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En Facebook y Twitter, Álvaro Sánchez —quien se presenta como sacerdote católico y médico cardiólogo— difunde desinformación sobre el desarrollo de las vacunas —autorizadas para uso de emergencia contra la COVID-19— al cual llama “fármaco experimental”.

“La gran mayoría de fármacos utilizan líneas celulares de embriones humanos abortados y no es ética ni moralmente admisible el aceptar la muerte de un inocente para que se fabrique un fármaco con el que uno pueda supuestamente salvarse del virus”, dice en un video que al momento presenta más de 11.000 reproducciones y 600 ‘me gusta’ en redes sociales.

Dice también que los “efectos a mediano y largo plazo” de estas inyecciones “se desconocen por completo”. “Estos fármacos experimentales han provocado decenas de miles de muertos y millones de lesionados con patologías graves cuya duración se desconocen teniendo en muchos casos que se han para siempre, es decir, mientras el inoculado esté vivo”, afirmó.

Esta publicación se ha replicado en varios portales web en Google y presenta como fecha de registro más antiguo en internet, el 21 de octubre de 2021. Sin embargo, la información es engañosa.

Video viral. Foto: captura en Facebook y Twitter.

Estas líneas celulares para vacunas fueron producidas en un laboratorio hace décadas. No se ha sacrificado a ningún inocente.

En julio de 2021, un artículo del Centro Nacional para la Información Biotecnológica (NCBI) informó que autoridades católicas, anglicanas y ortodoxas griegas en los Estados Unidos, Canadá y Australia condenan la investigación sobre las vacunas actuales que emplean “líneas celulares obtenidas de tejidos extraídos de fetos abortados”.

Sostiene que en la investigación de las inyecciones de Johnson & Johnson y Oxford-Astrazeneca se utilizaron “líneas de células fetales humanas”, para los “vectores virales, como el adenovirus”. “Estos requieren el uso de líneas celulares como la línea celular HEK (riñón embrionario humano) 293, que se deriva de tejidos de un feto abortado en 1972 “, se lee. Indica también que estas líneas celulares HEK293 “permiten la ‘deleción de genes’ (un tipo de mutación genética) para que el vector de adenovirus no se replique en las células del vacunado”.

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En efecto, por ejemplo, según la ficha técnica de AstraZeneca —contenida en la página web de la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios de Reino Unido— el vector de adenovirus de chimpacé (ChAdOx1-S) es producido en células de riñón embrionario humano genéticamente modificado (HEK 293).

Erika Castillo, PhD en Ciencias Médica, explicó para una verificación anterior que el término “genéticamente modificado” se refiere a que “el material genético del adenovirus de chimpancé” fue modificado para quitarle el “efecto infeccioso” y, además, a que una región del SARS-CoV-2 fue “insertado en el adenovirus para que cumpla la función de la vacuna”.

La especialista, quien es fundadora de cienciagenerika, rechazó que para este procedimiento se induzcan a abortos para obtener estas líneas celulares. Explicó que para que el tejido llegue a los investigadores, este debe contar con el consentimiento de los familiares de la persona fallecida y ser una donación con fines de investigación.

Erika Castillo resalta que no es que constantemente se cultiven los virus para extraer líneas celulares, ya que estas se dividen con mucha facilidad y se preservan por bastante tiempo “sin perder sus características”.

“Las líneas celulares humanas, sobre todo, han sido extraídas en una ocasión y estas se vienen multiplicando y se guardan y se vuelven a cultivar y se vuelven a guardar a bajísimas temperaturas. Se vuelve a recuperar y así se vienen reutilizando por mucho tiempo, porque tienen esa característica y se le llaman inmortales, porque se multiplican, se multiplican sin parar”, detalló.

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Pero ¿cómo se obtienen las líneas celulares? Como lo señala un artículo de Maldita Ciencia, en el caso de vacunas con plataformas de ‘virus debilitado’, para obtener estos virus es necesario cultivarlos y el proceso “más eficiente” es el uso de cultivos celulares, un proceso en el que las células “se cultivan en un medio artificial de forma controlada”.

Los cultivos celulares parten de células extraídas de un organismo vivo. Para ello se extrae una muestra de tejido de un órgano (por ejemplo un pulmón humano o animal), que contiene distintos tipos de células con distintas características. A partir de ahí se aplican distintos procesos para ir depurando y seleccionando aquellas células concretas que interesen para la investigación”, indica.

Las células resultantes —generados por el cultivo celular— se pueden reproducir “en un determinado número de veces creando así una línea celular que permite investigar, incluso cuando las células originales ya han muerto”.

“La capacidad de reproducción de las células es limitada en la mayoría de los casos, pero en algunos casos sufren alguna mutación y se obtienen lo que se llaman líneas celulares inmortalizadas, que son capaces de reproducirse más allá de ese límite, multiplicando su potencial para uso científico”, finalizó el informe de Maldita Ciencia.

