Lizeth Román

En varios post de Facebook y Twitter señalan que las muertes producidas supuestamente por las vacunas se debe a que estas emplean la proteína Spike. Aseguran que este es una toxina, un veneno para el cuerpo humano. Estos atribuyen el contenido a un supuesto médico sudafricano llamado Shankara Chetty.

“La nombrada proteína Spike (de espiga) es uno de los venenos más sofisticados jamás producidos por el hombre; y el objetivo de esta toxina es matar a miles de millones de personas sin que nadie se dé cuenta”, se lee en estas publicaciones que presentan más de 600 interacciones y más de 1.100 reproducciones en redes sociales.

Esta información proviene de un texto publicado el 25 noviembre de 2021 por el portal web Uncut News, en el cual se difunde contenidos en contra de la efectividad de estas vacunas. Aquí se especifica que estas afirmaciones hacen referencia a las inyecciones de plataforma ARN mensajero (ARNm).

Sin embargo, lo que se afirma sobre la proteína Spike es falso.

Publicaciones. Foto: captura en redes sociales.

La proteína S no es una toxina del virus y en las vacunas se usa una versión inocua para producir anticuerpos en el organismo

Gran número de proteínas Spike (S) o proteínas pico “cubren la superficie del SARS-CoV-2 y se unen al receptor de la célula huésped, la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), que media la entrada de las células virales”, de acuerdo al reporte de la revista Nature. Indica también que “estas proteínas son fundamentales para el ciclo de vida viral y proporcionan posibles objetivos para las terapias con medicamentos”.

En ese sentido, este péptido se ha convertido en “el foco de la mayoría de las vacunas COVID-19, ya que es la parte del virus que le permite ingresar a nuestras células”, según un texto de The Conversation, escrito por Sarah L. Caddy, investigadora clínica en Inmunología Viral de la Universidad de Cambridge (Inglaterra).

En comunicación con Verificador de La República, Erika Castillo, PhD en Ciencias Médicas, descartó que la proteína S del virus de la COVID-19 sea “una toxina”. La especialista, fundadora de cienciagenerika, explicó que “una toxina es una molécula o sustancia tóxica que es producida por un microorganismo o por un organismo”; mientras que este péptido es parte del nuevo coronavirus.

“El envolvente viral de coronavirus se compone típicamente de tres proteínas que incluyan la proteína de la membrana (m), la proteína de envolvente (e), y la proteína del pico (s)”, reseña un artículo de News Medical, revisado por Emily Henderson con especialidad en Ciencias Forenses y Química Analítica. Se explica que esta proteína pico se divide en dos subunidades: “La subunidad S1 reconocerá y atará a los receptores en la célula huésped, mientras que la subunidad S2, que es el componente conservado de la proteína de S, será responsable de fundir el envolvente del virus con la membrana de la célula huésped”.

Imagen obtenida de la web News Medical. Foto: Orfeo FX/Shutterstock.com.

De acuerdo al portal de la Salud de la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU, las toxinas son “sustancias creadas por plantas y animales que son venenosas (tóxicas) para los seres humanos” y que, además, pueden ser útiles en pequeñas dosis “en algunos medicamentos”.

En efecto, según los Centros de Prevención y Control de Enfermedades (CDC), EE. UU., existen vacunas diseñadas a partir de toxinas inofensivas y se llaman “vacunas de toxoides”, las cuales previenen enfermedades causadas por bacterias. “En el proceso de elaboración de estas vacunas, las toxinas se debilitan para que no puedan causar enfermedades. Las toxinas debilitadas se denominan toxoides. Cuando el sistema inmunológico recibe una vacuna que contiene un toxoide, aprende a combatir la toxina natural. La vacuna DTaP contiene toxoides diftérico y tetánico”, se sostiene.

En el sitio oficial de esta institución estadounidense se informa que los científicos adoptan muchos enfoques para desarrollar vacunas y que se basan en la información sobre las infecciones causadas por virus o bacterias que pueden evitar la vacuna, teniendo en cuenta, por ejemplo, cómo los gérmenes infectan las células y cómo responde el sistema inmunológico.

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Erika Castillo enfatizó que este tipo de vacuna emplea una versión inocua de la ‘molécula tóxica’ que generalmente produce una bacteria. “En cambio, la proteína Spike es parte de la membrana del virus, o sea, es un componente del virus. No podría ni siquiera el Spike del propio virus como tal podría ser considerado como una toxina porque no es algo que el virus está produciendo y secretando al ambiente y que sea tóxico, sino el Spike es parte del virus”, aclaró.

