Lizeth Román

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03 Feb 2021 | 21:25 h

En Facebook, un post señala que el “virus de la COVID-19 muere en el agua de mar” y que, por ese motivo, el Gobierno no deja ir a la playa a la población. La publicación concentra más de 1.200 interacciones y 3.700 compartidos en la red social.

Para justificarse, cita una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, donde supuestamente se concluye que “el agua salada destruye” al nuevo coronavirus.

Viral dice que el coronavirus “muere en el agua de mar” y que, por ello, “no nos dejan ir a la playa”. Foto: captura en Facebook.

En este artículo, nos enfocaremos en analizar si la sobrevivencia del virus de la COVID-19 está asociada con las restricciones de acceso a las playas.

¿El nuevo coronavirus “muere en el agua de mar” y por ello “no nos dejan ir a la playa”?

Augusto Tarazona, infectólogo y presidente de la Comisión de Salud Pública del Colegio Médico del Perú (CMP), explicó a Verificador de La República que los virus en general —incluido el SARS-CoV-2— son muy débiles y lábiles, por lo que mueren rápido en el medio externo. “Si a ello se le agrega otros factores como el agua salada o agua con jabón, entonces el virus se muere (más) rápido. (Pero) eso no es nada especial”, explicó.

Asimismo, manifestó que las variaciones del virus de la COVID-19 no afectan en la supervivencia en el ambiente del SARS-CoV-2. Lo que sí les ayuda es que sobrevivan internamente dentro del cuerpo y se reproduzcan más rápido.

Seguidamente, comentó que el tema de las playas no guarda relación con que si el virus muere o no con el agua de mar. Especificó que, en la actualidad, el principal mecanismo de contagio es de persona a persona, a través de las microgotas o aerosoles, mientras que el contagio a través de las superficies es muy bajo, casi nulo.

Por ello, según Tarazona, se tiene que priorizar la protección de persona a persona mediante el distanciamiento social y el uso de las mascarillas. Sin embargo, dijo: “En las playas no hay distanciamiento (...) y, por su propia naturaleza, es muy bajo o nada (nulo) el uso de los cubrebocas”. En ese sentido, como lo señaló el infectólogo de la CMP, ese es el principal motivo del porqué de la restricción en las playas.

Incluso, el Gobierno, a través de su sitio oficial, manifiesta que la limitación en cuanto al uso de este espacio público es para evitar las aglomeraciones y cuidar la salud de la población. Además, recuerda que a raíz de la emergencia sanitaria a causa del nuevo coronavirus, distintas regiones del país se hallan en una inmovilización social obligatoria desde el 31 de enero hasta el 14 de febrero de 2020.

Antonio Quispe, investigador y epidemiólogo, dijo a este medio que “el SARS-COv-2 es un virus que se transmite primariamente de persona a persona mediante aerosoles”. Comentó que no hay ningún reporte de que sea transmitido por agua, por suela de zapatos y otro tipo.

“Después de un año de investigaciones, esa probabilidad de contagio por superficies contaminadas es mínima e insignificante. (…) La probabilidad de que se transmita en agua es mucho menor que por superficies contaminadas”, señaló.

Quispe sostuvo que en los espacios cerrados y concurridos existe mayor concentración de aerosoles y mayor riesgo de contagio. Así también, señaló que en los contactos cercanos y continuos de personas hay mayor riesgo de contagio. Por lo tanto, dijo: “Entonces, la recomendación vigente es no uses mascarilla de tela, usa un respirador o doble mascarilla”.

En tanto, Ian Hewson, microbiólogo de la Universidad de Cornell, Ithaca, Estados Unidos, dijo en un artículo de Chequeado que “no tiene datos empíricos sobre la supervivencia de SARS-CoV-2 en el agua de mar”. Sin embargo, comentó que, como la mayoría de los virus en hábitats marinos, los virus de ARN desaparecen del agua a gran velocidad.

Expresó que la única forma de que el SARS-CoV-2 se transfiera al agua de mar sería mediante los desechos cloacales, pero “el tratamiento de esas aguas residuales reduciría de manera considerable la abundancia viral en los efluentes”.

Hewson afirmó que no está probada “la transmisión fecal-oral del SARS-CoV-2”, pero que, como recomendación general, conviene evitar áreas con fuerte contaminación de aguas residuales, “dado que hay muchos patógenos humanos que podrían estar presentes”.

Por su parte, Arturo Alfaro, ecologista y presidente de la ONG Vida, comentó a Verificador que, a raíz de que el coronavirus posee una característica similar a la de otros virus, el agua de mar sí inactiva al SARS-CoV-2. “La salinidad del agua puede, como hace con otros coronavirus, romper esa capa protectora y, con eso, lo que hace efectivamente es ‘matar’ al virus, lo inactiva. No hay mucho estudio sobre eso porque es un virus nuevo, como se dice, pero se hace esta asociación a partir de los virus existentes”, dijo.