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David Matthews, lector de virología de la Universidad de Bristol y coautor del estudio de la vacuna, dijo a la agencia Reuters que “muchas vacunas de virus se fabrican en líneas celulares derivadas de embriones/fetos y luego la vacuna se purifica de estas células a estándares excepcionalmente altos”.

“La mayoría de estas líneas celulares (incluidas las células MRC-5 y las células 293) se obtuvieron de muestras de tejido tomadas de fetos abortados en las décadas de 1960 y 1970 y las células se han cultivado en laboratorios de todo el mundo desde entonces “, puntualizó.

De acuerdo a un artículo de la revista Nature, la línea celular HEK293 y sus derivados se emplean “en experimentos que van desde estudios de transducción de señales e interacción de proteínas sobre empaquetamiento viral hasta expresión rápida de proteínas a pequeña escala y producción biofarmacéutica”. Asimismo, se menciona que estas células “se derivaron en 1973 del riñón de un embrión humano abortado de paternidad desconocida”.

En diciembre de 2020, la Congregación para la Doctrina de la Fe, órgano colegiado del Vaticano, ha declarado que el uso de vacunas COVID-19 existentes derivadas de tejidos extraídos de fetos después de abortos electivos puede ser moralmente permisible.

“La razón fundamental para considerar moralmente lícito el uso del fármaco es que el tipo de cooperación al mal (cooperación material pasiva) del aborto provocado del que proceden estas mismas líneas celulares, por parte de quienes utilizan las vacunas resultantes, es remota”, indicó. Asimismo, precisó que “el uso moralmente lícito de este tipo de vacunas” no constituye “una legitimación, ni siquiera indirecta, de la práctica del aborto”.

A la fecha, no hay reportes que demuestren que las vacunas causen muertes

En un artículo de la revista The Conversation de febrero de 2021, se sostiene que hasta ese momento más de 200 millones de personas habían recibido “al menos una dosis de la vacuna COVID-19 en todo el mundo, más que el número total de personas infectadas con el virus (112 millones)”, por lo que se podría tener registrado a los “efectos secundarios comunes, poco comunes y raros”.

Se señala que “los efectos secundarios graves son muy, muy raros” y que con lo que se sabe sobre las vacunas anteriores, “si se van a producir efectos secundarios, por lo general suceden unos meses después de recibir la vacuna”.

“Hemos estado probando estas vacunas en ensayos clínicos desde mediados de 2020, y tanto las vacunas Pfizer como AstraZeneca han mostrado excelentes resultados de seguridad”, se asevera en el texto, escrito por Samantha Carlson de Telethon Kids Institute, Christopher Blyth de la Universidad de Australia Occidental, Margie Danchin del Instituto de Investigación Infantil Murdoch y Lucy Deng y Nicholas Wood de la Universidad de Sydney.

En los ensayos clínicos de estas vacunas no se reportaron efectos graves que pongan en riesgo la vida de las personas, solo se presentaron efectos secundarios leves y comunes, que anteriormente se han registrado en otras vacunas, según un informe de Verificador de mayo de 2021.

En la información del 14 de diciembre de 2021 de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), Estados Unidos, señalan que “millones de personas han recibido vacunas COVID-19 y no se han detectado efectos secundarios a largo plazo”. En este país se aplican las vacunas de Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson.

Al momento, no hay un reporte que pruebe que algunas de estas provoquen muertes. No obstante, la seguridad de estas vacunas están en permanente vigilancia y los reportes actualizados al respecto se pueden revisar en la plataforma de la OMS; y en las páginas oficiales de los CDC, y de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), Unión Europea.

En estos sitios web se hallan registrados los efectos secundarios comunes que pueden experimentar las personas con la inoculación. Asimismo, se encuentran los efectos establecidos como ‘poco frecuentes’ y ‘muy raros’, los cuales se han reportado en la inmunización.

Finalmente, el 30 de octubre de este año, Álvaro Sánchez —quien aparece en el video viral— ha sido expuesto como uno de los religiosos que divulgan desinformación sobre las actuales vacunas, por el fact-checking Bolivia Verifica.

Conclusión

En efecto, existen líneas celulares provenientes de tejidos de embriones humanos abortados que son usadas en el desarrollo de estas vacunas. Sin embargo, estas líneas celulares fueron producidas en un laboratorio hace décadas y desde ese tiempo se van replicando para fines de investigación.

Este proceso cuenta con el consentimiento de familiares y la donación para objetivos científicos. Además, al momento, no hay registro de que alguna vacuna haya generado la muerte de las personas inmunizadas.

Por ello, calificamos la información de Álvaro Sánchez como engañosa.

*Si desea saber si una publicación en las redes sociales es cierta o falsa, puede pedir a La República que compruebe la información. Envíe su solicitud al apartado Contacto o escríbanos a nuestro WhatsApp (+51 997 883 271).

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