Nació como una agrupación de casas levantadas en 1890 alrededor de la fábrica textil de Vitarte y fue la cuna del movimiento sindical peruano. Además dio origen al pueblo de Vitarte y ha sido desde entonces el primer centro histórico de origen popular de un distrito de Lima. , Un siglo después de haber sido levantadas, varias manzanas del Barrio Obrero de Vitarte todavía siguen en pie. El tiempo ha hecho su trabajo: ha agrietado las paredes de sus casas de una sola planta, ha destruido cornisas, ha maltratado la madera de las puertas. Ya no está la acequia que cruzaba las calles, los pilones de agua en las esquinas, los antiguos postes de alumbrado. Pero ahí está, todavía, el viejo perfil de un barrio con historia. En estas calles está el origen del pueblo de Vitarte, que con el tiempo se convirtió en la capital de Ate. Y esta agrupación de casas está íntimamente ligada con la Fábrica Textil de Vitarte, levantada aquí en 1871 por Carlos López Aldana. El tren, que pasaba cerca y tenía un ramal hasta la fábrica, permitía traer el algodón y sacar la producción textil. En 1890 la fábrica pasó a manos de empresarios ingleses y entonces aumentó el número de obreros. "Ahí se empieza la construcción de las casas alrededor de la fábrica", cuenta Jorge Ávila, profesor de historia, vecino y memoria viva del barrio. Cuenta que aquí, en 1896, tuvo lugar la primera huelga obrera de la historia del Perú. Los trabajadores se organizaron para exigir mejores condiciones laborales –trabajaban hasta 15 horas diarias–, hubo conflicto con los propietarios y varios de sus dirigentes fueron detenidos. No fue la única huelga obrera nacida en este lugar. En 1905 y 1911 tuvieron lugar –ya con un movimiento obrero dirigido por el anarcosindicalismo– paralizaciones que consiguieron mejoras laborales y dieron origen al sindicato 'Unificación Textil de Vitarte', una organización que años más tarde sería importante en la conquista de la jornada laboral de ocho horas. El Barrio Obrero de Vitarte, tal como hoy lo conocemos –­con casas de una sola planta, iguales unas a otras–, empezó a construirse a comienzos del siglo pasado. Tiene 16 manzanas, una capilla llamada Santa Rosa, una estación de tren del Ferrocarril Central, un cine donde funcionó la Universidad Popular González Prada, una comisaría y dos plazuelas. Cerca está el río Rímac y la carretera central. En 1990 la fábrica textil fue declarada 'Monumento Nacional' y el barrio 'Área Histórico-Monumental'. Pasado destruido Esa calidad de lugar protegido se perdió en 1997 cuando el INC anuló su resolución y la histórica fábrica textil fue derruida para construir el actual centro comercial Plaza Vitarte. El barrio sobrevive escondido a la espalda de este lugar, manteniendo a medias su antigua arquitectura. "Muchos han derribado sus casas de adobe para construir con material noble", me dice Jorge Ávila, el historiador del barrio. Por esa razón, un grupo de arquitectos que este marzo se reunieron en el evento 'Limapolis 2016', organizado por la Universidad Católica, visitaron hace unos días el lugar y coincidieron en que se debe conservar lo que queda. El arquitecto español Gabriel Ruiz, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, recorrió el lugar y dijo: "Es importante conservar estos barrios porque nos hablan de cómo vivía un sector de la población hace un siglo y, además, son modelos interesantes de arquitectura popular. Es un paisaje a conservar por su historia". Los arquitectos de Limapolis 2016 plantean la recuperación del barrio manteniendo un equilibrio entre su antigua arquitectura y la posibilidad de hacer un segundo o tercer piso. Buscan, además, que recupere su condición de centro histórico de Ate, vuelva a vincularse con el río Rímac y con la vieja estación de tren. Y aproveche que en la carretera central habrá una estación de la línea 2 del Metro. "El trazado de las calles de este barrio no debe cambiar, porque hay un ambiente muy tranquilo. Y si se ordena el barrio aquí podría haber cafetines y ser un lugar de excursión", dice Ruiz, que además es el arquitecto conservador de la Mezquita de Córdova, en España. Un colega suyo, el arquitecto Wiley Ludeña, me dice: "Hace un siglo hasta aquí llegaban Haya de la Torre y Mariátegui a estudiar el movimiento obrero. Aquí hay historia material e inmaterial. Esto es una joya".