Nani Pease

“Hay una memoria ‘salvadora’ en el fujimorismo pugnando por imponerse”

Entrevista a Nani Pease, psicóloga, antropóloga y miembro del proyecto Educación y Memoria del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), quien habla sobre la urgencia de una política de memoria en el país.

Maritza Espinoza

Domingo, 26 de Noviembre del 2017

Psicóloga, antropóloga, actriz, directora teatral y férrea activista contra la violencia de género, María Angélica Pease, más conocida como Nani Pease, es una de las autoras del libro Atravesar el silencio -publicado hace muy poco por el Instituto de Estudios Peruanos -, que nace de un trabajo exhaustivo sobre cómo se aborda, en las aulas, el tema del conflicto armado interno que vivió el país. Por coincidencia, también por estos días, la congresista fujimorista Paloma Noceda ha presentado un proyecto para reescribir los libros de texto, para poner a Alberto Fujimori como el gran salvador de la patria. Sobre eso y sobre la urgencia de una política de memoria en el país hablamos en esta entrevista que se realizó en su pequeña oficina en la PUCP.

¿Dónde aprende un chico peruano sobre el conflicto armado interno que no sea en el aula?

Lo que hemos encontrado es que, fuera del aula, aprende prioritariamente en su casa o en internet. La escuela, a la cual la CVR le dio el encargo expreso de abordar el conflicto interno, no está cumpliendo con ese rol, está eludiéndolo.

Y presumo que, en esas fuentes, el chico no solo se informa, sino que interioriza prejuicios, inexactitudes y sesgos…

Y memorias incompletas, fragmentadas. Pero lo más interesante, y doloroso a la vez, es que lo que no han matado en la escuela es la curiosidad. Incluso en contextos muy cercanos al conflicto, como en Ayacucho, hay una mente voraz en los adolescentes tratando de entender.

¿Y desde qué edad un niño debe ser informado objetivamente de este tema?

Desde que pregunte. Yo tengo un hijo de nueve años que, a los cuatro, vio el Lugar de la memoria y, bueno, la guerra ha estado muy cerca a nuestra familia, pero él preguntó “¿qué cosa es eso?” y yo dije “este es el momento”. Hay esta idea de que los niños no deben ser asustados. Pasa con temas como el enfoque de género, la sexualidad, pero tocar un tema no asusta a nadie. Los fantasmas que tú traigas en torno al tema sí pueden asustarlo o no.

La congresista fujimorista Paloma Noceda ha presentado hace poco una propuesta para reescribir los textos escolares en ese tema. ¿Qué piensas de eso?

Pienso que ella debería leer los textos escolares que tenemos en primer lugar. Estos mencionan las acciones del Estado, mencionan el proceso de pacificación nacional…

Ella ha dicho, textualmente, que “los textos escolares parecen haber sido escritos por los que perdieron el conflicto armado”.

Y los llama “caviares”, tratando de reconstruir la historia, lo cual me parece insólito. En realidad, creo que hay una memoria “salvadora” en el fujimorismo pugnando por imponerse. Creo que el proyecto de esta memoria es este “héroe”, que es Fujimori, que viene, pacifica al país y se acaba la historia, es el fin del conflicto.

Eso es exactamente lo que ella plantea…

Claro. Además, este es un hecho en una larga cadena de agresiones del fujimorismo a la historia, como la denuncia contra las madres de Anfasep (Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú), toda la campaña contra el Lugar de la Memoria. Todo se inserta dentro de esta idea de mantener esta memoria “salvadora”, que es el discurso que ha operado el fujimorismo desde la captura de Abimael.

¿Cuál es el riesgo de que esta percepción se imponga?

Yo no sé, primero, si pueda imponerse. Creo que hay más resistencia de la que creemos, felizmente. Pero, de imaginarnos un fujimorismo vencedor que entre en los textos escolares, sería mediado por docentes que han vivido esa historia. Me cuesta mucho imaginar un docente complaciente con esa versión. Los docentes fácilmente tiran a la basura los textos escolares que les dicen algo que no sirve…

¿De qué manera ellos soslayan o adaptan la currícula a sus versiones personales?

