Terror. Santiago Roncagliolo detalla cómo el miedo está siempre con nosotros.
Terror. Santiago Roncagliolo detalla cómo el miedo está siempre con nosotros.

Santiago Roncagliolo: “Los cuentos de miedo son como campos de ensayos”

El escritor acaba de publicar Cómo conocí a las gemelas de Pizzicatto, una novela para niños, una historia gótica entrecruzada de miedos y bastante humor.

La República
11 Ago 2019 | 8:23 h

Por: Pedro Escribano

Estamos en un parque, no en el bosque de Caperucita roja ni con lobos en los alrededores. Santiago Roncagliolo habla de su última obra, Cómo conocí a las gemelas de Pizzicatto (SM), una novela para niños. Celeste y Marina son dos hermanas que viven situaciones de miedo -padecer a una tía aborrecible, por ejemplo-, pero el peor miedo es que sus padres han desaparecido. La novela en realidad es una historia de familia, pero en registro gótico, oscuro, aunque al mismo tiempo divertida, insuflada de humor desternillante.

¿Cuando se escribe para niños y jóvenes hay alguna disposición especial?

La verdad es que cuando escribo estos libros ni siquiera pienso que deben ser para jóvenes. Yo escribo historias en general, de ficción, no ficción. Hago guiones o estos libros. Busco la manera de contar cada historia y llevarla a los lectores. Si la historia es más imaginativa y surrealista de lo convencional, sé que se lo debo dar a un editor para niños. Pero no pienso para nada diferente de una historia para grandes, solo que es especialmente imaginativa, mágica y surrealista.

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¿Esta novela plantea otro carácter?

Mira, en los primeros hablaban más de los cuentos clásicos. El libro anterior tenía que ver con las películas tipo Pixar o DreamWorks. Esta novela, en cambio, es especialmente literaria. Tiene muchas cosas e influencias de autores que también son publicadas en editoriales para niños, que yo considero grandes autores, como Roald Dahl, que me parece un punk de la literatura o Michael Ende, que es un filósofo. Su obra Momo es un libro sobre el capitalismo, la necesidad de imaginación en nuestras vidas. Traté de escribir como ellos.

¿Escribir para un niño de 6 años es distinto que escribir para uno de 12?

Esa es una decisión que toma el editor. Yo le entrego y luego veo que le ponen la edad. Los últimos los he estado haciendo con mis hijos y he ido adaptando las historias a lo que a ellos les interesaba. Ellos me van diciendo ¿qué quieren?, ¿qué no quieren? Es una manera de estar juntos. Pero lo que me interesa son las historias, adónde te llevan esas historias como lector.

Las gemelas son el pretexto para indagar la familia. Está Hedionda, la clásica bruja, pero sobre todo está la tía Brígida.

En realidad, la villana durante toda la historia es la tía Brígida. La peor pesadilla de un niño es esa tía que te quiere besar (risas). Todos tenemos esa tía que se acerca con los labios demasiados húmedos, con bigotes, que te estampa un beso que no quieres. Luego, creo que la peor pesadilla de un niño es que sus padres desaparezcan, es uno de los grandes miedos. Está la idea del infierno, toca temas muy serios. Pero la idea final es que el niño se divierta. En ese sentido, bien las ilustraciones de Carmen García son muy góticas, divertidas y descacharrantes.

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Generalmente se asocia el relato ñoño a los niños.

No debemos tratar a los niños como si fueran tontos. Tienen más imaginación que los adultos. Por ejemplo, los adultos estamos muy acostumbrados, con pocas excepciones, a que una novela sea realista. Se habla de la novela seria como una novela realista. Cualquier cosa que escape de la realidad, ya no nos parece muy serio. Para eso, un niño está más capacitado, pueden aceptar como reales muchas más cosas. Siempre les he tenido gran respeto, es un público mucho más difícil de seducir. Tú vas a un colegio, que yo voy a presentar estas cosas, si al niño no le gusta, te dice de frente “me parece aburrido”.

¿Por qué a los niños les gusta el relato de miedo?

A las personas nos gusta el miedo. También mis libros para adultos lidian con el miedo. Juegan mucho con la novela negra, con el thriller. Es una emoción más primaria, más básica. Es casi una necesidad de supervivencia. El miedo sirve para exponernos a situaciones de peligro, así que es una alarma que empieza a sonar cuando nos acercamos, cuando éramos cavernícolas, a jabalíes y otros animales.

¿Ese instinto del miedo de niño gravita aún en nosotros?

Claro, hoy salta ante ciertos políticos, ciertas situaciones, incluso domésticas. Es, además, la emoción que delimita nuestro mundo, lo que somos y adónde vamos. Por eso, el miedo es muy bueno para generar historias.

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El miedo nos retrata...

Es que el miedo de los personajes refleja nuestro miedo como lectores, lo mismo pasa con los niños. De hecho, más bien me parece que la llamada literatura infantil ha perdido con la corrección política, la ha ido volviendo más ñoña, más rosa de lo que fue nunca. Caperucita roja se interna en un bosque oscuro y aparece un lobo. Pulgarcito, que es criminal, es abandonado por sus padres, con sus hermanos, porque no lo pueden mantener y lo dejan tirado en medio de un bosque, y llega a la casa de un gigante, hace que el gigante decapite a sus hijos; luego, le roban el tesoro y con ese dinero sobornan a sus padres para que los vuelvan a aceptar. Esto es la literatura infantil de siempre, es muy extrema.

Pura metáfora…

Hay un hermoso libro de Sheldon Cashdan, La bruja debe morir te explica la psicología que hay detrás de los cuentos infantiles. Las historias de miedo son como campos de ensayos para que empecemos a probar las cosas con las que nos vamos a enfrentar en la realidad.

O sea, ¿los cuentos de miedo como laboratorios?

Los cuentos de miedo son para que los niños piensen en el mal, en el peligro, sin tener que enfrentarse a él, son concebidos así. Luego, mucha gente cree que los niños deberían estar expuestos a cosas rosas, personajes positivos y moralejas impecables. Esa es la razón por la que los niños prefieren jugar a la Play Station, donde pueden matar personas (risas).

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