
Los incidentes en la Comisión de Constitución del Senado, el pasado jueves, dan cuenta de una situación catastrófica para los intereses del gobierno. Todo hacía pensar que, dominando el Senado con una mayoría precaria, pero mayoría al fin, tendrían el control legislativo por los próximos cinco años. El diseño constitucional, aprobado por el Congreso anterior, le quita la iniciativa legislativa al Senado y la coloca exclusivamente en la cámara de Diputados. Sin embargo, bajo la amplitud del verbo “modificar”, como atribución legislativa del Senado, el fujimorismo creyó que podía convertir un caballo en un camello. No les ha sido tan fácil.
El primer error político del fujimorismo fue sobrarse. Su mayoría es artificial y precaria, por eso cada voto cuenta. No pueden citar a Comisión de Constitución si no están completos. El jueves, luego se supo, el senador Alejandro Aguinaga se encontraba en Buenos Aires. No se había tomado ni la molestia de acreditar un accesitario. A la hora de votar una crucial moción de orden, presentada por la oposición, no estuvo. Su partido perdió y ganó la mayoría que quería debatir el alcance del verbo “modificar” a la luz del reglamento del Senado que advierte que solo se pueden pronunciar sobre lo “aprobado” por diputados sin desnaturalizarlo. Este es un asunto fundamental en este conflicto y era necesario hacerlo antes de votar el primer proyecto de legislación.
El presidente de la Comisión, Carlos Mesía, pretendía poner a debate un proyecto de ley, creado exclusivamente por él, que añadía 8 materias a lo remitido por diputados, respecto de la delegación de facultades legislativas al Ejecutivo. Leyendo con cautela el reglamento del Senado, el artículo 25 a) señala a la letra: “no se pueden incorporar materias distintas a la propuesta legislativa enviada por la Cámara de Diputados”. ¿Estas nuevas ocho, son “materias distintas”? Ese es el primer debate que debía darse. ¿Cuáles son los límites de “modificar” o de “desnaturalizar”? De ahí la urgente necesidad de la moción de orden.
Perdida la votación para el oficialismo, presenciamos un acto de vergüenza pública. Contrario a lo que acababa de votarse, el senador Mesía dijo que la cuestión de orden había sido rechazada. Obviamente, eso era falso en vivo y en directo. Como no podía ser de otra manera, arrancó el escándalo. Trataron de incorporar a Aguinaga virtualmente, suspendieron la sesión, regresaron con la ausencia de la oposición, volvieron a votar. En fin, todo el abanico de trucos. Lo cierto es que, hasta hoy, no han aprobado nada y que, si la oposición se une y se disciplina, no les van a dar quorum por mucho tiempo.
La jornada dejó, sin embargo, algunas frases interesantes. Dijo en conferencia de prensa Patricia Juárez: “Lo que se pretende es que, como tienen mayoría en diputados, ellos puedan gobernar y coaccionar al Senado a que no muevan una coma más”. Parece que se comienzan a dar cuenta de que, después de 10 años de un control absoluto, de un congreso unicameral, lo han perdido. Creían que podían inutilizar a la cámara de diputados, pero se olvidaron de los textos que ellos mismos habían aprobado en el congreso anterior. Fue la misma senadora Juárez, la que aprobó este diseño.
Ahora, todo va a depender de los votos y en particular de los votos de Obras, el grupo veleta del Congreso. Sin ellos, el gobierno solo tiene 29 senadores asegurados. Van a tener que tomar una decisión que será determinante para los próximos 5 años del gobierno de Keiko Fujimori, más allá de las facultades delegadas. Con la correlación actual de pesos políticos, ¿qué poderes reales van a tener diputados y senadores? De eso depende toda la producción legislativa.
Si se lee la Constitución y los reglamentos de ambas cámaras, parece que la función legislativa se hubiera partido. Unos tienen iniciativa, otros la aprueban tal cual es enviada o la desaprueban. Hasta ahí, el diseño podría funcionar. El problema es que, para el oficialismo, acostumbrado a gobernar desde el congreso, esta interpretación es una pérdida total. No podrán cambiar lo aprobado y su margen (tal vez, algunas comas) es muy reducido en comparación a sus anteriores costumbres y aspiraciones. Es curioso que Juárez, cuyo partido ha “gobernado y coaccionado” a varios Ejecutivos, haya perdido la memoria de lo que ellos hicieron y hoy reclaman como inconveniente.
El poder debe tener contrapesos. Nada peor que un Ejecutivo peruano con mayorías absolutas en el Congreso, porque el autoritarismo brota impunemente. Sin embargo, el fujimorismo no sabe nada de gobernar con mayorías opositoras en el parlamento. Saben volver loco, desde la mayoría, a un presidente como PPK, Vizcarra, Sagasti o Castillo. Pero no saben estar en el asiento inverso. La única vez que el fujimorismo tuvo oposición parlamentaria, terminamos en el golpe del 5 de abril de 1992.
¿Qué puede pasar esta semana? El primer escenario, improbable, es que la oposición le gane la partida al oficialismo y se vote y se apruebe únicamente lo aprobado por diputados. Es eso o nada. Pero, para ello necesitas unidad y disciplina por parte de la oposición y aceptación de límites por parte del oficialismo. Ambas cosas, hoy, son muy remotas de realizarse conociendo a los seres humanos detrás de las decisiones. ¿Sería lo mejor para el Perú? Sin duda. Tener un Congreso sin mayoría oficialista pero obligado a llegar a acuerdos con el Ejecutivo, es el óptimo de la democracia.
El segundo escenario, el más probable, es que no primen los textos de la Constitución y los de los reglamentos. Fuerza Popular buscará imponerse porque sabe lo que se juega. La premonición de Juárez lo explica bien. Eso, jamás lo aceptarán. ¿Qué le queda? Lo que siempre han hecho, sobre todo en los últimos cinco años: pactar con sus enemigos. Si pudieron cogobernar con los Cerrón, ¿por qué no con los seguidores de Belmont o Sánchez? En este momento, Fuerza Popular va a hacer lo mismo que hizo con la cuestión de confianza o la vacancia presidencial: imponer su lectura inconstitucional con la fuerza de los votos. ¿Qué ofrecerán? Tienen un Ejecutivo entero para las ofertas del mercado persa. Torres y Galarreta, muy callados en estos días, tienen amplia experiencia en estos menesteres.
Conseguir los votos, para ellos, es de vida o muerte. No porque necesiten las facultades. Demás está explicado que para vencer la ola de delincuencia que nos destruye día a día necesitas, sobre todo, gestión pública de la que carecen. Lo que importa es el precedente que se va a generar. Por eso, la frase desesperada de Martha Moyano este jueves, al verse perdidos, lo dice todo: “Ser autoritario, no es tan malo. A veces hay que tomar decisiones”. No tienen que ser adivinos para anticipar esas decisiones.

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