrevivientes de trata cuando hablan?

A mí, quien vino a empoderarme cuando los vecinos de la zona donde todavía ejerzo me discriminaron, fueron mis compañeras de AMMAR, no ninguna sobreviviente abolicionista que me decía que no me sindicalice. El sindicato me enseñó a no victimizarme, a visibilizar mi vida ante mi entorno y a defenderme.

¿No es la violencia intrínseca a la prostitución?

Vivimos en una sociedad patriarcal. Todas las mujeres estamos expuestas a violencia de género por serlo. Tenemos que soportar que nos digan: "bueno y qué querés, se la buscó por ser prostituta" y por el otro: "hay que abolir la prostitución porque genera esta violencia". Siempre revictimizando a la víctima y no problematizando la complejidad de la violencia de género. Quizá si el trabajo sexual estuviera reconocido podríamos mejorar nuestras condiciones de negociación y poder tener tal vez alguna dependencia estatal para denunciar situaciones violentas. Hoy de todo eso carecemos.

El argumento abolicionista es que una mujer que trabaja con las manos no padece lo mismo que una mujer que trabaja con “sus tres agujeros”, siendo penetrada varias veces al día.

¿Cómo pueden estar orgullosas de tener 30 pijas por día?, nos dicen. Nuestra actividad genera pánico sexual. No todo trabajo sexual es sexual, nosotras no trabajamos solo con los tres agujeros. Trabajamos también con las manos, con los conocimientos que nos da la calle, como acompañantes para aquellos que se sienten solos, escuchando los problemas de otros y haciendo servicios a personas con diversidad funcional. La trabajadora sexual es mucho más que tres agujeros, es una mujer, Mujer trans, varón cis, marica, un humano trabajador que genera un servicio sexual o social a cambio de una remuneración económica siempre y cuando sea pactado entre dos personas como mínimo y en la que intentamos poner nuestras condiciones.

Las supervivientes hablan de secuelas terribles...

Que tenemos la panza llena de preservativos, o que pasados los 50 años perdemos el deseo sexual, que nos volvemos locas, que se nos caen los dientes por tanto sexo oral. La verdad, cuando hago sexo oral no trabajo con los dientes. Hay una mirada de la sexualidad muy chiquita y muy moral, digna de una sociedad pacata e hipócrita que piensa que el sexo es igual a penetración.

¿Qué opinas de que en algunos países se penalice al cliente y no a la puta?

Fácil decir "no estoy en contra de las mujeres, estoy en contra de los consumidores", cuando en la práctica nos penalizan. Es un lavado de cara. El abolicionismo persigue a las putas. Atentan contra nuestra fuente de trabajo. Acá en una provincia al norte se tiene penalizado al cliente. Las compañeras tienen que trabajar en lugares oscuros y ocultos donde están expuestas a más abusos, coimas y persecución policial.

¿La campaña #HolaPutero no es a favor de ustedes?

Ese tipo de campañas se piensan como políticas salvadoras, pero resulta que no lo son porque las putas no están pidiendo que las salven. Son, en realidad, políticas que victimizan. Hay que pensar políticas feministas y preguntarles a las verdaderas protagonistas.

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