¿Presidentes o monarcas?

07 Set 2020 | 10:22 h
Columna de César Caro.
Columna de César Caro.

Pregunto: ¿En cuántos países existe la posibilidad de que el Ejecutivo cierre un Congreso? ¿En cuántos países el Ejecutivo puede “gobernar” recurriendo a los denominados “decretos de urgencia”? En cuántos países un presidente puede gobernar sin partido, sin proyectos, sin ideología”.

Tras el autogolpe del 5 de abril de 1992, con el respaldo de la Fuerzas Armadas, Fujimori anunció, aparte de la disolución del Congreso, la reorganización del Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales y la Contraloría de la República, cambios que de una u otra manera fueron posteriormente “legalizados” a través del denominado Congreso Constituyente Democrático que redactó la Constitución Política, la cual fue “aprobada” en el referéndum que se celebró en Perú el domingo 31 de octubre de 1993.

Aquí resaltamos que la Constitución que hasta la fecha nos rige, fue concebida y redactada en un momento económico y político muy distinto al que se vivía cuando se aprobó la de 1977.

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En 1993 ya no existía la Unión Soviética y el capitalismo neoliberal se quitaba la máscara complaciente al amparo del Consenso de Washington, que comenzó a imponer a nivel global diez medidas para favorecer el liberalismo y la inversión privada, entre las cuales cabe destacar la minimización al máximo de los estados nacionales, la apertura a la inversión extranjera directa y la privatización de empresas públicas, aspectos que se reflejan en nuestra actual constitución, que además privilegió en grado sumo –con el afán de proteger y prolongar el mandato de Fujimori--, los poderes del presidente de la república, a tal punto que los mismos sobrepasan y largamente, a los de otros mandatarios de la región y el mundo.

Pregunto: ¿En cuántos países existe la posibilidad de que el Ejecutivo cierre un Congreso? ¿En cuántos países el Ejecutivo puede “gobernar” recurriendo a los denominados “decretos de urgencia”? En cuántos países un presidente puede gobernar sin partido, sin proyectos, sin ideología, con controles débiles y generalmente les gusta pasear por calles y plazas para ser vitoreado y aclamado por los ciudadanos como un semidiós obviando el ejemplo de Marco Aurelio que para cuando los vítores y las aclamaciones arreciaban, permitía que un siervo se le acercara discretamente y le dijese “Recuerda, ¡solo eres un hombre”!

Sin embargo, ello no ocurre en nuestro Perú en el cual reinan la soberbia y la sobonería, que acompañados por el aforismo de Lord Acton: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, han permitido que a partir de Fujimori, varios presidentes hayan incurrido en presuntos delitos, que los han llevado bien a la cárcel, bien a denuncias o procesos judiciales e incluso hasta la muerte.

Sin embargo, no hacemos nada para intentar modificar tan crítica situación. No pasamos de las proclamas o protestas momentáneas como el caso de lo acontecido en esta última semana con el actual representante del Perú en la OEA, ante los comentarios estólidos de una de las líderes del fujimorismo, olvidando que no es problema del hoy, sino que lo arrastramos y lo seguiremos haciendo en tanto no resolvamos la dualidades abismales, racistas y sectarias que se dan entre Lima-Provincias, costa-sierra, blancos-indios, castellano-quechua y/o aimara, catolicismo-otras religiones, que hacen que no seamos un solo Perú unido y fraterno, sino muchos divididos y egoístas.