Forjar identidad y combatir la discriminación: la lucha de la población LGBTIQ+ afroperuana

En el Día del Orgullo LGBTIQ+ y el mes de la cultura afroperuana, Belén explica su proceso de construcción de una identidad afro trans, y Pedro Pablo narra cómo enfrentó el racismo y la homofobia.

Belén y Pedro Pablo son activistas de la comunidad LGTBIQ afroperuana. Foto: composición archivo personal
Belén y Pedro Pablo son activistas de la comunidad LGTBIQ afroperuana. Foto: composición archivo personal
Katherine Morales

Natural de Piura y la quinta de seis hermanos, Belén nunca tuvo temor de responder a quienes la atacaban por su color de piel en la escuela. “Bueno, esta soy yo, ¿a ti en qué te afecta, a ti en qué te perjudica?”, les decía a sus agresoras y agresores sin amilanarse. Ser afrodescendiente le ocasionó más problemas que su identidad trans, pues por ese tiempo recién empezaba a descubrirse.

Pasó casi toda su vida escolar sin escuchar la historia de sus raíces afroperuanas, una historia marcada de sangre y abusos, pero también de lucha contra quienes veían en su piel blanca un signo de “superioridad”. El último Censo Nacional señala que el 3,6% de la población nacional se autoidentifica como afrodescendiente. De aquellos con 15 años a más, el 46% estudia secundaria y solo el 11,5% accede a una educación universitaria superior.

Belén, a veces, era la única o una de las pocas estudiantes afro en su salón, donde nunca se le enseñó a conectar con su cultura: amar su cabello, sus rasgos, su identidad. “Cuando abrías un libro de historia y buscabas algo relacionado con personas negras, lo único que encontrabas era que fueron esclavos, nada más”. La activista no conoció la historia de heroínas afro como Catalina Buendía de Pecho, quien se atrincheró y lideró la resistencia en Ica contra invasores chilenos durante la Guerra del Pacífico. La agricultora sacrificó su vida tomando chicha de jora envenenada que luego invitó al comandante del bando enemigo.

Un estudio de la Defensoría del Pueblo del 2018 señala que el Minedu ha producido once materiales educativos sobre la afroperuanidad, pero no en las cantidades suficientes. Tampoco se aprobaron las Orientaciones para el Tratamiento Pedagógico de lo Afroperuano en la escuela, una iniciativa que era parte del Plandepa (Plan Nacional de Desarrollo para Población Afroperuana), que buscaba garantizar sus derechos en igualdad y no discriminación.

“Estas políticas a favor de la población afro se estaban contemplando en el Plandepa, pero los resultados no han sido buenos. Lo que se quiere es avanzar en el reconocimiento del aporte de los afroperuanos en nuestra historia. Se tiene que mejorar los contenidos, ampliarlos y hacer que las escuelas lo aborden de mejor forma”, revela Percy Castillo, adjunto para los derechos humanos de la Defensoría del Pueblo.

Tal vez así Belén se hubiera sentido más representada, pero ella no solo no tuvo modelos afro, sino tampoco ejemplos de mujeres trans. El tema nunca fue tocado en su colegio; ningún profesor le explicó sobre la diversidad sexual, aún menos sobre las mujeres trans afro. De acuerdo a un estudio de Promsex de 2019 llamado El tránsito por la escuela, al dar esta “información, puede haber una mayor comprensión de la realidad de las personas que expresan una identidad y expresión de género que no responden a la heteronormatividad”. Además, ayuda a los jóvenes cuando su identidad está en desarrollo.

Este año se ha dado un pequeño avance, ya que se publicaron los nuevos Lineamientos de Educación Sexual Integral para la Educación Básica, donde se establece como principal objetivo la construcción de la identidad (histórica, étnica, social, sexual, cultural, de género). Además, señala que entre las principales problemáticas a atender está la violencia sexual y el bullying homofóbico.

Sin embargo, la falta de modelos no se restringe al ámbito escolar. Belén también los buscó en revistas, en medios de comunicación y “todas eran flacas, altas, blancas, el prototipo de mujer perfecta”, cuenta. “Fue una transición, primero, a ser una mujer trans, pero ¿qué tipo de mujer iba a ser o qué referentes iba a seguir?”, se preguntó. No los había, no existían. Tuvo que empezar a reconstruirse desde cero.

Cuajar su identidad trans afro fue una gran batalla frente a los estereotipos que existen alrededor de las mujeres de color, quienes siempre han sido hipersexualizadas. “Me decían: ‘Si vas a ser una mujer negra, tienes que la negra’, dan por hecho que todas tienen ciertas medidas en el cuerpo, ya sea en las piernas, caderas o busto, y que debía ser así para poder enunciarme como tal”.

