Cecilia González

“Trump ni siquiera intentó ser políticamente correcto y azuzó el odio contra los mexicanos”

Periodista mexicana. Vive en Argentina.

Gabriela Wiener

Domingo, 10 de Diciembre del 2017

Como decía la periodista mexicana Marcela Turati, hace unos días, en un tuit desde el hartazgo: “los periodistas ya no queremos contar más historias de asesinadxs y desaparecidxs”. Le pregunto a mi entrevistada Cecilia González –corresponsal mexicana en Argentina–, donde desde hace unos años es una periodista respetada y admirada, si a veces ella, como su colega, también se cansa. Las columnas de Cecilia, que se comparten miles de veces en redes sociales, son lúcidos y mordaces vistazos a la actualidad política argentina y mexicana, que la han convertido en un referente de periodismo “luchón”, como dicen los mexicanos. También escribe con la misma garra sobre feminismo, política internacional, periodismo y es una defensora incansable de los derechos humanos. Autora de los libros Escenas del periodismo mexicano, Narcosur, Todo lo que necesitás saber sobre narcotráfico y Narcofugas, dice que cubrir un espectro tan amplio le da aire y la libra de la extenuación y el desaliento: “Pero cuando me canso, lloro. Siempre sirve”.

Mientras que en México se exige por estos días el fin de la ley de seguridad interior, en la Argentina se firman manifiestos para condenar la represión del Estado. ¿Crees que estamos viviendo un renovado fenómeno de militarización en nuestros países? ¿Qué incita a las botas hoy?

Así es. Hay un renovado fortalecimiento de las fuerzas de Seguridad y del Ejército en varios países de América Latina, lo que se traduce de inmediato en el incremento de la violencia institucional, es decir, violaciones de derechos humanos, agresiones a la prensa y una férrea defensa del gobierno hacia militares y policías, nunca muestras de solidaridad en favor de las víctimas. En México esta situación lleva décadas y se agravó cuando el ex presidente Felipe Calderón militarizó su guerra contra el narcotráfico. En Argentina hay intentos de repetir el patrón.

Odebrecht ha puesto en jaque a casi a toda la elite política de la región. ¿Es la corrupción ahora mismo el gran tema de América Latina? ¿Alguna profecía?

No soy optimista al respecto. Ojalá se investigara y condenara la corrupción. Porque la corrupción mata, es algo concreto e injustificable, no son solo sobornos entre políticos y empresarios. Pero nuestros sistemas políticos están diseñados para garantizar impunidad. Quizá haya empresarios y políticos presos, pero ni son todos los que están, ni están todos los que son. Argentina es un gran ejemplo. La justicia actúa de manera selectiva en contra de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y ex funcionarios pero cierra o no investiga los casos que involucran al macrismo. Hay un halo de venganza contra el kirchnerismo, no de verdadera justicia. Así no sirve.

Dos preguntas que no tienen nada que ver o tienen que ver todo. ¿Qué le pasa a Trump con los mexicanos, qué le pasa a Macri con los mapuches? ¿Racializando se gobierna mejor?

El racismo, la xenofobia y la discriminación están presentes en todas las sociedades y resurgen de acuerdo con el clima político de cada país. Los gobiernos construyen climas que habilitan discusiones que parecían ya superadas. Trump ni siquiera intentó ser políticamente correcto y azuzó el odio contra mexicanos, musulmanes y todo aquel que considere un “otro”, porque el “otro es una amenaza. Así de irracional. En Argentina, el gobierno acusa a los mapuches de ser una organización terrorista financiada por ingleses y con apoyo de extremistas kurdos. De no haber muertos ya en el medio, sería risible.

También es escalofriante que la cobertura periodística de los grandes medios de aquí y allá justifica e incluso promueve el accionar represivo y racista. En plena precarización del oficio –cierre de medios, despidos, freelancismo jodido–, ¿cómo comemos y seguimos denunciando?

Aunque los grandes medios son oficialistas, tenemos la ventaja de la tecnología y las redes sociales. En Argentina, por ejemplo, el caso de Santiago Maldonado, un joven que murió durante una represión policial, hubiera pasado desapercibido de no ser por el activismo permanente que hubo en redes sociales y el trabajo de los medios alternativos. En todo el continente están surgiendo medios nuevos y comprometidos que buscan fuentes de financiamiento para autogestionarse. El reto es cómo monetizas y haces sustentables esos medios, cómo convencer a los lectores de que vale la pena pagar por periodismo de calidad. Estamos en medio de ese proceso.

Eres célebre por haberle hecho a Macri la pregunta más difícil de su vida. ¿Una buena pregunta que interpele al poder puede cambiar las cosas o es una ingenuidad pensarlo?

Eso es una exageración producto del oficialismo de los medios más influyentes de Argentina. A mí, la verdad, me da un poco de risa cuando en la calle me dicen “gracias por preguntarle a Macri”. No creo haberle hecho la pregunta más difícil (quizá sí una buena entrevista), es solo que la mayoría de los periodistas con los que Macri acepta hablar no lo cuestionan en serio, lo cuidan, lo quieren, lo aplauden.

Anunciaste a las puertas del Tribunal la condena a los represores de la dictadura de Videla. ¿Qué aprendiste de los argentinos en casos como estos? ¿Cómo lo logran?

Argentina es el mayor ejemplo de lucha, justicia y esperanza para la región en materia de derechos humanos. Ese día fueron juzgados 54 represores. Fue el mayor juicio de la historia argentina y terminó con 29 condenados a perpetua y 19 a penas menores; seis más quedaron absueltos. En total han sido condenadas más de 800 personas que cometieron crímenes de lesa humanidad. Ningún otro país de la región ha logrado llevar a cabo un proceso de esta magnitud.

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