Básicamente, lo que hay es una suerte de temor generalizado en los docentes a abordar el tema del conflicto armado interno, porque sienten que están bajo vigilancia. Entonces, la historia es: viene este Estado, pacifica, se va y se quedan estos docentes con esas historias de horror, porque el magisterio estuvo en el centro del conflicto armado y, diez años después, tienen que tocarlas sin tener ningún tipo de soporte. Por eso, lo que hacen es evitarlas.

El fujimorismo siempre alerta del peligro de que ex senderistas o simpatizantes del senderismo enseñen en las aulas. ¿Hay un peligro y cuál es?

Ese es el sustento de estas leyes que se mantienen, pero es muy difícil imaginar que haya algún docente solo, aislado del entorno, incluso en una escuela rural, multigrado, unidocente. Donde está el docente y sus estudiantes, hay una familia, una comunidad, estudiantes que van y hablan. Entonces, ese es uno de los típicos cucos que mete el fujimorismo para tratar de asustarnos y seguir estigmatizando a los docentes, a los que han igualado con los senderistas por mucho tiempo.

Y ahí viene la satanización de todo aquello que tenga que ver con la izquierda…

Claro. Y que fue lo que hizo Fujimori desde que entró al poder. Cualquiera que proteste es terrorista. Lo del LUM es una muestra de eso.

¿Y qué contrapeso puede tener eso en las aulas?

Lo que hay que hacer en las aulas es hablar del tema, dentro de un trabajo de ciudadanía y cultura política. Hay que compensar las historias fragmentadas que tienen los estudiantes. El tema de la memoria no está en la agenda de nadie. Ni del Minedu, ni del Estado, ni del Ministerio de Cultura. Somos una sociedad post conflicto que no ha saldado sus heridas con el pasado.

Y a los peruanos que iniciaron esta guerra, ¿cómo abordarlos, sin satanizarlos, sin etiquetarlos…?

O sin glorificarlos. Lo que, desde mi investigación, me atraía profundamente del conflicto armado era esa posibilidad: que, al ser una historia no escrita, como tema de historia reciente, no queda otra más que llamar distintas versiones. Pero eso también sucede con Conga, con Bagua, con cualquier conflicto reciente. No existe una narrativa única y no te queda más que negociar versiones.

¿Y cómo decir, sin caer en lo político, que quien fue la cabeza del terrorismo de estado es el padre preso de la lideresa de la bancada mayoritaria en el Congreso?

Es imposible no politizarlo en una sociedad post conflicto. Alemania, luego de la segunda guerra mundial, tuvo grandes controversias para decidir qué enseñar. O la Argentina post dictadura. Esos retos que enfrentamos son los mismos de cualquier sociedad post conflicto.

Pero los nazis y los dictadores argentinos fueron derrotados política y militarmente. Acá tenemos a esos actores vivitos y coleando…

Y actuando, ¿no? Ejerciendo cargos de poder. Y lo que hace nuestro contexto más difícil es que las víctimas siguen siendo los excluidos: el campesino pobre, quechuablante, que no tiene voz. Por eso digo que esto tendría que estar enmarcado en una política de memoria. Y sí tenemos una versión oficialmente acordada de lo ocurrido. El informe de la CVR es el informe legítimo de este proceso, que debiera el Estado respaldar…

¿Sientes que hay voluntad política de hacerlo?

No hay ninguna voluntad de respaldo. No la ha respaldado políticamente nadie.

Y es evidente por lo ocurrido hace poco con el ministro de Cultura (que destituyó al director del Lugar de la Memoria).

Es insólito, es aberrante, es increíble, porque me parece sorprendente que sigamos discutiendo qué término usar…

O a quién no ofender…

O incluso cómo nombrarlo, que es una larga discusión que tuvimos también con los docentes. Como si decir “conflicto armado interno” fuera una caviarada. Pero cuando tú dices terrorismo, estás borrando parte de la historia, porque, en el imaginario, terrorismo alude a las acciones de Sendero, no a las del Estado. Entonces, este documento, que es el informe final de la CVR, es el marco común que tenemos.

