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Teatro: el reto de llevar a Blanca Varela a las tablas

En el centenario de la poeta peruana, la obra Blanca, ponte un alma se presenta como un homenaje, un acto de servicio y memoria. "En esa época se necesitaba mucha seguridad para plantarte en un mundo de hombres", comenta Vania Accinelli.

K'intu Galiano dirige la obra.
K'intu Galiano dirige la obra. | Difusión.

En el escenario, dos actrices interpretan a Blanca Varela. A lo largo de la obra, coexisten para hablarnos de dos etapas de la poeta. Alejandra Guerra se empapó de sus textos un año antes de iniciar los ensayos bajo la dirección de K’intu Galiano. “Descubrir la totalidad de su obra ahora, y no a los 20 años, es muy interesante. Como figura, ella trabajó mucho la dualidad. Se veía perfecta, pero por dentro habitaba una oscuridad muy fuerte; su forma de exorcizarla era la escritura”, explica.

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Para la actriz, el universo de Varela es complejo y crítico, incluso más que el de Benedetti o Watanabe, lo que vuelve la memorización de su obra un reto mayor para Blanca, ponte un alma que toma el nombre del poema Strip tease. A Guerra le toca encarnar la madurez: la enfermedad y el luto por la muerte de su hijo Lorenzo. Aunque Varela continuó publicando, su obra cambió drásticamente. "Es como si fuera muriendo lentamente. Pero no la estoy recreando tal cual; ella está en su lecho de muerte, abriendo un portal donde contempla un fragmento de su vida".

A diferencia de Vania Accinelli —quien interpreta a la Blanca en su etapa en Perú y en Francia—, Guerra no creció con la poeta como referente. Por ello, considera una deuda que la poeta no sea protagonista en las aulas escolares. "Siempre hay una omisión de género. Ella debería estar entre los grandes, como Vallejo. Tuvo que hacerse un sitio en un mundo de hombres, a pesar del ambiente progresista de la época. Hay una omisión con el feminismo hasta ahora, incluso en la izquierda; no les gusta usar la palabra".

Sin embargo, la actriz dice que Varela dejó un legado claro: "Nos dejó el empoderamiento cuando ni siquiera existía el feminismo aquí. Simone de Beauvoir era su contemporánea, pero estaba en otro país. Gracias a que Blanca fue privilegiada, se le valoró en su tiempo". Bajo esa premisa, Guerra, quien también es docente, aboga por un arte que incomode y que forme pensamiento crítico. "En estos tiempos terribles, espantosos, no opinar es política, el silencio también es una postura política. Con más cultura hay más amplitud mental. Si los jóvenes leen más, van al cine o van al teatro, quizás tengamos otra clase política".

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Vania Accinelli coincide con Alejandra Guerra, pero desde una perspectiva distinta: ella también es poeta. Creció leyendo a Varela y, apenas tuvo acceso a internet, se dedicó a transcribir los poemas que encontraba. “Me he pasado mucho tiempo de mi vida transcribiendo versos de ella. A los 17 años leía Casa de cuervos y tenía mi propio viaje con ese poema. Ahora, siendo madre y habiendo desarrollado mi trabajo inspirada por estos referentes, tengo otra percepción”, confiesa Accinelli.

Para la actriz, encarnar a la Blanca joven implica también visibilizar las barreras históricas de la literatura. “Sabemos que durante muchísimos años ha sido prácticamente imposible que las mujeres publiquen. Hoy alguien puede venir, decirte que le gustan tus poemas y editártelos, pero en esa época nadie publicaba a mujeres. Se necesitaba mucha seguridad para plantarte en un mundo de hombres”.

Por eso, el estreno de Blanca, ponte un alma en el centenario de la poeta trasciende el plano artístico. Para Accinelli, el proyecto se siente casi como una misión y una retribución desinteresada. “Si estás en esta trinchera, tienes que encontrar eso que brilla y hacer que brille más. Es paradójico, porque obviamente quieres sobrevivir y tener un trabajo que te permita cubrir tu vida; pero si el filtro fuera siempre el dinero, no estaríamos homenajeando a tantas personas. El teatro es un acto de servicio y una devolución a lo que ella en algún momento hizo”.

Sabiendo que son tiempos difíciles para los artistas y que algunos se arriesgan a que les cierren las puertas por ser incómodos, la actriz comenta: "Pase lo que pase, si te agarras a ese valor sincero que has encontrado y que te ha tocado, sientes que estás navegando contra viento y marea. De alguna manera eso también retribuye. Ojalá que vengan giras y que la gente sea parte de la experiencia".

El tránsito de la vida, el éxito y el duelo

K’intu Galiano —quien dirigió Mi madre se comió mi corazón, una de las mejores obras del 2025— plantea ahora una historia potente que atraviesa las capas de la protagonista. Blanca Varela “se va a encontrar con la muerte” y esto desencadena recuerdos de sus momentos más importantes, sus relaciones literarias (Octavio Paz, Sebastián Salazar Bondy y Simone de Beauvoir) y sus amores. El director decidió abordar la dolorosa pérdida de Lorenzo, el hijo de la poeta; una herida que no se puede nombrar.

“Hay cosas importantes que han ocurrido en relación al duelo, pero también hay muchas luces, ¿no? Como habrás visto ahora, el momento, digamos, en el que se entrelaza con Fernando de Szyszlo, es clave. Luego tenemos este momento en el que aparece la enfermedad, que es importante porque la conduce a un deterioro que la lleva, eventualmente, al final de su vida, pero también con una actitud muy, no sé si llamarla heroica, pero de mucha resistencia y de mucha dignidad a nosotros. Investigar el duelo me llevó a leer a muchas mujeres que han escrito sobre esa circunstancia. Está en el terreno de lo innombrable, pero es valioso ponerlo sobre la mesa”, señala el director.

En un país que no suele rendir homenaje a sus artistas, Galiano ve en esta obra una oportunidad para elevar nuestro valor cultural y conectar con otras generaciones. “Pensando a nivel país nos viene muy bien poder poner en valor a figuras que con su ejercicio artístico han podido elevar, diría yo, como el valor cultural del Perú. Yo he vivido en carne propia al arte y en particular a la literatura y a la poesía como una plataforma que me ha permitido entrar en contacto con una dimensión de la vida fundamental. Cada vez me reafirmo más en lo medular que es poder tener acceso a esa dimensión, porque por supuesto que existe la dimensión pragmática, necesaria en la que tenemos que sobrevivir y ganar dinero en un sistema tan desbalanceado. Y por supuesto que hay muchísimos peruanos y peruanas que no tienen el privilegio que tenemos nosotros de poder trascender esa esfera, pero creo que es muy importante porque la vida no solamente es esa esfera práctica. La poesía trae consigo otra manera de observar los acontecimientos, con otro lente y otra profundidad. Eso cambia nuestra forma de estar en el mundo”.

Al igual que en Mi madre se comió mi corazón, la propuesta escénica de Galiano destaca por su minimalismo, un factor clave para que la obra pueda tener un ciclo itinerante. “Confío mucho en el poder de la austeridad escénica. En eso y en una historia poderosa”.

  • Temporada. Jueves, viernes, sábados y lunes en el auditorio del Británico, Miraflores. La obra fue galardonada con el Premio Nacional de Dramaturgia 2024, otorgado por el Ministerio de Cultura del Perú.
  • Elenco. Alejandra Guerra, Vania Accinelli, Lita Baluarte, Renato Rueda, Bruno Espejo y Aníbal Lozano.