“Perú está llegando tarde a la cultura de igualdad de género”

lidya cacho. Periodista y activista mexicana en derechos humanos, invitada al Hay Festival de Arequipa, habla de cómo se interesó por investigar las redes de explotación sexual.

12 Nov 2017 | 6:00 h

Desde Arequipa

Meses después de que la torturaran y secuestraran, Lydia Cacho se preguntó si todo lo que había hecho valía la pena. La policía la detuvo en diciembre del 2005 por escribir Los demonios del Edén, una investigación que revelaba cómo operaba una red de pornografía infantil en México y los nombres de sus promotores. En el caso estaba comprometido un gobernador de Puebla. La periodista y activista de derechos humanos estaba deprimida. “Pensé que debería detenerme, que la gente no leería mis libros porque quedaría horrorizada”, cuenta. Salió a caminar y una señora la abordó. Le dijo que gracias a su investigación pudo salvar a su hija y con otras mujeres rescatar a más niñas. Supo que debía continuar. También publicó Esclavas del poder, que desenreda el tráfico sexual en toda Latinoamérica.

La consideran como una persona muy valiente y con mucho coraje, pero usted dice que es muy tímida...

Son cosas muy diferentes; es decir, la timidez tiene que ver con una sensación de que el mundo es un lugar al que yo no debía pertenecer. La valentía tiene que ver con una forma de estar con un mundo como este. Ya que llegué aquí he descubierto mi fortaleza interior. Por el tipo de periodismo que yo hago, las investigaciones, los premios; les dieron por ponerme esos calificativos, pero me resultan raros.

¿Cómo decidió investigar en la red de pornografía infantil y en la trata de mujeres?

Tengo el privilegio de haber sido educada con una madre que era activista feminista. Mi mamá trabajaba en lo que se llama ciudades perdidas, cinturones de pobreza alrededor de México. Crecí preguntándole ¿por qué estos niños no pueden comer? Mi mamá siempre nos decía que es la pobreza y preguntaba qué haría al respecto. Empecé en el activismo de los derechos humanos a los 15 a 16 años, y tras decidir que el periodismo iba a ser mi profesión vi que paralelamente podía hacer activismo.

¿Cuántas amenazas de muerte ha recibido durante el ejercicio de su profesión?

Te confieso que dejé de contarlas, era muy angustiante tener la lista. Algunos años tuve un diario donde ponía todas las amenazas que me hacían y dejé de contarlas.

¿Se puede dormir tranquilo teniendo estas amenazas?

Yo hago terapia, para mí es muy importante la salud psicoemocional, sin ella no puedes hacer buen periodismo. Para mí es vital saber que mi trabajo periodístico es muy riesgoso. He tenido que salir de mi casa miles de veces corriendo, balearon a un sujeto a unos metros, afuera de mi casa, me mandaron correos de amenazas...

En México han asesinado a muchos periodistas por el narcotráfico. ¿Vale la pena morir por el periodismo?

Es una de las últimas discusiones que tuve con Javier Valdez porque habían matado una amiga nuestra, Miroslava Breach. Estábamos devastados. Javier salió y dijo: “Pues si nos quieren matar a todos, todos ponemos el pecho para que nos maten”. Me indigné. No queremos que maten a nadie, no queremos que maten a ninguno, no te hagas el valentón, le dije. Lo que tenemos que decir es basta de asesinatos. Hacerse el valentón te lleva a a la muerte. (Javier Valdez fue asesinado este año por narcos)

¿Investigar la pornografía infantil y la explotación sexual a mujeres le ha hecho odiar a las personas que las promueven?

No. Cuando empecé a investigar la pornografía infantil hace quince años y empecé a preguntarles a los expertos qué tan grave era, cómo podía ver esos videos, cómo podías entrar. Aprendí a meterme en la partes profundas de las redes para encontrar estos cuartos. Mi reacción inmediata fue que tenía que lograr explicar este delito de tal forma que la gente entienda que detrás de cada película de la pornografía infantil hay un niño, hay una niña a quien hay que rescatar. En Bolivia hubo un par de días que estaba muy enojada porque sentía que las mamás y los papás estaban vendiendo a sus hijos, pero una mujer las concientizaba con charlas para que no hagan aquello.

Confesaste que tuviste que aprender a hacer pull dance para entrar a las redes de explotación sexual de mujeres...

También decidí disfrazarme de monja en los burdeles y en los hoteles de paso para contabilizar cuántas niñas tenían encerradas en los hoteles los proxenetas, también me disfracé de prostituta en 15 países diferentes. Iba toda disfrazada con una peluca y unos tacones, pero había que hacerlo para entender la dinámica, entrevistar a las chicas de Perú, Argentina, Nicaragua, Paraguay.

¿Qué opinas del machismo? En el Perú lidera los casos de feminicidio en Latinoamérica ...

Definitivamente hay cambios paulatinos. Perú está llegando tarde a la cultura de la igualdad o de la cultura de la equidad (de género) comparado a otros países de Latinoamérica. Pero también el feminicidio responde en gran medida a que las mujeres han logrado empoderarse. La otra cosa es que no podemos negar que hay una oleada de machistas ultraconservadora que está muy enojada en que las mujeres tengamos poder y nos llaman locas y feminazis. Es una oleada de venganza. Muchos de ellos siguen creyendo que las mujeres se las debe tener en la casa y deben ser obedientes.

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