La República

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21 Jun 2020 | 12:07 h

El arribo de la tecnología de quinta generación o 5G ha suscitado un intenso debate entre la población mundial. Pese a que no hay evidencias que confirmen que la radiofrecuencia bajo la que opera represente peligro para el ser humano, una nota publicada por el sitio web Plataforma Ciudadana para la Investigación Judicial del Sector Eléctrico se convirtió en tendencia al afirmar lo contrario.

El artículo, originalmente publicado el 21 de mayo de este año y que hasta el 19 de junio ha sido compartido más de 20.000 veces en Facebook, toma las declaraciones de Katherine Horton, doctora en Física por la Universidad de Oxford, quien asegura en una entrevista para el canal de YouTube Alfred Lambremont Webre que la tecnología 5G es tóxica y que se trata de un “arma militar para derrotar al enemigo”.

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La publicación ha sido compartida más de 20.000 veces.

No hay evidencia de que la tecnología 5G sea tóxica

La tecnología de quinta generación implica un cambio en la calidad de servicio a los usuarios. Sin embargo, de la misma forma en que sucede con la telefonía móvil 3G y 4G usada a diario, esta “ha sido estandarizada y dimensionada para evitar algún tipo de riesgo en el ser humano”, afirma en conversación con La República el ingeniero Manuel Yarlequé, coordinador del Grupo de Tecnologías Inalámbricas.

El video subido a la plataforma el 24 de junio de 2019 se centra en la entrevista a Horton, quien manifiesta que el 5G “usa haces pulsantes en lugar de ondas externas”, mientras que la longitud de sus ondas “están mucho más cerca de los rayos gamma que de las ondas regulares”.

Yarlequé intenta sustentar que “el efecto que producen estas ondas de radio 5G, al igual que la telefonía móvil que usamos, es un efecto térmico, es decir, un imperceptible calentamiento o aumento de temperatura mucho menor a 1 grado” y que es autorregulado por el mismo cuerpo humano.

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Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición a las infraestructuras de quinta generación es similar a la de las estaciones de telefonía móvil que ya existen. “Dado que la tecnología 5G se encuentra actualmente en una etapa temprana de implementación, el alcance de cualquier cambio en la exposición a los campos de radiofrecuencia aún está bajo investigación”, estimó el organismo en febrero de este año.

En la misma publicación, la OMS informa que “ningún efecto adverso para la salud se ha relacionado causalmente con la exposición a tecnologías inalámbricas”. Si bien acota que las conclusiones se extraen de estudios realizados en todo el espectro radioeléctrico, aclara que solo unos pocos se han llevado a cabo en las frecuencias que utilizará 5G.

La OMS también descarta el perjuicio a la salud de la tecnología 5G.

Víctor Rangel Licea, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, explicó para Animal Político que, incluso tocando una antena 5G “de 5 a 8 horas diarias por varias semanas”, los probabilidades de causar algún daño al cuerpo humano son escasas, debido a que su emisión de radiación está por debajo de la recomendación internacional.

Como argumento a favor del perjuicio de la tecnología de quinta generación en la salud humana, la publicación incluye una conferencia del Dr. Paul Ben-Ishai, miembro del Departamento de Física de la Universidad Hebrea, quien plantea que los poros “actúan como una serie de antenas” frente a las ondas emitidas por los dispositivos 5G.

En comunicación con La República, el ingeniero César Santivañez, coordinador del Grupo de Investigación de Redes Avanzadas, considera que “si luego de un millón de pruebas no se encuentra daño alguno, a lo más se podrá afirmar que es sumamente probable que la tecnología no cause daño”, pues en ciencia es imposible indicar con certeza un enunciado negativo.

Pero Santivañez insiste en que el proceso puede darse en la dirección contraria: “Bastaría una prueba donde se encuentre daño para decir con ‘certeza’ que la tecnología produce daño y aun así, en ciencia no hay certezas, solo teorías que siempre pueden ser revisadas ante nuevas observaciones”.

Por este motivo, el ingeniero sostiene que debería ser sencillamente demostrable que la tecnología 5G sea perjudicial. “De ser cierta la afirmación, la prueba sería repetitible, fácil de verificar en cualquier lugar del mundo”, concluye.

En el caso del artículo viral, los estudios de Ben-Ishai no han sido replicados más que por él mismo en los últimos años. Incluso, en 2010, fue publicado un artículo que desmiente las premisas del físico.

Michael Ney y Ibrahim Abdulhalim concluyeron en su investigación que no hay necesidad de asumir que los conductos de sudor actúan como antenas helicoidales, ya que son “los efectos de interferencia múltiple de las capas de la piel” los que determinan sus características electromagnéticas “en las regiones milimétricas y terahercios”.

