“El graffiti como graffiti lo puede hacer cualquiera”

Graffitero
Por: Maritza Espinoza

Pésimo es malo, pero peor. ¿Por qué elegiste ese sobrenombre?
Ah, eso es antiguazo. Me gustaba cómo sonaba la palabra. Suena como… ¡fuerza! Además, en el mundo del graffiti, suelen ponerse nombres sin significado. Yo busqué que significara algo.
¿Comenzaste en el graffiti con esta rebeldía vandálica, como los demás?
Sí. En la calle. Porque paraba mucho en la calle, en mi barrio. Y tenía amigos que pintaban y se puso de moda pintar con letras de las barras. Y, después de lo de las barras, cada uno tenía un nombre, como un tag, pero más a modo de chapas. Y allí fue que veía que la gente salía a pintar su nombre y me gustó.  
¿Recuerdas la primera cosa artística que pintaste?
El primer dibujo que hice en la calle, sí. Fue en la Panamericana: la cabeza de un diablo. Me gustó el dibujo, porque era como una caricatura de un diablo con un cigarro, un huiro o algo así. Estaba en el colegio, tenía 14 años.
Dicen que los baños de los colegios son los primeros murales de graffiti.
Sí. De hecho, la carpeta del colegio la destruía, y los cuadernos. Tengo un par de amigas del colegio que les regalé unos  bocetos  con sus nombres y hasta ahora los tienen. 
 ¿Tus padres artistas esperaban que hicieras un arte más convencional?
No. Han sido bien libres con eso. Yo no recuerdo que mi papá me haya guiado  para que me dedicara al arte. De alguna forma, para mí, pintar en la calle era más como un escape, porque así mis papás no veían lo que pintaba. Es que siempre he sentido cierta presión de que digan que no les gusta o nos les parece, porque ellos no han sido de: ¡Ay, qué bonito lo que hace mi hijito!
¿Son muy críticos?
Sí. Son de: ahí está, le falta dibujo a esto. Entonces, en la calle pintaba nomás, sin presión.
 Sin embargo, tuvieron que irte a sacar de la carceleta algunas veces.
Sí, cinco o seis veces (risas).  Siempre por el graffiti. La mayoría fueron cuando era menor de edad. Conocí varias comisarías.  Ya de grande también, un par de veces.
¿Para hacer graffiti la rapidez es fundamental? Digo, para escapar, ¿no?
Sí. Pero, a veces, es saber en qué momento hacerlo y  dónde. Existe alguna gente que estudia el lugar. Luego regresa a una hora determinada, ¡pum!,  pinta y se va. Pero hay otros que salen con las latas en la mochila. Caminan y están pintando, pintando, pintando…
Jamás he visto a un graffitero pintando. ¿A qué hora salen? (risas)
Sí, ¿no? ¡Qué loco!  Porque no nos ven y el graffiti aparece de la nada. Pintamos en la madrugada. En el día también, pero no nos ven porque es rápido.  
¿El que el graffiti se convierta en arte no quita el encanto de lo vandálico?
Pienso que no y más bien genera controversia, porque siempre existe ese grupo de gente que se mete en el medio artístico, pero también el que se resiste.  Hay esa pelea: la calle contra lo informal.   
¿De qué lado estás, del más formal?
No formal, pero sí que se reconozca que es un medio de expresión artístico como cualquier otro. El arte no es una cuestión académica, sino algo más vivencial.  Yo, la verdad, no me he preocupado ni me he estresado porque me digan "oye, eres de la calle" o "eres un vendido formal" o lo que sea.
Hay graffiteros que dicen que el graffiti tiene que ser ilegal...  
Yo pienso que sí tienen razón en un punto: el graffiti como graffiti lo puede hacer cualquiera. Tú sales a la calle, pones tu nombre y ya estás haciendo graffiti. El arte es como un mérito que tienes que ganarte, tiene que trascender.   
También hay quienes dicen que, en ese punto ya deja de ser graffiti.
Sí. Yo pienso que sí. Pero pienso que el graffiti puede ser un medio que te lleve a ser artista. ¿Por qué? Porque te da mucha constancia y disciplina. Y es muy libre. Hace que salgan muchas cosas de ti. Te hace muy introspectivo. Pero es un camino. Graffiti es graffiti. 
¿Un graffitero se jubila?  
Creo que no. Conozco muchos artistas de finales de los setentas, de cuando comenzó la cultura del graffiti, que  todavía siguen pintando.  
Pero el  graffiti es el arte de los adolescentes, pues…
Tiene ese espíritu y lo mantiene vivo, en cierta forma. Es chistoso, porque  toda la gente que yo conozco y que hace graffiti, es como que se ven más jóvenes de lo que son.  
También el graffiti es el arte de la pandilla, de la barra brava.
Sí, pues. Pero igual cambia. Antes, con mi grupo, salíamos todos los fines de semana, a juerguear ypintar. Ahora, ya tienen hijos. Otros están chambeando en otra cosa. Pero siempre nos juntamos y hablamos de lo mismo.  El espíritu sigue siendo igual.
Y a ti también te va a llegar la época de los hijos y responsabilidades...
Yo estoy casi en ese tema. Tengo una relación súper seria.  Y mi novia tiene un hijo.
A propósito, ¿has mandado mensajes de amor en graffiti?
Un par de veces, pero no así como mensaje. O sea, he dedicado trabajos. Pero no. Separo un poco eso, porque no sé si pueda transcender tanto ese amor o esa relación en lo que hago.  Pero sí a veces veo mis cosas antiguas con algún nombre que he puesto por ahí y me da risa.?


La ficha
Soy Edwin Higuchi Fernández. Nací hace 30 años en una familia de artistas. En la pre de Bellas Artes, en el 98, conocí a mi brother Joan Jiménez y comenzamos a pintar juntos en las calles. Ahora somos Entes&Pésimo, la dupla más conocida del graffiti local. Del 7 al 9 de junio, estaremos, junto a otros artistas de la calle de diversos géneros, en el Festival Internacional de Culturas urbanas: Pura Calle 2013, organizado por Vania Masías.

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