En defensa propia: ¿Derecho de proporcionalidad o principio de intereses?
Para entender el conflicto ocurrido en Gaza, aclaremos que es un problema de una complejidad inaudita. Esto debido a que en Medio Oriente la voluntad de establecer un estado de paz está aprisionada por intereses mezquinos y potencias exteriores. 
Cabe recordar que las guerras árabe-israelíes, poseen un compromiso con la Unión Soviética y Estados Unidos (victoriosos geoestratégicamente después de la II Guerra), aún siendo considerablemente mayor el Norteamericano con Israel que el soviético con los árabes. Por ejemplo, una derrota israelí habría significado la negación a la condición de superpotencia a Estados Unidos.
Pero también cabe mencionar a las poblaciones israelíes cercanas a Gaza, las cuales han padecido, durante ocho años, ataques con cohetes (más de diez mil) que perfeccionaron su puntería y capacidad destructiva con el tiempo.
Además, la reacción de Jerusalén fue pasiva al obstaculizar el tráfico de mercancías y el suministro de electricidad a la Franja de manera intermitente, sin causar entorpecimientos insoportables a la población gobernada por Hamás.
Una estrategia que buscaba obtener tranquilidad ante los comicios de este 20 de febrero, que finalizaron con una victoria ajustada del partido Kadima, liderado por Tzipi Livni, quien tendrá que asumir el cargo en medio de un proceso de paz que no es respetado por Hamás y en el que Israel ve la necesidad de defenderse.
Ahora bien, desde un principio los ataques de Israel a los grupos terroristas palestinos en la franja de Gaza han sido (y siguen siendo) condenados por toda la población civil, medios de comunicación, etc.
Una circunstancia adicional entorpece un balance de la situación y de su probable evolución: los medios de información son parciales y, con frecuencia, distorsionan en ambos bandos la realidad.
En Perú, por ejemplo, solo un medio tuvo un corresponsal en la zona del conflicto, desde donde recogía citas de cómo la población israelí vive frente a los ataques de Palestina, cosa que los demás medios se empeñan a mostrar las partes afectadas de Palestina, refiriéndose el término de proporcionalidad.
En el libro Crímenes de Guerra, de Roy Gutman y David Rieff, se establece que en el derecho internacional, el termino proporcionalidad sirve para establecer un vínculo entre los objetivos y los medios para conseguirlos.
Por ello en un conflicto armado, el principio se utiliza para juzgar, primero, la legalidad de acuerdo con el concepto de ius ad bellum de las metas estratégicas del uso de la fuerza en defensa propia, y segundo, la legalidad de acuerdo con el concepto de ius in bello de cualquiera ataque armado que cause bajas entre los civiles.
Sin embargo, como mencioné líneas arriba, los conflictos en el Medio Oriente responden muchas veces a intereses. Esto debido a lo suscrito en el párrafo anterior, es decir, que la proporcionalidad se determina por los medios en función al objetivo, no por el tamaño o poderío de las fuerzas en conflicto.
Lo que pretendo explicar es lo que muchos ya han olvidando en su afán de condenar a Israel: El gobierno de Hamás es corrupto, ineficiente y dictatorial, el cual mantiene al pueblo palestino de la franja de Gaza en el atraso y la miseria, y donde el único propósito explícito (de Hamás), es destruir Israel y echar a los judíos, dejándolos sin territorio. Y donde, además, a pesar de que la gente no lo quiera admitir, estamos frente a un conflicto religioso más que ideológico o político.
Israel es el único Estado democrático de la región, donde los árabes que son ciudadanos, votan y tienen representación en el Parlamento, que es el que elige al gobierno, cosa que no se ha dado en Palestina.
Hamás fue declarado organización terrorista por la comunidad sudamericana, la Unión Europea (España, incluida), Japón, Australia, Canadá y Estados Unidos.
En 2002 la ONG Human Rights Watch la acusó de cometer crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, donde muchos de los atentados de sus Brigadas han tenido como blanco objetivos civiles.
La mayor oleada de atentados terroristas cometidos por Hamás, muchos de ellos suicidas, se produjo entre 1994 y 2004. Entre el principio del proceso de paz con Israel entre 1993 y 2003, donde se registraron 113 suicidas por parte de Hamás contra el pueblo judío.
Muchos de estos atentados, cometidos en suelo israelí, tuvieron lugar en calles, restaurantes y cafés, autobuses públicos, centros comerciales. En 2001 murieron en Israel, víctimas de atentados de Hamás, medio centenar de personas; en 2002, 81; en 2003, 76; en 2004, 23… A ellos hay que sumar los centenares de heridos y las víctimas de atentados de otras organizaciones fanáticas.
