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El candidato presidencial por Acción Popular, Yonhy Lescano, afirmó que la castración química ha bajado el índice de violaciones en los países que la han implementado.

En muchos países lo han implantado y ha bajado el índice de violaciones. La castración química es ponerle una inyección a un individuo cobarde y se le anula de la cabeza a los pies sus facultades sexuales. (...) con eso disminuimos el número de violadores, de mujeres violadas, de niños violados”.

Domingo, 28 de febrero, entrevista en El Comercio

La castración química ha estado entre las propuestas del candidato desde hace algunos años. En 2016, presentó el Proyecto de Ley 460/2016-CR, que prevé la aplicación de la castración química como medida complementaria a la pena privativa de la libertad en casos de delitos contra la libertad sexual, pero no prosperó.

En 2018, intentó nuevamente que se aprobara como parte de un paquete de 25 propuestas contra agresores sexuales. El PL fue retirado en segunda votación y se admitió que los violadores de menores tuvieran cadena perpetua y que ese delito sea imprescriptible.

Esta vez, la medida de la castración química es parte del plan de gobierno de Acción Popular. En el documento, se menciona que “siendo la violación de niños y mujeres delitos graves, se implementará como pena accesoria a la cárcel la castración química, la misma que en otros países ha conseguido reducir el número de violaciones”.

Sin embargo, pese a los intentos de incluir esta pena en el Código Penal, especialistas aseveran que la castración química no es una medida que disminuirá los casos de violaciones a menores ni a personas adultas, y que no hay estudios fiables que confirmen su eficacia. Por tanto, la afirmación del candidato es falsa.

En el mundo

Informes periodísticos y estudios consultados señalan que diez estados de EE. UU. (California, Florida, Georgia, Iowa, Louisiana, Montana, Oregon, Texas, Wisconsin y Alabama), Canadá, países europeos (Francia, Estonia, Polonia, Alemania, Rusia, etc.) y asiáticos (Indonesia, Corea del Sur) tienen la castración química voluntaria u obligatoria en sus legislaciones como pena contra agresores sexuales.

Un estudio publicado en Colombia, “Castración química, última opción en pacientes pedófilos y pederastas, considerando su autonomía y dignidad (2019)”, a raíz de un intento de promover la castración química como pena adicional; afirma que es un “procedimiento con efectividad cuestionable y con efectos secundarios importantes, que genera dilemas éticos, clínicos y sociales”. Indica que no hay investigaciones científicas que concluyan que “la castración química es la cura definitiva para enfermedades como la pedofilia y pederastia”.

Ya en 2013, la investigación “Coerción, encarcelamiento y castración química: un argumento desde la autonomía”, publicada en una revista europea, determinó que “los estudios sobre la castración química para el manejo de la pedofilia o de la pederastia no tienen cifras sólidas y son criticados por presentar limitaciones metodológicas, tales como la falta de un grupo de control poblacional equivalente o no equivalente para su estudio, es decir, un grupo poblacional castrado y otro no castrado; la inadecuada asignación de los participantes no aleatorios o tamaños de muestra poblacional pequeños”.

Cifras y reincidencia

En Nepal también ocurrió un debate respecto a la posible medida. En 2015, el estudio “Una evaluación basada en el género de la castración como castigo por violación de niñas” expuso los pros y contras que se han considerado en diversos análisis. Entre los puntos a favor, se afirma que “el uso de la castración química puede reducir la reincidencia en agresiones sexuales”. “Una investigación en Escandinavia informó de una caída en las tasas de reincidencia de 40% a entre cero y 5% después del uso de castración química”, indica.

No obstante, la contraparte asegura que “la relación de causa y efecto entre los niveles de testosterona y los delitos sexuales es incierto”. “Hay estudios que demuestran que prevenir la producción de testosterona en los agresores reducen su impulso sexual, pero de acuerdo al Real Colegio de Psiquiatras de Australia y Nueva Zelanda Royal (RANZCP), las investigaciones sobre el tratamiento de los delincuentes sexuales tienen muchos problemas metodológicos”.

Asimismo, determina que la castración química “es más eficaz con quienes la solicitan voluntariamente. Los sentenciados que eligen un tratamiento (castración química) para la pedofilia estan menos inclinados a reincidir de todos modos”.

El estudio “Uso del castigo de castración hacia perpetradores de violencia sexual en Indonesia (2019)” señala que la “la principal razón detrás de la violencia sexual está asociada con víctimas de abuso sexual en la infancia y los estereotipos peligrosos de la masculinidad y el papel de las mujeres y niñas en la sociedad”.

¿Qué pretende esta propuesta?

El médico urólogo Mariano Cuentas recordó que años antes ya hubo un debate en el Colegio Médico del Perú, y determinaron que la castración química no es la solución para prevenir delitos sexuales o para rehabilitar a los agresores.

Explicó que la castración química consiste en administrar fármacos, a través de ampollas por vía intramuscular, que suprimen la producción de testosterona, la principal hormona sexual masculina. La castración química es temporal y reversible, si se deja de aplicar, el varón vuelve a producir la testosterona.

“En medicina, la castración química se usa para algunas patologías. Lo usamos para el cáncer de próstata. Tiene efectos adversos en el corazón que pueden provocar infartos, también es capaz de producir embolias, de causar osteoporosis; los huesos van a perder calcificación. Por eso, estas ampollas se prescriben con receta y supervisión médica estricta”.

Detalló que pueden ser administradas de manera mensual, bimestral, trimestral o semestral. El costo promedio de una ampolla, por ejemplo, la más barata, está entre 300 y 400 soles, según indicó. “El Estado va a tener que gastar e invertir en estos fármacos”, sentenció.