Asimismo, manifestó que esa acción de inhibición del virus es también por el efecto de dilución del mar. “La persona se expone a una carga viral muy alta y es ahí cuando entra el contagio. En el mar hay una dilución enorme y, cuando alguien está contagiado, entonces la carga viral que puede añadir esa persona cuando tose o escupe se diluye en el mar, aunque si hay otra persona muy cerca podría contagiarse, pero no se ha visto eso”, señaló.

Recalcó que ello no significa que entrando en contacto con las aguas del mar un paciente se puede curar de la COVID-19. Tampoco sucederá si la persona toma agua de mar. “Eso no sucede”, sentenció.

Un artículo publicado en National Center for Biotechnology Information el 2 abril de 2020 revela que la presencia de los coronavirus en las aguas es muy escasa y que los factores ambientales, como la temperatura, parecen afectar la capacidad del CoV para persistir en el agua.

Sin embargo, concluye: “Se necesitan más investigaciones para estudiar la presencia potencial y el destino del coronavirus y otros virus envueltos en las aguas residuales municipales y el agua potable para desarrollar métodos sólidos para el análisis del agua”.

Informe de CSIC

El post se ha respaldado en el informe de CSIC. La publicación más antigua de este documento es de una nota del portal web Canal Sur, del 8 de mayo del año 2020. En esta se describe la entrevista que sostuvo Joan Grimalt, miembro del grupo de investigación de CSIC, en una radio llamada Andalucía.

Grimalt es uno de los participantes que contribuyó al informe denominado “Transmisión de SARS-CoV-2 (causante de Covid-19) en playas y piscinas”.

Informe de CSIC. Foto: captura CSIC.

En el documento se aclara lo siguiente: “(El informe) no trata de definir las condiciones necesarias de utilización (de los espacios acuáticos), porque para eso se debería hacer un estudio con el tiempo de planificación suficiente, (...) sino que se resume el estado del arte de lo que se describe en la literatura científica a fecha 5 de mayo de 2020 y avalado por la opinión de los investigadores firmantes”.

Sobre la transmisión del virus en las playas, el informe indica que no se dispone de información científica sobre la capacidad del SARS-CoV-2 para permanecer infeccioso en agua salada, pero que se identificó que el cloruro sódico es un agente biocida eficaz contra SARS-CoV-2.

Con respecto al aire en la orilla del mar, los aerosoles formados por las olas y el viento, indica que son abundantes y que “podrían transportar el virus por este medio, por lo que una distancia segura sería superior a los dos metros recomendados en ciudad”.

Sin embargo, señala que ni la Organización Mundial de la Salud (OMS), ni los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), ni las Agencias de Salud locales de EE. UU. u otros países han advertido que el virus puede propagarse por la brisa marina o la brisa costera.

En la parte final dice que “sería deseable disponer de una mayor información de la supervivencia e infectividad del SARS-CoV-2 en aguas marinas y dulces, así como en los aerosoles formados en estos sistemas y en las arenas”.

No obstante, Omar Vallejos, asistente de investigación en el Laboratorio de Patogénesis Microbiana de la Universidad Católica, manifiesto para una publicación de Fast Check CL, en agosto del año pasado, que “no existe ningún estudio que indique que la sal de mar tenga un efecto sobre el virus de la COVID-19”.

Indicó que el SARS-CoV-2, como organismo autónomo, necesita de otra célula para sobrevivir (la del hombre). Por ello, señaló que el virus resistirá poco en condiciones ambientales, pero no por el ambiente —mar, arena, bosque, etc.— sino porque “no va a tener qué infectar y se va ‘morir’”. “En el caso de las piscinas, sí podría haber un efecto del cloro, porque se sabe que es uno de los principales agentes inactivantes del coronavirus”, especificó Vallejos.

Por su parte, la bióloga marina e investigadora en el programa de ciencia ciudadana Científicos de la Basura, Daniela Honorato, dijo al medio referido que el informe del CSIC extrapola que el cloruro de sodio (la sal del mar) inactiva también al coronavirus porque en una investigación se concluyó que inhibe la replicación del virus de la influenza .

Sin embargo, sostuvo que en los experimentos utilizaron concentraciones altísimas de cloruro de sodio —al 29,03%—, mientras que la concentración típica en el agua de mar es de sólo 3,5%. Por lo tanto, consideró que hay que tener mucho cuidado y precaución al momento de hacer este tipo de extrapolaciones.

Además, Honorato comenta que el CSIC cita estudios en formato preprint; es decir, investigaciones que indican —en altas probabilidades— que no fueron revisados, evaluados y validados por científicos y expertos en la materia.

Conclusión

Es engañoso realizar esta asociación entre el uso de las playas y la supervivencia del nuevo coronavirus. La probabilidad de sobrevivencia del virus de la COVID-19 en ambientes externos en general es mínima; por ello, la posibilidad de contagio mediante superficies contaminadas es casi nula. Las restricciones de las playas están relacionadas con evitar focos de contagio.

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