A fines de 2006 y principios de 2007, Hamás declararon una primera tregua y puso fin oficialmente a su campaña de atentados terroristas contra Israel.
En junio del pasado año 2008, y gracias a la mediación de Egipto, Hamás acordó una tregua de seis meses con Israel, destinada a aliviar el bloqueo y a permitir la liberación de un soldado israelí retenido por el grupo palestino.
El pasado 14 de diciembre el líder de Hamás afirmó que el grupo islámico no iba a renovar la tregua de seis meses, una vez que ésta hubiese vencido.
“Anunciamos que la calma entre nosotros y el enemigo israelí ha terminado por completo y no será renovada como resultado de la negativa de la ocupación a cumplir sus condiciones y obligaciones fundamentales de dejar Gaza que por historia nos pertenece”, dijeron los líderes de Hamás.
Por último, y volviendo al tema de proporcionalidad, no recuerdo a ningún país que, en situación de guerra, haya querido aplicar al bando enemigo un nivel de fuerza o acción militar exactamente equivalente al daño humano o material causado el día anterior, así como en la reacción aplicada al conteo de muertos, heridos, o de misiles lanzados.
Acaso usaron ese criterio los países que tanto condenan los ataques de Israel como EE.UU., China, Rusia, Francia, Inglaterra, Siria, Irak, Arabia Saudita ó Jordania y otros al enfrentar a sus enemigos externos o internos. Si alguien recuerda alguno, menciónelo.
http://compartidoespacio.blogspot.com/2009/01/el-ltimo-vals-farid-kahhat-columnista.html
Recomiendo la lectura de un post de Kahhat, que lejos de algún sesgo, nos muestra cómo realmente se llevó la situación del conflicto. Por otro lado la prensa, más ha estado parcializada hacia el lado israelí, si no recuerden la opinión de Rospigliosi y Segal en RPP justificando la invasión de Israel Por Dios!
León Trahtemberg advierte en uno de sus artículos que todos tenemos algún sesgo cuando opinamos sobre el Medio Oriente. Esa verdad de Perogrullo merece, sin embargo, ser matizada: algunos sesgos son producto de opciones personales, otros son producto de compromisos institucionales. El artículo de Trahtemberg, por ejemplo, me llegó (al igual que el segundo artículo de Fernando Rospigliosi), como un boletín de la embajada israelí. Si a eso le añadimos que sus argumentos tienden a coincidir con el discurso oficial israelí (los de Trahtemberg, los de Rospigliosi son idénticos), y que la única fuente que cita Rospigliosi en sus dos artículos son tres videos, dos de los cuales provienen de las fuerzas armadas israelíes, uno comienza a entender por qué les cuesta tanto tomar una distancia crítica respecto a las acciones del Estado de Israel (dicho sea de paso, vea el lector el siguiente video donde se entrevista a integrantes de la organización de derechos humanos israelí “Betselem”, que constata la falsedad del contenido de uno de los videos propalados por las fuerzas armadas israelíes: http://www.youtube.com/watch?v=6Tg-F9oqyrE).
Lo anterior explica, por ejemplo, por qué mientras quien escribe condena sin ambages los cohetes de Hamas, que durante la invasión de Gaza causaron la muerte de tres civiles israelíes, ni Trahtemberg ni Rospigliosi se atreven a criticar (no digamos ya condenar) una sola de las acciones del ejército israelí que causaron más de 700 muertes entre civiles palestinos.
Trahtemberg comienza su artículo diciendo que “Frente a una fotografía de un niño muerto en Gaza o que corre presa de pánico a un refugio ante la inminencia de un ataque, no tengo mucho que decir. Siento que ese niño es tan mío como los niños israelíes que pasan por igual trance, aunque los medios prefieran no mostrarlos. La foto mata cualquier análisis”.
En lo personal, podría haber suscrito buena parte de esas afirmaciones, si no fuera por el hecho de que durante el primer (y único) debate que sostuve con él, Trahtemberg apeló profusamente a imágenes de civiles israelíes (incluyendo niños), que habían sido víctimas de atentados perpetrados por organizaciones palestinas. Si fuera maledicente, sugeriría que la actitud reflexiva que prefiere asumir ahora tal vez se deba al hecho de que, en esta ocasión, no hay niños israelíes que mostrar: los más de 400 menores muertos durante la invasión de Gaza eran todos palestinos.