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Asimismo, la Comisión Internacional de Protección de Radiación no Ionizante (ICNIRP), organización independiente reconocida por la OMS, expone que tanto el Public Health England como otras instituciones abocadas al estudio de la salud pública, concluyen que no existe evidencia de que la exposición humana a las ondas del 5G tengan un impacto en la salud de niños o adultos.

Semanas atrás, Verificador de La República descartó que las antenas 5G causaban hipoxia en las personas. Para concluir esto, se precisó que el rango de la red oscila entre los 300 MHz y 300 GHz, por lo que se encuentra dentro de los límites establecidos internacionalmente y no representa un riesgo para la salud como la formación de coágulos en la sangre.

¿La tecnología 5G puede ser empleada como arma militar?

Para apoyar su punto, Katherine Horton señala que Deagel, portal dedicado a la recopilación de datos sobre equipos militares y no un fabricante de armas como se indica en la nota, proyecta un total de 100 millones de decesos en Estados Unidos en el año 2025. Esto se trata de una tergiversación de la data, puesto que no existe ningún indicio en el sitio web que vincule a la tecnología 5G con esta estadística.

El sitio web no consigna relación entre el 5G y la cantidad de decesos.

Por otro lado, la publicación asevera que el 5G “es un arma de destrucción masiva de alta tecnología que podría usarse para destruir a los disidentes sin dejar rastro alguno”. Las Armas de Destrucción Masiva (ADM) aglomeran principalmente al armamento regulado por el Tratado de No Proliferación Nuclear, la Convención sobre Armas Químicas y la Convención de Armas Biológicas. Es imposible afirmar que el 5G sea un ADM, debido a que no se encuentra enumerada en ninguna.

Respecto a la dicho por Horton acerca de que el Ejército de los Estados Unidos emplearía el 5G para manipular el ADS (Active Denial System), arma no letal que emite un haz de ondas milimétricas y produce calor intenso para ahuyentar a las personas, Manuel Yarleque detalla que no es posible, ya que “los niveles de exposición son extremadamente menores”.

El caso de China y los puntajes sociales

Como ejemplo del uso de la tecnología 5G como un mecanismo de control de la población por parte de un Gobierno, Horton propone el caso de China. Según la experta, los ciudadanos del país asiático son vigilados y, en base a su comportamiento, se le es otorgado “un puntaje en crédito social”.

Aquí, la física hace referencia al Sistema de Crédito Social (SCS). Este programa consiste en el monitoreo y evaluación que el Gobierno chino hace de su población y sus empresas en función a su confiabilidad y cumplimiento de normas. Aunque el SCS se ha ido instalando en China de manera gradual desde el 2010, es desde el 2019 que hay evidencia de la implementación de tecnología 5G en la administración de Xi Jinping.

La red “5G permite mejor acceso al ciberespacio, entendido no solo como Internet, sino también como el nuevo mundo virtual”, comenta César Santivañez, quien toma las elecciones presidenciales del 2016 en Estados Unidos como un ejemplo de que el Internet puede ser explotado para fines políticos.

Sin embargo, apunta que más riesgoso que el aprovechamiento de los datos personales por parte de terceros en complicidad con los proveedores es “la privación del acceso a este nuevo ciberespacio, debido a la carencia de este servicio”, pues agranda una brecha social. El ingeniero sugiere que “para ambos casos, una regulación que fomente la competencia entre operadores de servicio, reduciendo las barreras de ingreso, empoderando al ciudadano y reduciendo costos del servicio, es la mejor solución”.

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En la misma línea, Erick Iriarte, socio principal del estudio Iriarte & Asociados y especialista en regulación de la información, establece que el caso de China “no tiene que ver con la tecnología 5G per sé, sino con la creación de tecnologías” en general. “Hay herramientas tecnológicas que, mal utilizadas, pueden afectar a la población bajo el concepto de vigilancia masiva”.

De acuerdo con Iriarte, todo uso de tecnologías de este tipo debe ceñirse a la Ley de Protección de Datos Personales y a la legislación vigente. “La Autoridad Nacional de Datos Personales del Perú ha sido bastante clara sobre el particular y ha dado premisas acerca de que no se puede utilizar mal esos instrumentos para afectar a la población”, finaliza.

Conclusión:

No existe evidencia científica que valide el que la red 5G sea tóxica. Tanto profesionales como diversos organismos internacionales coinciden en que las investigaciones realizadas hasta el momento arrojan que la tecnología de quinta generación no representa algún tipo de daño en la salud de las personas expuestas.

Tampoco es cierto que sea un “arma de destrucción masiva” y que pueda ser empleada en armas no letales como el Active Denial System.

Asimismo, su uso será regulado por la legislación de cada Gobierno que se adapte a la llegada del 5G, estableciendo las pautas necesarias para garantizar tanto su acceso a la tecnología como la protección de sus datos personales, descartando que se trate de un arma de control de la población. Por lo tanto, calificamos esta publicación como falsa.