En el caso de las vacunas del tétano, comentó que el toxoide es “el tétano, el cual es una sustancia que es liberada por la bacteria”. “La bacteria en sí no es la que causa daños sino lo que la bacteria libera, lo que la bacteria produce y secreta. Eso es lo que es tóxico para las personas (...) La vacuna es esta molécula obviamente sin la capacidad de producir la enfermedad porque no se está inyectando la bacteria”, sostuvo.

Aseveró también que en el cuerpo humano el SARS-CoV-2 no produce algo tóxico, sino que infecta, ataca, daña, se reproduce, se multiplica y sigue infectando e ingresa a la célula por esta proteína. “En el caso del virus no es una toxina lo que se trata de simular (en la vacuna) sino justamente es esa parte de la proteína Spike lo que el virus usa para ingresar a la célula. Entonces eso es lo que se trata de simular, sin que haya algún ataque o destrucción celular. Lo que se hace es simular que el virus estuviese presente y el sistema inmune reacciona a este péptido o proteína que se produce en la Spike”, dijo.

La experta puntualizó, además, que “los virus no entran en la categoría de toxinas o de toxoides, porque no es el mecanismo que el virus usa para infectar y atacar al cuerpo humano”.

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Las vacunas contra la COVID-19 no contagian ni producen la enfermedad, ya que lo que se inocula es una versión o una parte inofensiva del virus para inducir la respuesta inmunitaria en el organismo, como se determinó anteriormente. Además, este medio concluyó que estas inyecciones fueron diseñadas para poder reducir casos graves y muertes a causa de este virus, no para evitar el contagio.

Al momento, no hay ningún reporte que pruebe que las actuales inyecciones hayan causado muertes en las personas inmunizadas. En un artículo de The Conversation del 21 de diciembre de 2021 se señala que las vacunas de BioNTech/Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson & Johnson “han demostrado ser muy eficaces para prevenir las formas graves de la enfermedad Covid-19″.

“En lo que va de año se han administrado 8.500 millones de dosis en todo el mundo y los datos disponibles indican que su seguridad también es excelente. De hecho, las reacciones más comunes (dolor en el lugar de la inyección, fiebre, dolores musculares, dolores de cabeza, etc.) remiten rápidamente y son similares a las que pueden observarse con otras vacunas”, sostiene el texto, producido por el médico Michel Goldman de la Universidad Libre de Bruselas (ULB).

El autor también hace un recuento de aquellos efectos “raros” que se han reportado tras la inmunización tales como la trombosis atípica, miocarditis o pericarditis, los cuales han llevado a modificar las estrategias de vacunación y seguir con la vigilancia. Además, resaltó que luego de la administración de las vacunas de ARNm se produjeron algunos casos de linfomas y enfermedades inmunoinflamatorias en poblaciones de riesgo, pero aclaró que estos informes “no deberían eclipsar la relación beneficio-riesgo, globalmente muy favorable, de las vacunas de ARN mensajero” y más bien se debe adaptar la vacunación para los pacientes con ciertas condiciones que les ponen en riesgo específico.

Finalmente, la seguridad de estas vacunas se encuentran en permanente monitoreo y las actualizaciones pueden revisadas en la plataforma de la OMS; y en las páginas oficiales de los CDC y de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) de la Unión Europea.

¿Cómo funcionan las vacunas de ARNm?

Como describe los CDC, en estas vacunas se emplea un ARNm “creado en un laboratorio” que al inocularse en la persona instruye a las células la producción de “una porción inocua” de la proteína S —la molécula que se halla en la superficie del SARS-CoV-2—.

“Una vez que nuestro organismo creó esa porción de proteína, la célula descompone las instrucciones para deshacerse de ellas (...) Nuestro sistema inmunitario reconoce que la proteína es un cuerpo extraño y comienza a generar una respuesta inmunitaria y producir anticuerpos, como sucede cuando se produce una infección natural contra el COVID-19″, detalla.

¿Cómo funcionan las vacunas de ARNm? Foto: captura web de los CDC.

Conclusión

La proteína Spike no es una toxina del SARS-CoV-2 y en las vacunas se usa una versión inocua para inducir la respuesta inmunitaria del organismo. Por ello, calificamos este post como falso.

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