Fernando de Szyszlo, el trazo más largo y sublime en la cultura del país

Homenaje al artista plástico más importante del país. Un repaso por sus ideas y por sus obras. 

9 Oct 2017 | 21:21 h

Fernando de Szyszlo Valdelomar murió este lunes a los 92 años junto a su esposa Liliana Yábar. Nacido en Barranco en 1925 en una familia de intelectuales, se convirtió, con los años, en uno de los más importantes artistas plásticos del Perú y de Latinoamérica

En los inicios de su vida, la pintura no estuvo presente. Él decía que había nacido leyendo y escuchando música. Leía en francés, en inglés y en italiano, pero nunca pudo aprender el polaco, idioma de su padre.

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Cuando en 1944 empieza a estudiar arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería, su vida se encontraba en un proceso de cambio que iba a calar en las artes plásticas. "Cuando yo termino el colegio, jamás había dibujado. Era más un matemático", confesó en 1982, en una entrevista con Carlos Rodríguez Saavedra.

Señaló que su vocación en la pintura se produjo en momento tardío. "No era uno de pintores que de niño tuvo interés en el arte. Si había alguna inquietud artística, era más bien literaria. Cuando yo era chico, como muchas personas, escribía poemas." 

El surrealismo lo atrapó luego. Viajó a París en 1948. Conoció a André Breton. Adoptó el concepto del surrealismo y fue el ancla que lo mantuvo en pie en la pintura. 

"Aquí en Lima era amigo de los surrealistas. Desde antes de irme a París, era un gran lector de la teoría surrealista. Y hasta el día de hoy creo que es la única explicación validera para el hecho de la creación artística", dijo en una entrevista concedida a la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

Amante de la música clásica, Szyszlo era una celebrador de la vida. Para él, la música ha sido un alimento como el amor o la naturaleza. 

En una conversación con Raúl Vargas, remarcó algo importante sobre la concepción de ser artista plástico en la vida. "Yo siempre he sido que el acto plástico más elemental es el de los enamorados que graban sus nombres en un tronco. Es sacar de la fugacidad del tiempo y poner una cosa que va a quedar."

Criticó a la pintura de vanguardia, a la falta de significado, de contenido. Criticó a la política moderna y en lo que se había convertido. Fue una voz fuerte para la democracia. Siempre desde una trinchera de ideas fuertes. Más allá de sus obras, Szyszlo fue un fortín de las generaciones. 

Decía además que no solamente se había banalizado la pintura, sino también la literatura, la vida, las relaciones humanas, el sexo, el amor. Enfatizaba que se habían vuelto deleznables. "Para una persona de mi generación, el amor era una cosa sagrada."
 

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