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En una imagen se lee una “evolución” sobre la efectividad de las vacunas —autorizadas para uso de emergencia contra la COVID-19— en cuanto a la transmisión y a la gravedad de la enfermedad . En esta se señala que ahora estas inyecciones no inmunizan ni reducen “las formas graves”.

“Vacuna. Inmuniza al 95% - diciembre 2020. Inmuniza al 70% - primavera 2021. Inmuniza al 50% - verano 2021. No inmuniza pero reduce la transmisión - septiembre 2021. No reduce la transmisión pero impide las formas graves - octubre 2021. No reduce las formas graves pero impide ir a UCI - noviembre 2021. No impide ir a la UCI pero no mueres - diciembre 2021″, se lee en el post que circula en Facebook desde el 19 de diciembre hasta el 5 de enero de 2022.

Sin embargo, esta publicación contiene información falsa.

Publicación. Foto: captura en Facebook.

Las vacunas reducen los casos graves y muertes por COVID-19, no evitan infecciones ni transmisiones

Estas vacunas fueron diseñadas para reducir las formas graves y la muerte por COVID-19, según declaraciones de Juan More, PhD en Inmunología y Erika Castillo, PhD en Ciencias Médicas en una verificación anterior. Ambos especialistas coincidieron en señalar que estas inyecciones ofrecen una eficacia alta (protección o inmunidad frente a una enfermedad) con respecto a estos casos de acuerdo a sus resultados de sus ensayos clínicos.

La primera vacuna en ser autorizada para uso de emergencia fue la de Pfizer-BioNTech. La Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) de los Estados Unidos otorgó este permiso el 11 de diciembre de 2020 luego de que mostró una eficacia del 95%, es decir, un grupo de personas vacunadas enfermera un 95% menos tras la exposición al virus.

El 18 de diciembre de ese año, la vacuna de Moderna también recibió esta modalidad de autorización por esta agencia estadounidense para su aplicación masiva. Esta presentó una protección del 94.1%.

La vacuna de Sinopharm fue aprobada para su comercialización condicional por la Administración Nacional de Productos Médicos de China el 30 diciembre de 2020. Esta inyección presentó una eficacia de 79,3% en su ensayos.

Otra vacuna en ser autorizada fue la de Astrazeneca. Esta recibió el permiso por parte de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) el 29 de enero de 2021 tras presentar una protección del 60%.

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Estos porcentajes de eficacia cumplen con el estándar de aceptación de la comunidad científica. La FDA anunció que las vacunas contra la COVID-19 deben presentar “al menos un 50%” de eficacia.

Así también, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comprende como uno de sus requisitos para que una vacuna se incluya en su “lista de vacunas de uso de emergencia” que esta muestre una protección mayor al 50%. “Ninguna vacuna se aprueba si su índice de eficacia teórica no es superior al 50%”, puntualiza. En esta lista se hallan las mencionadas vacunas líneas arriba así como la Sputnik, Janssen, entre otras .

Seguimiento de las vacunas. Foto: captura en web / OMS.

Tras el inicio de la aplicación masiva de estas vacunas en varios países, empezaron a surgir investigaciones que consolidaron la efectividad alta (protección) en cuanto a la prevención de casos graves y reducción de hospitalización y muerte por COVID-19.

Por ejemplo, un estudio publicado en noviembre de 2021 en la revista médica Eurosurvallance concluyó que, desde el inicio de la inoculación en 33 países europeos, cerca de 470,000 personas mayores de 60 años a más no murieron debido a que se inmunizaron. Esta investigación fue realizada por la Oficina Regional para Europa de la OMS y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC).

Otra investigación de octubre del año pasado alojado en los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) probó que “entre los pacientes estadounidenses hospitalizados de 12 a 18 años, la efectividad de la vacuna de 2 dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech contra la hospitalización por COVID-19 durante junio-septiembre de 2021 fue del 93%”.

