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Trabajo y reforma laboral: un rompecabezas de muchas piezas

La informalidad como fenómeno general y la informalidad laboral como uno de carácter especial son también un punto central de toda política socio laboral.

Christian Sánchez Reyes (*)

El modelo de relaciones de trabajo individuales y colectivas, junto con los sistemas de protección social en salud y pensiones de los trabajadores asalariados merece una revisión y el planteamiento de reformas sistémicas.

Los principales rasgos de las políticas socio laborales predominantes, que junto a la pandemia del SARS-CoV2 fueron condiciones para un evento causal que ha generado un grave deterioro del mercado de trabajo formal, merecen ser examinados por su relación directa con las consecuencias que están padeciendo millones de trabajadores y trabajadoras asalariados, formales e informales. No menor es el problema de exclusión que padecen los autónomos con menores ingresos y mayor exposición al riego social.

Así, por ejemplo, al momento de hacer un repaso de los temas pendientes de una reforma laboral no podemos pasar por alto los distintos regímenes laborales (llamados “especiales” en nuestro ordenamiento), pasan los años y no se analizan sus efectos en los trabajadores desde una necesaria y complementaria perspectiva desde el principio-derecho a la igualdad y su correspondiente mandato de no discriminación, lo ocurrido con el régimen agrario es un claro ejemplo.

La informalidad como fenómeno general y la informalidad laboral como uno de carácter especial son también un punto central de toda política socio laboral.

Nos parece más adecuado a los fines de la política de regulación del mercado de trabajo -y de mejora de la situación de los trabajadores y trabajadoras asalariados- distinguir entre informalidad en sentido amplio e informalidad laboral o informalidad en sentido estricto.

Consideramos que cobijar ambas situaciones diferentes bajo un mismo concepto –un concepto amplio de informalidad- puede llevar a errores de diagnóstico y a la elección de instrumentos de política no diferenciados.

Christian Sánchez Reyes, Profesor de la PUCP y la UARM, ex ministro de Trabajo y Promoción del Empleo.

La informalidad laboral es tan solo una parte –no menos importante, por cierto- de las diferentes partes que componen el complejo rompecabezas de la regulación de las relaciones individuales y colectivas de trabajo. La labor del investigador de políticas públicas debe consistir en reconocer que se trata de un problema complejo (un rompecabezas de diferentes piezas, todas ellas conectadas en mayor o menor medida), otras piezas deben ser tomadas en cuenta al momento de llevar a cabo su análisis. Del mismo modo, la inequidad en términos de ingreso entre trabajadores y trabajadoras y empresarios en nuestro país es un elemento relevante para las políticas de promoción del empleo y de regulación del mercado de trabajo, su relevancia es también coherente con el enfoque de derechos que la política destaca pero que olvida aplicar.

El tema de la estabilidad laboral (de entrada, o el tema de la contratación temporal sujeta a causas estrictas que la habiliten) y la estabilidad de salida (protección contra el despido), guardan relación con otros problemas no menos relevantes del mercado de trabajo (otras piezas de un gran “rompecabezas”) en tanto conforman un todo complejo. Así por ejemplo, la revisión de los mecanismos de protección social en salud, en pensiones, y otros aspectos de las relaciones individuales y colectivas de trabajo (el tiempo de trabajo o la cobertura de la negociación colectiva, por ejemplo) forman parte de un gran rompecabezas que es el mercado de trabajo. Los partidos y los candidatos a la presidencia deben advertir que un diagnóstico limitado incrementa el peligro de llegar a proponer instrumentos limitados que no consideren, en la atención integral del problema, otras variables relevantes para su solución.

(*) Profesor de la PUCP y la UARM, ex ministro de Trabajo y Promoción del Empleo