Cajamarca muestra el rostro del verdadero carnaval

toda una tradición. En febrero esta región andina celebra, en todo su esplendor, una de las fiestas más populares en el país.El ingreso del Ño Carnavalón, el Concurso de Patrullas y Comparsas, y el Gran Corso es esperado por miles. 

2 Feb 2018 | 10:45 h

Edgar Jara. Cajamarca

En febrero Cajamarca celebra, en todo su esplendor, una de las fiestas más populares en el país entero: el carnaval. Este evento no hace más que ratificar cada año las bondades y peculiaridades de la capital del carnaval peruano, denominación que se ganó hace rato esta región. 

Historia 

Sumergirse en las páginas amarillentas de los textos por el paso implacable del tiempo, allá por 1930, aparece esta fiesta sin igual de desfile de carros alegóricos, concentrándose en la Plaza de Armas de Cajamarca. 

Forma parte del recuerdo que durante el festín, todos echaban mano de los chisguetes de éter, talco perfumado, “pica pica” (papel picado), serpentinas, tiras de papel con mensajes impresos y la competencia de los cuartetos en términos de poesía culta, como un legado de ancestros literarios que más adelante sería el origen al concurso de coplas. 

Desde entonces la tradición en el inicio de la fiesta comienza con el bando del carnaval, que presidirá por última vez el alcalde Manuel Becerra, acompañado por miembros del comité organizador y los notables, anunciando la llegada del “Rey Momo” y de la festividad. 

Luego vienen dos noches de reinado que lucen las representantes de los barrios más importantes, en sus versiones infantiles y mayores, privilegio que el 2017 llevó Gina Pastor La Torre, del barrio San Sebastián.

Sin duda, todos esperarán el ingreso del Ño Carnavalón, fijado para el sábado 10 de febrero, al día siguiente el Concurso de Patrullas y Comparsas, y el lunes 12 el Gran Corso del Carnaval.

Todavía con algo de energía, pero sin ocultar la tristeza, cientos asisten al día siguiente al velorio del rey de la alegría, que será enterrado, como todos los años, en el distrito de Baños del Inca, dejando un testamento a los deudos, en medio de un mar de lágrimas de las viudas y plañideras.

Personajes míticos

El clon acapara la atención del gentío que asiste para espectar su paso cadencioso e infatigable, arrancando la admiración por su danza inconfundible. Estimulados por alguna bebida típica del evento, generalmente cañazo o chicha. Los clones despiertan la admiración por su incansable danzar en idas y venidas a lo largo del trayecto del concurso de patrullas y comparsas, y también del gran corso carnavalesco.

A la par de deleitar a las tribunas con sus bailes, pitos y látigos, son los encargados durante todo el recorrido de mantener el orden en los desfiles, ya que muchos recuerdan que la competencia entre barrios los llevaba a zanjar sus diferencias a puño limpio.

Por su ropa ancha, confeccionada con telas multicolores colgantes, un enorme cucurucho, con muchos motivos y la máscara de malla, es casi imposible que no se pueda distinguir a este personaje central, mayormente escenificado por gente humilde, escondiendo su rostro tras una careta finamente tejida con alambre, en clara sátira a los conquistadores españoles.

“El Chino” Aguirre

Allá en el jirón Junín 1237, su hogar de siempre, ha quedado la huella de las manos prodigiosas del mascarero Roberto “Chino” Aguirre, como testimonio para las futuras generaciones de su amor por la fiesta del rey Momo.

“Con el tiempo la gente prefiere comprar las máscaras de jebe con rostro de payaso o monstruos copiados de películas”, dijo alguna vez a este periodista, antes de partir el viaje sin retorno.

A pesar de ir perdiendo de a pocos la clientela, el “Chino” no desmayaba en preparar con tiempo las máscaras de malla, arte heredado de su padre.            ♣

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