Otro estudio, publicado por el Instituto Nacional de Salud (INS), Perú, determinó que la efectividad de las vacunas de Sinopharm “para prevenir muerte” recae en un “90.1%”. La evaluación se dio del 09 de febrero y el 30 de junio de 2021 y tuvo como público objetivo a los trabajadores de salud.

Estudio vacuna Sinopharm. Foto: captura en web / INS.

Por otro lado, Erika Castillo, quien es fundadora de cienciagenerika, explicó para un artículo anterior que es diferente “infectarse” a “enfermarse”. “Cuando una persona se infecta es cuando el virus ingresa al cuerpo y obviamente este se multiplicará y empezará a atacar el organismo. Si una persona no está vacunada o su sistema inmune o inmunidad no se activa lo suficiente, entonces empieza a presentar síntomas graves y se llega a enfermar o presentar cuadros graves”, aclaró.

En ese sentido, acotó que los vacunados tienen una “inmunidad preparada para una infección”, por lo que producirán una mejor respuesta inmune frente a alguien que no se inoculó. “Cuando el virus infecta a las personas, su sistema inmunológico se activa, es más fuerte y lo elimina y ya no llega a las siguientes fases”, remarcó. Remarcó que ninguna vacuna ni ningún tratamiento ofrece una eficacia al 100%.

Del mismo modo, en marzo de 2021, Deborah Fuller, docente de microbiología en la University of Washington, Estados Unidos, descartó en un artículo publicado en The Conversation que las vacunas funcionen como un escudo que impide la infección por completo, pero en general “una persona que se vacuna está protegida contra enfermedades”.

La investigadora hizo una distinción entre “transmisión” e “infección”. “La transmisión se produce cuando suficientes partículas virales de una persona infectada se introducen en el cuerpo de otra persona no infectada. En teoría, cualquier persona infectada podría transmitir el virus”, apuntó.

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En septiembre de 2021, Sheena Cruickshank, catedrática de Ciencias Biomédicas en la Universidad de Manchester, escribió también un texto en esta revista en la que cita informes que señalan que las vacunas pueden prevenir la infección del SARS-CoV-2 en las personas vacunadas y que hay una cierta reducción en esta protección en tanto pasan los meses. Pero sostiene que son estudios que no han sido revisados por pares.

La autora dice que una “vacuna ideal evitaría por completo la infección y evitaría que las personas contraigan y propaguen el virus”, sin embargo, al inicio de la pandemia, aparecieron reportes de personas reinfectadas con COVID-19 y de disminución de anticuerpos, por lo que “la creación de una vacuna que bloqueara completamente la infección no sería posible”.

En ese sentido, sostiene que el fin “más importante” de la inmunización es “evitar que las personas se enfermen gravemente y mueran”, el cual, según Sheena Cruickshank, está claro que las actuales vacunas “son muy eficaces”.

Artículo. Foto: captura en web / The conversation.

En otro artículo de The Conversation, Jack Feehan, responsable de Inmunología, y Vasso Apostolopoulos, profesor de Inmunología, de la Universidad de Victoria, Canadá, mencionan estudios de preimpresión —aún no revisados por pares— que concluyen que las cargas virales (cantidad de virus presente en los fluidos corporales) en los vacunados y los no vacunados son similares.

Sin embargo, estos autores apuntan que los inmunizados podrían eliminar el virus más rápido, “con niveles más bajos de virus en general y tienen menos tiempo con niveles muy altos de virus presentes”, por lo que “tienen, en promedio, probabilidades de ser menos contagiosas”.

Conclusión

Las actuales vacunas fueron desarrolladas para disminuir los casos graves y muertes por COVID-19, no para evitar infecciones ni transmisiones. En los ensayos clínicos estas inyecciones demostraron una protección alta (mayor al 50%) frente a la enfermedad. Existen estudios que consolidan la protección alta (mayor al 50%) de estas vacunas en el contexto de la aplicación masiva. Por ello, calificamos esa información como falsa.

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