La película que no querían en cartelera

 Las malas intenciones es una premiada película peruana y uno de los mejores estrenos nacionales del 2011. A pesar de ello, en su segunda semana de exhibición fue víctima del maltrato de las salas de cine, lo que disminuyó su número de espectadores. La protesta de la directora, de la comunidad de cinéfilos y del Ministerio de Cultura consiguió que tuviera una semana más de exhibición y horarios más comerciales. Pero la mala intención de exhibidores y distribuidores contra el cine peruano es recurrente.

Por Raúl Mendoza
 

El miércoles último, a las 9 de la mañana, se reunieron en el Ministerio de Cultura la cineasta Rosario García-Montero, directora de la película Las malas intenciones, representantes de la Asociación de Exhibidores Cinematográficos y miembros de la Dirección de Industrias Culturales para conversar sobre los problemas que ha tenido la cinta en su segunda semana de exhibición. Por ejemplo, por qué le disminuyeron el número de funciones; por qué la pusieron en horarios de 1.30 de la tarde o 10.30 de la noche, con lo que poca gente ha tenido posibilidad de verla; y por qué la calificaron para ‘mayores de 14 años’ ocasionando incluso que la protagonista de la cinta, Fátima Buntinx, de 9, no pudiera entrar a verla.

En la reunión los exhibidores señalaron que no se trató de un boicot por tratarse de una película peruana, sino que eso puede ocurrir con cualquier cinta que no alcanza la cifra de espectadores suficiente. “´Ellos tienen una meta económica y a eso apuntan”, señala Carmen Rosa Vargas, jefa de la dirección de Industrias Culturales. Finalmente, tras dos horas de reunión, llegaron a un acuerdo: la cinta se mantendrá una tercera semana en ocho salas, con horarios más asequibles al público y los menores de 14 podrán verla acompañados de un adulto.

Carrera de obstáculos

No es mucho lo conseguido, pero se les ha torcido la mano a los exhibidores. El ánimo de denuncia de Rosario García-Montero y el apoyo de la comunidad de cinéfilos en internet lograron hacer visible el tema. Hace unos días la cineasta llamó la atención sobre el cambio en el número de funciones y en los horarios. “La primera semana tuvimos de seis a cuatro funciones diarias, pero en la segunda cambiaron las horas de exhibición y bajaron las funciones a una o dos”.

Pusieron el film a la hora del almuerzo o cerca de las once de la noche. “¿A esas horas quién nos iba a ver?”, dice.

El cambio no se justifica si la película fue vista en su primera semana por 11 mil personas, una cifra promedio para el cine nacional. Pero no solo ocurrió eso, sino que en muchas salas le retiraron los afiches tras los primeros siete días. Y hubo, además, otros hechos sorprendentes: el domingo pasado la única función que había en Cineplanet de Plaza San Miguel fue cancelada porque, inusualmente, “se malogró el proyector”. Y, según varias páginas de cine en internet, de todas las películas que esa cadena tenía en cartelera, solo la nacional tenía un asterisco advirtiendoque “los horarios de cada función están sujetos a cambios”. Es decir, uno podía ir y no encontrar la película.  

Algo que también causó polémica respecto a Las malas intenciones fue la calificación que tenía para mayores de 14 años. “Ante la ausencia de una ley normativa, los que hoy califican las películas son los mismos distribuidores y exhibidores. Parece increíble o ridículo, pero es cierto”, señala Gabriel Quispe Medina, crítico del blog Cinencuentro. Considerando que la película no tiene escenas violentas o de carácter sexual la calificación parece un poco forzada. “No dejan entrar a niños a mi película, pero sí a otras en que hay escenas sangrientas”, dice García Montero.

La pelea por el cine peruano

En el contexto de lo sufrido por la película se creó la página “Queremos ver cine peruano” en Facebook y el blog Cinencuentro posteó toda la información, crítica y de denuncia, que se conoció sobre el tema. Esa ‘movida’ provocó una corriente de respaldo a Las malas intenciones y también recordó que no es la primera vez que algo así ocurre con una cinta nacional. Fue entonces que el martes pasado la Dirección de Industrias Culturales, del Ministerio de Cultura, emitió un comunicado bastante duro dirigido a la Asociación de Exhibidores Cinematográficos pidiendo reprogramar la exhibición de la película en la tercera semana.

“No cuestionamos que el cine sea para ustedes un negocio y como tal debe regirse por las leyes del mercado. Pero el trato dado a esta película, como a otras cintas peruanas estrenadas en los últimos años, parece confirmar que no les interesa en absoluto el desarrollo de nuestra cinematografía y más bien quisieran obstaculizar su llegada al público (...); el cine peruano merece un trato mínimamente digno en su propio país”, dice el comunicado. Lo afirmado es totalmente cierto. Lo más triste es que no existe una ley de cine que defienda a la cinematografía nacional, no hay normas que establezcan horarios, tiempo de exhibición y otras medidas de protección a nuestro cine.

Gabriel Quispe, de Cinencuentro, explica el sistema de exhibición y distribución de filmes en el Perú: “Los exhibidores están subordinados a las distribuidoras, que son las que traen los ‘blockbusters’ y otras películas que las salas deben poner obligatoriamente, sobre todo cine norteamericano. Toda la programación del 2011 y parte de la del 2012 ya está pautada. Entonces, una película peruana significa para las salas un estorbo, una presencia poco grata siempre. Y por eso tenemos la pobre cartelera que tenemos”. El promedio de espectadores para las cintas peruanas baja cada año, a pesar de que hay más salas y se estrenan más películas.

Las malas intenciones tiene a Cayetana de los Heros (Fátima Buntinx)como protagonista y cuenta desde su visión de niña cómo el entorno familiar le resulta cada vez más ajeno, cómo se refugia en la fantasía y cómo lo que ocurre en el Perú de los años 80 la afecta a ella y a su familia. Este año ganó el premio a mejor película en el Festival de Cine de Lima y otro en el Festival de Gramado (Brasil), pero a pesar de ello es víctima de un sistema que funciona así hace años. Lo sufrieron hace poco filmes como El Inca, la boba y el hijo del ladrón o El último guerrero chanka, que no pasaron de la primera semana.

“El cine peruano está desprotegido y hace falta una ley para regular el sistema”, dice Carmen Rosa Vargas, de la Dirección de Industrias Culturales. Ella anuncia que se formará una comisión para trabajar esa ley que podría estar lista en julio del próximo año. Ojalá que la repercusión mediática del maltrato a Las malas intenciones haga que ese sistema perverso que tenemos cambie de una vez.

Otro maltrato

El martes a las 4.50 de la tarde la pequeña Fátima Buntinx, 9 años, no pudo entrar a una de las salas de Cineplanet Alcázar, Miraflores, a ver la película que protagoniza.  Luego colgaría una foto en Facebook. Su padre, el crítico Gustavo Buntinx, escribió:  “Una empresa se atribuye el derecho extravagante de impedir a una actriz espectar su propia imagen y trabajo”.

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