Rusia 2018

Fútbol, Mundial y sexo

Cada cuatro años se especula que el Mundial, la máxima fiesta del fútbol, provoca un boom de turismo sexual en el país que lo alberga. ¿Qué sucederá con Rusia 2018?

Redacción LR

Domingo, 26 de Noviembre del 2017

¿Qué pensamos cuando pensamos en hinchas de fútbol?

Aunque esta pregunta debería ser el disparador de una encuesta masiva, masticar fútbol a diario permite licencias.

Si no es el hombre con el pecho calato y la camiseta enrollada como una pañoleta, probablemente nos asalte la imagen del tipo iracundo que putea a su televisor. La pelota, como la Biblia y demás escrituras sagradas, nunca mató a nadie, pero ha derramado mucha sangre en su nombre.

Ahora, en lugar de hinchas, seamos genéricos: pensemos en hombres de fútbol. El entrenador que subestima a las mujeres que arbitran, el directivo que no las programa, el jugador que las insulta. Las mujeres, a pesar de los avances, todavía son consideradas intrusas e incapaces. Solo los hombres conocen y entienden lo que sucede alrededor de una pelota de fútbol.

Bajo ese contexto, las mujeres son elementos decorativos. Tal vez no se paseen semidesnudas con carteles en mano, como en el boxeo, pero son percibidas así en el imaginario.

No extraña, entonces, que cada vez que se aproxima una nueva Copa del Mundo se piense en un boom de turismo sexual en el país que lo acoja. Miles y miles de fanáticos con solo tres palabras en su cabeza: fútbol, mundial y sexo.

"La imagen del fanático del fútbol, rudo y machista, coincide con el estereotipo de alguien que iría a un prostíbulo. Al ser en su mayoría hombres puede haber un comportamiento sexista. Los estereotipos son el verdadero problema", sostiene el sociólogo francés Nicolas Hourcade.

Por su naturaleza, insuperablemente ilógica, las certezas en el fútbol, sea en la cancha, las graderías o los alrededores, son asunto de cándidos.

En el 2010, el Ministerio de Sanidad de Sudáfrica se aventuró en asegurar que un batallón de 40 mil prostitutas llegarían a su país, organizador del Mundial. Asustado por tratarse de una nación con más de cinco millones de infectados con VIH, Reino Unido envió un lote de 42 millones de condones para hacerle frente.

Cuatro años atrás, en Alemania 2006, se especuló con la misma cifra redonda: 40 mil trabajadoras sexuales serían trasladadas desde Europa del Este para satisfacer la alta demanda de visitantes.

Acabados ambos torneos se concluyó que no se produjo un aumento significativo ni de la prostitución ni de la trata de personas. Sudáfrica 2010 arrojó datos reveladores. A través de entrevistas a 1.800 prostitutas, la investigadora Marlise Richter del African Centre for Migration and Society determinó que la media de doce parroquianos semanales por prostituta se mantuvo; y que entre el 1% y el 2% de trabajadoras sexuales provenían del interior del país.

Del ejército de 40 mil que se había previsto muy poquito.

Estadísticas en frío

En marzo de 2017, Vladimir Putin, el único presidente de Rusia en lo que va de este siglo, declaró en una rueda de prensa que "las prostitutas rusas son las mejores del mundo".

La frase no pasó desapercibida. Menos ahora que Rusia 2018 entró a la cuenta regresiva. Proporcional a su enormidad, de acuerdo a estadísticas oficiales, en Rusia existe un millón de prostitutas. Colectivos y asociaciones civiles dicen superar los tres millones. Solo en San Petersburgo, la segunda ciudad más importante, seis mil mujeres venden sus caricias.

Solo el 10% ejerce en la calle. La mayoría acondiciona departamentos pues la represión es fuerte. En el 2016 se registraron 103 mil nuevos casos de VIH en Rusia. Un crecimiento del 5% en relación al año anterior.

"Los policías se niegan a registrar las denuncias de las chicas por agresiones de los clientes. Son parias absolutas", cuestiona Irina Maslova, fundadora de 'La rosa plateada', organización que vela por las trabajadoras sexuales repartiendo preservativos y realizando campañas de despistaje de VIH.

"Lo único real es la represión", agrega Morgane Merteuil, del Sindicato de Trabajadoras Sexuales de Francia, aludiendo a Brasil 2014, mundial donde se realizaron varias redadas policiales.

Mito o no, el sexismo aún pisa fuerte. (RG)

La imagen del fanático del fútbol, rudo y machista, coincide con el estereotipo de alguien que iría a un prostíbulo”.

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