Entrevista

La hora estelar de Nidia Bermejo

En las últimas dos semanas fue una agente del GEIN tras la pista de Abimael Guzmán, una adolescente a la que violaron muerta, y una empleada provinciana, luchadora y analfabeta, en el cine, teatro y la televisión. Pieles cosidas con la misma aguja: el terror y la discriminación.

Renzo Gómez

Domingo, 1 de Octubre del 2017

Llora, Nidia Bermejo. Llora incontenible y silenciosamente. Llora lo suficiente para empaparse la cara.

Acaba de verse actuar. Acaba de ver cómo Felicitas, una risueña provinciana analfabeta, optimista ante una Lima que amenaza devorarla, se ha separado por tiempo indefinido de su pretendiente, provinciano también, quien era su único vínculo con la serranía.

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Su personaje se ha quedado solo, con la compañía de una patrona tirana, y Nidia se conmueve, como si se tratara de una amiga cercana.

-¿Por qué lloras?, pregunta la productora, incrédula, alcanzándole un par de servilletas.

-Me da pena, responde frente al monitor, y se va, rauda, hacia su camerino.

No podrá descansar mucho: deberá producirse para ilustrar estas páginas. Tarde tibia en Pachacámac, en los estudios de América Televisión, donde se graba De vuelta al barrio, serie estelar del canal.

Estelar el momento de Nidia, cómo no. El lunes, en el Lugar de la Memoria (LUM), cerró una breve reposición de La cautiva, la obra teatral donde nos despelleja el alma, con María Josefa, una adolescente asesinada por militares que 'combatían' el terrorismo, y violada –ya sin vida– en una morgue ayacuchana.

Al día siguiente, De vuelta al barrio cumplió 100 programas. Una proeza después de las ocho temporadas de su antecesora Al fondo hay sitio.

En el mismo lapso, La hora final ingresó a su segunda semana en cartelera, con un colchón de 105 mil espectadores. La película dirigida por Eduardo Mendoza, que reconstruye la captura del líder senderista Abimael Guzmán, en 1992, ha recibido pétalos y aguijones.

Pero si en algo han sido unánimes, incluso los críticos más desalmados, es en destacar el nervio de Nidia Bermejo para interpretar a Gabriela Coronado, agente del GEIN ayacuchana, cuya madre voló en mil pedazos y cuyo hermano forma parte de Sendero Luminoso.

¿Cuándo llegará mi hora? Se preguntó hasta hace poco, Nidia. El tiempo, cruel medida de la gloria, la entrenó con serenidad.

La recompensa: protagónicos en televisión, teatro y cine. Todo merecidamente a la vez.

La llaga de su arte

Antes de vivir otras vidas, Nidia Bermejo sangró. No tenía más de diez años, cuando vio por la televisión a un alcalde ser azotado por un grupo de encapuchados.

Subió al segundo piso a medio construir de su casa, en Chacra Ríos, y lloró. No conocía el dolor. No había visto a nadie golpear.

Primero, la llaga del arte. Luego, la educación. El primer acercamiento de Nidia con la actuación fueron los talleres vacacionales de la fábrica de cartones donde trabajaba papá Joaquín, puneño del distrito de Pichacani.

En casa, mamá Clorinda, de Laraqueri, capital de Pichacani, se ocupó de los cinco hermanos. Nidia, la última, estaba destinada a ser odontóloga. Pero concluido el colegio afloraron sus ímpetus de scout, y junto a un colectivo teatral recorrió las plazas públicas de Ecuador, Colombia y Venezuela –o en cualquier calle cuando los estómagos crujían– para presentar 'Tambores', show con zapateo sobre la búsqueda del mundo ideal.

Si bien llevó cursos en el TUC, aprendió más en aquellos años pasando el sombrero.

De vuelta en Lima, comenzó el difícil camino de hacerse un lugar. Y aunque tuvo apariciones solventes, como en Nacida para triunfar (2008), miniserie donde se puso en la piel de la cantante folclórica Sonia Morales, ha sido ahora, con papeles relacionados al terror que más palmas rojizas ha provocado.

–¿Qué hemos aprendido del terrorismo, Nidia?

–Que el ser humano puede ser un arma mortal o una bendición, y que debemos ser más humanos. Pero la verdad hemos aprendido muy poco. El terrorismo no llegó gratis. Y las condiciones por las que brotó hace casi 40 años no han cambiado. Es el momento de acercarnos y reflexionar.

–¿Y cómo podemos alcanzar el perdón?

–Comprendiendo el origen del resentimiento. Y dando una segunda oportunidad, no lo sé.

–Entramos en paranoia con Maritza Garrido Lecca.

–Es normal. Nadie lo habló, y ahora salió a flote. Hay que escucharla, pero siento que es preciso, primero, partir de nosotros.

–¿Los efectos que pensabas lograr con la actuación se han ido empequeñeciendo?

–A veces me pregunto: ¿Tendrá sentido mi lucha? A veces siento que sí, pero luego suceden hechos de corrupción como los de Odebrecht, donde todos están embarrados, y me siento un poco ingenua. En todo caso, procuro dar todo de mí para estar con la conciencia tranquila.

Hace unos meses, el día que falleció el cantautor Luis Abanto Morales, Nidia, que no se halla del todo en las redes sociales, posteó un video donde dice, orgullosa: Soy chola y qué chévere.

Su identidad se construyó con baches. Su madre no le enseñó aimara por temor a que la miraran mal.

–Me costó aceptar mi choledad como a todos. Ahora me siento una chola chévere, plena. El racismo es tan obsoleto y dañino.

–¿Crees que fue una traba para que tu momento demorara?

–De alguna manera. Me daban los mismos papeles. Pero afortunadamente llegué cuando las cosas empezaron a cambiar.

Nidia Bermejo lleva a todas sus funciones una muñeca hecha a mano que compró en Ayacucho. Es su manera de conectarse, y calmar ansiedades.

No se considera limeña ni puneña. Peruana nomás, asegura.

–Ahora que llegó tu hora, ¿era esto lo que esperabas?

–Todavía no lo sé. Pero este año ha sido un punto de partida. Creo tener la llave. Ahora soy más honesta conmigo.

El terrorismo no llegó gratis. Y las condiciones no han cambiado. Es el momento de acercarnos y reflexionar”.“Me costó aceptar mi choledad como a todos. Ahora me siento una chola chévere. El racismo es tan obsoleto y dañino”.

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