Roberto Ochoa

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Tierra arrasada

“Ahora sabemos que desde que empezó el confinamiento, en la selva peruana se ampliaba la frontera de la devastación...”.

Cuando el candidato del lápiz aún no aparecía en las encuestas previas a la primera vuelta, hizo noticia al organizar un mitin en Puerto Maldonado. ¿A quién se le ocurría armar una manifestación en plena pandemia y en una región como Madre de Dios con escaso porcentaje de electores? La idea parecía descabellada pero fue la primera señal de que Pedro Castillo terminaría arrasando en ese sólido sur que parecía bastión de Verónika Mendoza y/o de Yonhy Lescano.

En la capital de Madre de Dios, Pedro Castillo prometió, literalmente, el oro y el moro a los pobladores. Hizo lo que antes hacían los candidatos y autoridades fujimoristas: desde facilitar la extracción de oro fluvial (así sea en áreas prohibidas) hasta paralizar los operativos que erradicaron la minería ilegal de zonas como La Pampa. Estas promesas electorales provocarían una reacción en cadena de actividades ilegales: desde la colonización de áreas naturales protegidas, la extracción ilegal de madera, la siembra de cocales, instalación de laboratorios de cocaína, la construcción de trochas carrozables y de aeropuertos clandestinos, entre otras perlas contaminantes y depredadoras. Porque el candidato del lápiz sabía algo que ignoraban los burócratas limeños. Y es que mientras todo el país acataba en mayor o menor grado el confinamiento, las selvas de Madre de Dios, Puno, Ucayali, Cusco, Loreto, Huánuco, Pasco, San Martín y Amazonas, se convirtieron en la tierra prometida para miles de peruanos que se quedaron sin chamba durante la pandemia.

Todo esto lo podemos comprobar en los reveladores informes del MAAP (Monitoring of the Andean Amazon Projetc). Utilizando las imágenes satelitales de SkySat –porque las del satélite peruano no sirven–, ahora sabemos que desde que empezó el confinamiento, en la selva peruana se ampliaba la frontera de la devastación provocada por taladores, colonos y extractores de oro fluvial (ahora están en el río Pariamanu).

Por todo esto resulta imprescindible que ambos candidatos firmen un acta de compromiso ambiental para salvar nuestra Amazonía.