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En redes sociales circula, desde el 20 de marzo, una imagen en la que aparece una médica con una serie de desinformaciones acerca de las vacunas contra la COVID-19 que utilizan la tecnología del ARN mensajero, como las de Pfizer y Moderna. Aunque estos alegatos carecen de fundamento por no tomar en cuenta los estudios realizados desde que apareció el SARS-CoV-2 —virus que causa la COVID-19—, la imagen ha sido replicada por distintas páginas.

Publicación con información falsa ha sido difundida múltiples veces en las redes sociales. Foto: composición LR / captura de pantalla

El bulo no es reciente y ha sido desmentido internacionalmente

Según el texto en la imagen viral, la cita habría sido difundida por Alexandra Henrion-Caude, genetista francesa. Sin embargo, la fotografía y los argumentos corresponden a la estadounidense Sherri Tenpenny, médica osteópata (medicina alternativa a base de masajes).

El origen de la desinformación data del 28 de diciembre del 2020, fecha en la que Tenpenny publicó un artículo en Vaxxter, sitio web caracterizado por difundir información falsa acerca de las vacunas, como que estas causan autismo, cuestión que ha sido desmentida en múltiples ocasiones.

Dado que el bulo se hizo conocido internacionalmente, los verificadores estadounidenses Snopes, Polifact y AFP factuel calificaron como falsos estos argumentos.

Los estudios en los que se basa son anteriores a la pandemia

Sherri Tenpenny, conocida activista antivacuna, afirma que las vacunas de ARN mensajero “crearán caos entre las personas, pues nuestros anticuerpos destruirán nuestros pulmones”. Lo mismo dijo en una entrevista del 9 de febrero.

Lo peligroso de esta desinformación es que toma preocupaciones médicas reales, pero las descontextualiza y utiliza a su favor para propagar información falsa. La distorsión más evidente es que Tenpenny se basa en estudios en animales realizados antes de la aparición de la pandemia y afirma que estos tienen relevancia directa en las vacunas contra la COVID-19.

La primera investigación que toma es sobre el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), publicada en abril de 2012, donde se sostiene que las candidatas a vacunas “indujeron anticuerpos y protección contra la infección”. Sin embargo, también presentaron inmunopatología. Es decir, el sistema inmunológico dañó los tejidos de los ratones en los que se realizó el experimento.

Robert Atmar, profesor de enfermedades infecciosas en el Baylor College of Medicine y coautor de este estudio, aclaró a Snopes que los “hallazgos no se aplican al virus SARS-CoV- 2”, que causa la COVID-19.

La segunda investigación citada por Sherri Tenpenny data de febrero de 2019. El artículo trata acerca de los esfuerzos por conseguir una vacuna contra el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS).

Ambos estudios mostraron preocupación luego de los ensayos preclínicos, en animales, de las candidatas a vacunas contra el SARS y el MERS. Al inicio, estas potenciales inoculaciones controlaban las infecciones tempranas y creaban respuesta inmunitaria. Sin embargo, cuando los animales vacunados fueron expuestos directamente a estos virus, su sistema inmunológico se aceleró y causó daños masivos e incluso fatales en los pulmones.

Este postulado es el que Tenpenny ha utilizado y tergiversado para usarlo en sus discursos antivacuna. El problema es que, como lo mencionó Atmar, estos hallazgos no tienen relación con la actual pandemia de la COVID-19.

Los resultados de estudios anteriores no han sido ignorados

La médica alternativa afirma que esta “evidencia”, que asocia erróneamente a las vacunas de ARN mensajero contra la COVID-19, ha sido ignorada. No obstante, en un artículo publicado en septiembre de 2020 en Nature sí se señalaron estas preocupaciones por parte de la comunidad científica. Además, se puso en discusión los desafíos y alternativas que se tenían para mejorar las candidatas a vacunas contra el nuevo coronavirus y que no se incurran en estas reacciones adversas.

En este trabajo, los investigadores concluyeron que la inmunopatología se produce en los casos en los que una potencial vacuna conlleva a la respuesta inmune sesgada por las células Th-2. En consecuencia, se produce el bloqueo de las funciones inmunitarias antiinflamatorias y la creación de citocinas que atacan activamente a los pulmones.

Entonces, los investigadores sí eran conscientes de que las candidatas a vacunas que desarrollaran contra la COVID-19 debía evitar respuestas en las células Th-2. Incluso, un estudio publicado en junio de 2020 en International Archives of Allergy and Immunology señala explícitamente que “las vacunas COVID-19 deberían inducir anticuerpos neutralizantes de alta afinidad (...) y evitar la estimulación de las citocinas que inducen la inmunidad T-helper 2”. Ello para evitar las complicaciones antes mencionadas.

Cómo funcionan las vacunas de ARN mensajero. Foto: Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EE. UU.

Las vacunas de ARNm de Pfizer y Moderna no harán que los “anticuerpos destruyan nuestros pulmones”

Un grupo de científicos y científicas publicaron un estudio en octubre de 2020 acerca de la evaluación en primates no humanos de la vacuna de Moderna (mRNA-1273). Es en esta fase preclínica en la que se demuestra la seguridad de una inoculación para que sea aplicada en los seres humanos.

El resultado fue que “la vacunación de primates no humanos con ARNm-1273 indujo una fuerte actividad neutralizante del SARS-CoV-2, protección rápida en las vías respiratorias superiores e inferiores y sin cambios patológicos en el pulmón”. Un estudio más reciente, de enero de 2021, corroboró que luego de recibida la primera dosis de esta inoculación, se produjeron anticuerpos neutralizantes y de unión. Además, no se observaron “eventos adversos graves en el ensayo, (...) y no ocurrieron nuevos eventos adversos que fueron considerados por los investigadores como relacionados con la vacuna después del día 57”.

Otro estudio de Nature de febrero de 2021 también concluyó que tanto la vacuna de Moderna como la de Pfizer, que utilizan la tecnología de ARN mensajero, “inducen fuertes respuestas inmunitarias” y que se evitó respuestas en las células Th-2.

Es decir, los “temores” de Sherri Tenpenny no tienen fundamento para las vacunas de ARNm desarrolladas para combatir la pandemia de la COVID-19.

Conclusión

No, las vacunas de ARN mensajero contra la COVID-19, como la de Pfizer y Moderna, no “destruirán nuestros pulmones”. La médica alternativa Sherri Tenpenny, caracterizada por difundir discursos antivacunas, descontextualizó estudios de antes de que se produjera la pandemia.

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