Cuentas sostuvo que la lógica de la propuesta es que por medio de la castración química, los niveles de testosterona del potencial violador o violador disminuirán y no agredirá a su víctima. Pero el deseo sexual en el varón no solo depende de la testosterona y no se anulará completamente. Hay otros neurotransmisores a nivel cerebral, otras hormonas implicadas en ese proceso (serotonina, dopamina, endorfinas).

“Con la castración tal vez no haya erección, pero sí habrá deseo. Además, la penetración no es la única forma de violación. El potencial violador o violador, al ver que no hay erección, incluso, puede ser más agresivo”.

En ese sentido, reiteró que no impedirá que el violador ultraje a sus víctimas o que reincida. “Lamentablemente estamos acostumbrados a buscar soluciones rápidas, más efectistas, las que más satisfacen a la población. Somos populistas. La gente que no conoce del tema va a estar de acuerdo. Pero hay todo un trasfondo, un contexto que pasa por lo cultural, educativo, social, sanitario, y que genera ese tipo de personas: varones violentos”, señaló.

Por su parte, la directora del Centro de la Mujer Peruana (CMP) Flora Tristán, Liz Melendez, opinó que ese tipo de normas “conecta con la indignación de la población, pero que los casos de violaciones sexuales no ocurren por el deseo sexual irrefrenable, sino por ejercer el poder”.

Manifestó que lo que corresponde es que las sanciones contra agresores sexuales se hagan efectivas. Se debe “luchar contra la impunidad, porque incluso pueden pasar diez o doce años y no se obtiene justicia. El mensaje que envían es que se puede violar y les pasará nada. También hay que sancionar a los malos jueces, la corrupción está metida ahí”.

“La castración química no es la solución. Las sanciones deben darse en el marco de lo que establece el Estado. Lo que no debe suceder es que sea más difícil probar una violación sexual que cualquier otro crimen. No se le da suficiente importancia a la prueba testimonial. La mayoría de abusos sexuales de menores se dan dentro de la familia, en los colegios, en entornos cercanos a la víctima. Tenemos que trabajar con las escuelas, con prácticas de crianza democrática”, sentenció.

Violencia contra menores

El psiquiatra Carlos Bromley señaló que hay que entender lo siguiente: la violación sexual de adultos contra menores no se da por atracción física del adulto hacia el menor o porque el adulto quiere satisfacer su sexualidad con un menor. Antes se creía eso, pero ya ha sido superado en el mundo. Ahora se conoce que las violaciones sexuales son una forma de ejercicio del poder patológico. Ocurre lo mismo en las violaciones a mujeres adultas.

Según manifestó, los agresores sexuales son personas que tienen alterada su autoestima, su concepto de respeto por el otro, la empatía, no sufren el dolor que sufre el otro. Entonces, no implica que al ser castrados químicamente, dejen de violar. Podrán hacerlo con  cualquier otro instrumento, porque el asunto es el ejercicio del poder y de convertir al otro en un objeto. “Es por eso que la castración física o química no ha reducido los casos de violaciones en el mundo”.

Para el doctor Bromley, se trata de un problema cultural, ideológico. Tiene que ver con la formación de la personalidad. Sostuvo que el machismo es un problema estructural de la sociedad. “La violación es un problema sociológico, más que mental. En algunos países, han tratado de hacer lo que se conoce como terapia de reconstrucción cognitiva, pero es muy difícil”.

Agregó que el machismo, como el nazismo o el racismo, no son enfermedades mentales. Son problemas sociológicos, alteraciones de la personalidad que cuando se convierten en mayoritarios, son temas ya culturales, ideológicos, estructurales. “Tiene que darse un cambio en la sociedad, a nivel cultural; un cambio de paradigma social entre hombres y mujeres, adultos y niños”, indicó.

Derecho y dilema ético

Al ser una medida que ya tiene unos años siendo presentada en Perú, la discusión sobre su violación a los derechos humanos ha sido reiterativa. Diferentes juristas y estudiosos, según un análisis del juez peruano Edhin Campos Barranzuela, han manifestado que “no se puede aplicar la castración química a un violador sexual al que ya se le aplicó la cadena perpetua, pues este ya no causaría daño a la sociedad, toda vez que de por vida se encontraría recluido en un centro penitenciario”.

“Se ha indicado también que no se le puede imponer doble pena al acusado. De aplicarse la castración química, se estarían violentando otros derechos fundamentales (...), de manera que cualquier juez penal, podría inaplicar la norma jurídica y ejercer el control difuso, pues la misma afectaría derechos constitucionales, que se encuentran reconocidos en nuestro derecho interno y en la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José)”, del cual Perú es firmante.

Fuente: Pacto de San José

Cabe mencionar que el Comité contra la Tortura del Consejo de Europa califica a la castración química como una pena degradante. Después de realizar un análisis minucioso con un grupo de expertos en diversas materias e incluso entrevistas a personas que fueron sometidas al tratamiento, al rendir su informe concluyó que “no hay una base científica sólida que respalde que reduce los niveles de reincidencia de violadores o pederastas”.

Conclusión

Es falso que la castración química haya bajado el índice de violaciones en los países donde se ha implementado, porque no hay estudios suficientes que así lo demuestren. Su aplicación reduce los niveles de testosterona y disminuye la líbido, por lo que no habría erección, pero —como hemos conocido— las violaciones no implican únicamente la penetración del miembro viril.

Además, los especialistas coinciden en que las violaciones sexuales contra menores y mujeres, las principales y mayores víctimas, no ocurren por acción hormonal, sino por ejercicio del poder y por desigualdades estructurales, culturales, sociológicas.

Fact-checking elaborado por Paola Mendieta de Verificador de La República para la alianza PerúCheck.