“O soy un músico que filosofa o un filósofo que hace música”

Maritza Espinoza/
 

-Tus canciones giran en torno al 'Baguazo', Conga... ¿Tienen que ver con una militancia en Tierra y Libertad?

Yo no estoy en Tierra y Libertad, pero de alguna forma soy hermano de Tierra y Libertad y de varios partidos de izquierda. Y sí, de hecho vengo militando desde el 90 en movimientos estudiantiles contra el fujimorismo.

-Tú estudiaste en San Marcos, ¿no?

Sí, y ahí empecé a ligar la música con la política. Sin embargo, eso está cruzado por temas también de otra índole más personal, romántica, existencial.

-Pero la mayoría de tus temas tienen  que ver con coyuntura...

Con coyuntura política. Sobre todo con Cascabel, un disco libro que es un homenaje a todas las resistencias sociales y políticas de los últimos 20 años.


-Te pueden acusar de panfletario y no es un elogio para un cantautor, ¿no?

Yo pienso que no es malo lo panfletario. Igual que cualquier arte hay buen arte y mal arte. Entonces yo encuentro del otro lado, del lado de la derecha, que está sumamente panfletaria.


-¿Tiene artistas la derecha?

Por supuesto. En todo caso, no solo se aplica a los artistas, sino a cualquier comunicador y eso encaja perfectamente.

-¿Hay un equivalente tuyo en la derecha?

No lo sé. No necesita. Yo creo que todavía la derecha no ha terminado de afinar una propuesta cultural popular.

-O es que el arte te termina llevando hacia la izquierda...

El arte es un campo en disputa como cualquier campo en la vida.

-¿Algún cantautor que haya sido una influencia para ti?

Para mí, Felipe Pinglo Alva es el paradigma de mi construcción, y no solo porque soy de los Barrios Altos. Creo que cuando Pinglo funda esto que llaman música criolla, él no sabía que lo estaba haciendo. Simplemente era lo suficientemente ecléctico como para ir de un género a otro, fusionarlo, pero siempre mantenía una vibración espiritual que era el Perú, y del Perú, los sectores populares y cómo sentían su espíritu.

-¿'El plebeyo' es una canción protesta?

Es una canción de amor y de protesta, pero no hay que olvidar lo otro, porque siendo de amor, encuentra ahí su subversión. Es decir, cada vez que  tendemos a aplicar la política con discursos olvidamos que lo que define muchas veces son las pasiones y las emociones.

-Y el extremo del discurso político en la música termina siendo el panfleto...

Claro, soy consciente de eso. Procuro no ser un propagandista de ninguna agenda en particular, pero sí pienso que hay que asumir esto como un deber ético.

-¿Eres consciente de que va a ser difícil que llegues a los medios masivos?

Sí, pero esa conciencia no solo es mía, es una conciencia colectiva, y en esa medida no me siento tan solo. En estos 15 años que tengo tocando ya hay un público que ha servido de soporte para que decida meterme a una aventura así. Porque es una aventura, una locura, e incluso una pérdida económica.  

-Estudiaste Filosofía, ¿no?

Sí, y antes Psicología en la Ricardo Palma, y para esa época yo no era precisamente de izquierda. Digamos que estaba más cercano a pensamientos conservadores. Mi padre era policía y vivía en la Vipol. Todos los días mataban a compañeros de mi padre.

-¿O sea apoyaste al fujimorismo?

Para ese momento no, porque yo te cuento esto de cuando recién entraba a la universidad, a los 22 años, y no tocaba guitarra y no pensaba ni siquiera tocar el timbre. Era el año 91.

-¿San Marcos te volvió músico?


Me volvió músico, me enamoré de una mujer que era militante de izquierda, enviudé y empecé a notar que el Perú era más complejo que esto de dividirnos entre buenos y malos, terrucos y peruanos. Ahí empecé a ser militante y curiosamente también empecé a tocar guitarra. Y como ya lo tenía en la memoria, aprendí a tocar en un mes.

-O sea que tú eres un músico tardío.

La verdad que sí. A veces no sé si soy un filósofo que hace música o un músico que hace filosofía. Por el contexto que vivía, porque San Marcos estaba intervenido por los militares, empecé a componer mucho y muy rápido. Ahora me estoy acercando a las 800 y tantas canciones y quizá más por un tema terapéutico.

-¿Terapéutico?

Yo sufría de insomnio y en las noches lo único que me ayudaba a dormir era escribir. Mi psicóloga siempre me decía que eso era muy bueno, porque, si no, podía estar en otros vicios. Entonces sí soy un músico tardío que empieza en el Cusco, lejos ya de la militancia.

-¿Cómo te fuiste a Cusco?

Siguiendo a esta chica y un poco también huyendo de la represión del fujimontesinismo. Yo hacía parte de un colectivo que se llamaba Amauta que en San Marcos era muy activo y nos seguían hasta para ir a comprar el pan.

-¿Tú nunca has creído en la lucha armada y todas esas vías violentistas?

No. O sí, en la época en que era conservador. Cuando no era de izquierda pensaba que había que meter bala. Me hice de izquierda y me pacifiqué.

-¿Y estarías dispuesto a salir al frente y optar por una candidatura?

No creo, porque yo sin guitarra soy una nulidad, no sé hablar, me inhibo, pero sí le pondría una tuerca a la llanta, hacer lo que tengo que hacer.

 

La ficha

 

Nací en Barrios Altos hace 40 años. Mi padre era guitarrista. Tengo tres hijos. Estoy casado con la congresista Verónica Mendoza. Nos conocimos en una marcha. Estudié Psicología y Filosofía. Era conservador, pero descubrí el Perú y mi vocación de músico en el Cusco. He sacado Cascabel, un disco libro que mira los conflictos sociales desde adentro.

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