Pero que está siempre cuestionado…

Sí, porque está el fujimorismo en el poder también, por más que PPK sea el presidente.

¿Y hay solución, mientras el fujimorismo tenga una porción de poder tan grande?

Es que por eso que atacan la educación, porque la educación, y suena súper naif decirlo, es la solución. No te digo que les digas “este” o “el otro”. Hay verdades históricas que tienes que decir, pero hay que darles (a los estudiantes) criterios para que piensen la realidad. Esa es una bomba contra cualquier totalitarismo, contra cualquier autoritarismo, contra cualquier fujimorismo. Por eso, cada cierto tiempo, vienen con estos proyectos insólitos.

De otro lado, y no sólo por lo ocurrido en la la época del conflicto interno, somos una sociedad bien tolerante a la violencia y eso se traslada incluso a la violencia contra la mujer…

Es interesante lo que ha pasado en el último año en el país. Decimos que somos sumamente pasivos, pero hemos derrocado una dictadura marchando pacíficamente y hemos visibilizado una serie de elementos del patriarcado y la violencia contra la mujer, un tema del cual nadie hablaba.

Quienes cuestionan todo este trabajo en contra de la violencia contra la mujer, tienen una versión un poco retorcida: dicen que, desde la marcha de “Ni una menos”, los casos de violencia han aumentado.

Lo que ha aumentado, creo yo, es la denuncia. “Ni una menos” ha activado la posibilidad de las mujeres de sentir que tienen derecho a denunciar, a no ser acosadas en la calle. Creo que la estadística que salió de la PUCP, que 7 de 10 mujeres son víctimas de alguna forma de violencia sexual a lo largo de su vida, nos empoderó a todas para decir “Yo también”, que es el otro hashtag mundialmente famoso. Y por eso, sí pues, las estadísticas han aumentado.

Hay una cosa más siniestra que se usa en ese sentido: que muchas de las víctimas de feminicidio han sido mujeres que han denunciado antes...

A ver, el patriarcado es el sistema bajo el cual operamos tres cuartas partes del mundo y está muy naturalizado y no hay mayor agresión que el decir “hasta acá nomás”. Entonces, cuando una mujer se levanta y tiene la fuerza testimonial de denunciar en un país como este, sin duda va a haber consecuencias. Sí creo que hay un ego herido, machista y vengativo y reactivo, que es muy peligroso, y que, dado el sistema legal que tenemos, la idea de que nos están matando no es dramatizar la situación. Nos están matando.

Después de lo ocurrido con Guillermo Castrillón (director teatral acusado de acoso), han saltado muchas denuncias parecidas. ¿Tú, que estás en el mundo del teatro, lo sabías o recién te has enterado ahora?

En verdad, ¿qué cosa es saber en un contexto de tanta naturalización? Porque yo sabía de algunos casos, el de Castrillón, solo que no me correspondía hacer la denuncia, pero no sabía del alcance que tenían. Y lo supe en el contexto de “Ni una menos”, por una amiga muy querida, que es una de las performers que denuncia. Y me dolió mucho. Él ha sido mi profesor y le tenía cariño, respeto, el cual perdió automáticamente tras saber el tipo de barbaridades que hacía. Creo que, al igual que lo que pasa en la escuela, en la prensa o en cualquier contexto, hay una serie de conductas que tú naturalizas. Y el teatro es un espacio muy particular, muy vulnerable.

De imaginarnos un fujimorismo vencedor, que entre en los textos escolares, sería mediado por docentes que han vivido esa historia”.“Cuando tú dices terrorismo, estás borrando parte de la historia, porque, en el imaginario, terrorismo alude a las acciones de Sendero, no a las del Estado”.“Sí creo que hay un ego herido, machista y vengativo y reactivo, que es muy peligroso”.

Te puede interesar

Nuestras portadas