El artículo de Trahtemberg continúa desestimando cualquier argumentación sobre “quién empezó, quién tiene la culpa, cuál es la fecha o incidente clave que da origen a la represalia consecuente”. Luego añade que “Frente a quienes reclaman una proporcionalidad en las respuestas, frente a un ataque tampoco hay mucho que concordar”, y que “Frente a quienes reclaman el respeto a las resoluciones de la ONU tampoco hay mucho que concordar”. Si ni los hechos ni el derecho internacional son relevantes en este debate, ¿qué queda entonces por debatir? Presumo que, desde esa perspectiva, lo único que cabe concluir es que, salvo el poder, todo es ilusión.
Rospigliosi por su parte sostiene que “El asunto es que los analistas y voceros palestinos, aún los más moderados, consideran que Israel ocupa ilegalmente su pequeñísimo territorio”. Lo que sigue es un pronunciamiento suscrito por unos 2000 integrantes de las fuerzas armadas de Israel:
“Nosotros, soldados y oficiales de reserva de las Fuerzas de Defensa Israelíes, (…), que hemos servido al Estado de Israel, pero que sabemos que los territorios ocupados no son parte de Israel, (…) y que ahora entendemos que el precio de la ocupación es la corrupción de la sociedad israelí en su conjunto (…). Declaramos que no seguiremos luchando más allá de las fronteras de 1967 para dominar, expulsar, someter al hambre y humillar a todo un pueblo”.
Quienes suscriben el pronunciamiento denuncian haber sido sometidos a penas de prisión, trabajos forzados, y a un trato vejatorio por parte de sus superiores. Todo por oponerse a una ocupación que, según Rospigliosi, solo existe en sus mentes. Pero no es la salud mental de esos soldados israelíes la que debería preocuparnos. Porque el término “Territorios Ocupados” es el que emplea, de manera oficial, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en sus resoluciones desde la 242 aprobada en 1967 (el término se refiere a los territorios palestinos de Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza, así como al territorio sirio de las alturas del Golán). Y menciono el Consejo de Seguridad porque esas resoluciones no podrían haberse aprobado sin la anuencia de todos los miembros permanentes con derecho a veto: hasta el gobierno de George W. Bush empleaba la expresión “Territorios Ocupados”.
En cuanto al repliegue israelí de Gaza, el reporte presentado al Secretario General de la ONU por nuestro compatriota Álvaro De Soto, sostiene lo siguiente: “Dado que la prueba de ocupación bajo el derecho internacional es el control efectivo de la población, pocos especialistas cuestionan la tesis de que Gaza continúa ocupada, pues sus conexiones con el mundo exterior por aire, mar y tierra siguen en manos de Israel”.
Por razones de espacio me limitaré a tocar solo un punto más de los contenidos en el artículo de Rospigliosi: el de los “Escudos Humanos”. Afirma al respecto que “se trata de una política sistemática de los grupos fundamentalistas musulmanes como Hamas, de ocultarse en escuelas, hospitales y locales de la ONU, utilizando a sus propios civiles, niños incluidos, como escudos humanos”. Aquí Rospigliosi escupe al cielo. Según Malcolm Smart, director del Programa de Oriente Medio y Norte de África de Amnistía Internacional:
“Amnistía Internacional no tiene evidencias de que los grupos armados palestinos, incluyendo a Hamas, utilicen de forma recurrente escudos humanos como técnica de guerra. Sin embargo, AI expresa su preocupación por el hecho de que estos grupos luchan en áreas pobladas por civiles. Por otro lado, AI sí tiene pruebas de que el uso de palestinos como escudos humanos por parte del ejército israelí es un patrón recurrente en sus tácticas militares”.
De hecho, existe un fallo del año 2002 en el que la Corte Suprema de Israel constata el uso recurrente de civiles palestinos como escudos humanos por parte del ejército israelí[1], y decide prohibirla. Lamentablemente esa decisión de la Corte Suprema, al igual que otra más reciente que exigía al gobierno israelí permitir el ingreso de periodistas a Gaza, cayó en saco roto.
Creo que, tras docenas de días, artículos y comentarios, esta instancia de debate ha dado todo lo que podía dar. El 22 de enero, Ariel Segal y el suscrito sostuvimos un debate público sobre el tema organizado por la Biblioteca Nacional. Si León Trahtemberg y Fernando Rospigliosi desean continuar con este debate, los invito a seguir el ejemplo de Segal.
[1] Ver, por ejemplo, “El Supremo israelí suspende el uso de ‘escudos humanos’ palestinos”, El País, Madrid, 19 de Agosto, 2002. http://www.elpais.com/global/
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