Sin referentes de uno u otro lado (afro y trans), la persona puede llegar a sentir que no perteneces a ningún lugar. “Es un cambio solitario y doloroso, porque no sabes dónde encontrar pares, y si los hay, no son aprobados o son burlados, lo que hará que te aísles antes de tener una transición amorosa, agradable y saludable. Se les corta también esa visión de cómo quiero construirme, porque si bien es una construcción, esta tiene que ser desde lo que yo siento, lo que yo soy, porque eso es lo que yo soy”, explica Berenice Colchado, psicoterapeuta y gestora cultural para personas LGBTIQ+.

El camino que recorrió Belén fue nebuloso y lleno de cuestionamientos: qué pesaba más, ¿su comodidad o la comodidad de otros? “Empecé mi transición a los 23, pero conozco el tema del activismo negro casi a los 33 años. O sea, 10 años batallando con cuál era el prototipo de mujer”, cuenta, quien a estas alturas ya lo tiene muy claro: solo importa su felicidad.

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Doble discriminación

A los 9 años, Pedro Pablo Prada —alto, delgado y afro— atravesó una experiencia que marcó su personalidad. Un miembro de su familia, su tía, fue a su casa para decirle a su papá: “¿No se han dado cuenta de que todos hablan de la r*squita que tienes en tu casa?”, palabras tan peyorativas no dejaron callada a su mamá, quien respondió: “Eso a mí no me interesa, a mí me dolió parirlo. Soy yo quien lo cría. Lo que quiero es a mi hijo, un ser humano, por eso lo educo bien, el resto no me interesa”.

Hasta ahora, estas palabras resuenan una y otra vez en la mente de Pedro. “Eso me empoderó de por vida”, afirma, pues a partir de ahí nunca tuvo temor de mostrarse tal cual es. “Soy el hombre más bello del mundo, me adoro. Y tengo mi novio bien guapo”, cuenta entre risas.

Sin embargo, los episodios de homofobia no se detendrían. De acuerdo a la II Encuesta Nacional de Derechos Humanos de la Población LGBTIQ, el 71% de los encuestados considera que este colectivo es uno de los más marginados. Para Pedro Pablo, esta problemática es aún más compleja, pues como persona afrodescendiente, se enfrenta a una doble estigmatización. “Eres negro y encima m*rica”, ha escuchado repetidas veces junto a miradas y gestos de desaprobación.

El artículo 323 del código Penal sanciona la discriminación por motivos raciales, identidad de género, orientación sexual, entre otros, con pena privativa de la libertad no menor de dos ni mayor de tres años. Pero la Defensoría del Pueblo, en anteriores informes, ha señalado que fiscales declaran improcedentes varias denuncias, pues desconocen la naturaleza de estos delitos.

”Los que atendemos día a día consultas de discriminación y violencia contra personas LGBTIQ sabemos que es una norma que no se utiliza mucho y que si se usara, tampoco habría manera de saberlo. El estado no produce data sobre estas situaciones”, señala el abogado Nicolás Alarcón, director ejecutivo de Adastra.

¿Y cuántas personas de la diversidad sexual que denuncian discriminación son afrodescendientes? Tampoco se conoce, la mayoría de denuncias que se hacen públicas son de personas homosexuales blancas, pero una política pública que incentive la recolección de data permitiría saberlo; así como las razones de quienes deciden no denunciar.

“Creo que no puedes implementar normas en el Perú, por más favorables que sean, si no tienes en cuenta las necesidades estructurales en las que vivimos. No es lo mismo ser una mujer trans blanca que ser una racializada. Los policías deben estar capacitados para atender a toda la comunidad LGBTI, no solo a un grupo específico”, agrega el letrado.

La estigmatización se siente y se sufre en diferentes espacios. Pedro Pablo también lo ha experimentado de parte de amigos de la diversidad sexual. “Muchos se han reunido en mi casa y están con estas frases: ‘El viejo negro’”. Con el pasar de los años, ha sido más consciente del racismo impregnado en cada palabra, así como del clasismo. “Se piensa que los negros de la comunidad no somos muy educados, que no tenemos profesión”, resalta mientras recuerda que, a pesar de los traspiés, estudió y llegó a trabajar como asesor comunitario en el Consorcio del Fondo Mundial.

Para Belén, mujer trans afro, el movimiento LGBTIQ todavía tiene mucho por aprender. “Falta esa mirada interseccional, intercultural y, sobre todo, el tema del cambio generacional (…) Además, todo se centra aquí (Lima), nada de descentraliza. Se tiene que pensar en expandirse, acercarse a los que no viven en la capital. Falta mucho por avanzar aún”, señala.