14 Oct 2020 | 14:17 h

Una publicación difundida a través de las redes sociales aseguraba que las vacunas contenían “sales de aluminio, compuestos no biodegradables, glifosfato, arsénico, mercurio y ADN fetal”. En dos meses, fue visualizada más de 90.000 veces.

“Estas son solo unas pocas de las sustancias encontradas en numerosos análisis de laboratorios independientes, que no cobran de farmacéuticas”, apuntó la publicación de Facebook.

Uno de los post fue compartido más de 300 veces. Foto: Captura de Facebook.

Primero, algunas de las sustancias que conforman la lista sí se encuentran en vacunas, pero no en todas. En ese sentido, es impreciso. Segundo, no se toma ADN de fetos abortados con el fin de fabricar vacunas. Tercero, no hay pruebas científicas para afirmar que las vacunas contienen “compuestos no biodegradables”.

Sustancias que se mencionan en el post no son “componentes ocultos”

La publicación de Facebook mencionó que “análisis de laboratorios independientes, que no cobran de farmacéuticas” habían “encontrado” sustancias tales como sales de aluminio, glifosfato, mercurio y formaldehído.

Al respecto, la doctora Erika Castillo mencionó que era una afirmación engañosa. “Se mencionan sustancias como si fuesen ocultadas maliciosamente, lo que no es cierto. Los laboratorios informan el tipo de vacuna y sus componentes, incluido los adyuvantes; no solo para reportar su inocuidad, dosis y/o potenciales contraindicaciones, sino porque sirve de referencia para futuras vacunas”.

Las vacunas no están elaboradas a partir de fetos

Los fabricantes de vacunas no toman fetos recién abortados (o su ADN) para elaborar vacunas. Lo que sí se usan son líneas celulares.

Primero, “se extrae una muestra de tejido de un órgano”, de acuerdo a Maldita Ciencia. Luego de varios procesos de depuración, se seleccionan células específicas. Las células que se obtienen descienden del tejido, “pero nunca formaron parte de él”, detalló la plataforma de fact-checking. Estas se pueden reproducir y dan lugar a una línea celular.

Erika Castillo —PhD en Ciencias Médicas y fundadora de Cienciagenerika— explicó a Verificador que, para producir una vacuna, primero se tiene que aislar el virus original, multiplicarlo en laboratorio y purificarlo. “Como el virus de interés infecta a humanos, se usan células humanas como (una especie de) ‘fábricas’ para multiplicar al virus, (incluyendo a) células embrionarias", dijo.

Así, lo que se utilizan son cultivos de células que, si bien tienen origen humano, fueron producidas en un laboratorio. Estas se llaman WI-38 y MRC-5. “(Su) origen remoto fueron tejidos pulmonares de dos únicos fetos producto de abortos (uno en 1962 en Suecia y el otro en 1966 en el Reino Unido)”, aclaró el Comité Asesor de Vacunas español (CAV)

“Las células (de la línea celular) se siguen multiplicando y usando desde esa época, (...) no es que se colecten fetos maliciosamente para obtenerlas”, zanjó Castillo.

Las vacunas que utilizan estas líneas celulares son las de la rubeola, varicela, herpes zóster, rabia y hepatitis A, de acuerdo al CAV.

¿Qué contienen las vacunas?

Como lo indicamos en una anterior verificación, los componentes de las vacunas están presentes en cantidades seguras para nuestro cuerpo, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Las vacunas son productos biológicos que contienen uno o varios antígenos que se administran con el objetivo de producir un estímulo inmunitario específico”, explicó el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. El antígeno “guarda cierto parecido con el patógeno o microbio que causa la enfermedad”, según Hipertextual, a fin de que el sistema inmunológico pueda defenderse en caso de exposición a la enfermedad.

Los componentes van a depender del tipo de vacuna que sea y de la enfermedad que busca prevenir. El Comité Asesor de Vacunas español las divide en dos grandes grupos de acuerdo a su composición: víricas y bacterianas. Por su parte, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) clasifica las vacunas en siete tipos.

Están las vacunas de virus vivos atenuados y las de virus inactivos. Además, las vacunas con toxoides, que se desarrollan en base a una toxina obtenida a partir del germen. También, las que contienen una parte específica del germen: las de subunidades, las recombinantes, las polisacáridas y las combinadas.

Clasificación de vacunas. Fuente: Comité Asesor de Vacunas español (2020).

“Una vacuna es una solución que contiene no solo el virus inactivo, o parte del virus, sino también preservantes (para evitar contaminación), adyuvantes (que son sustancias o moléculas que van a ayudar a repotenciar nuestra respuesta del sistema inmune y así la vacuna será más efectiva), entre otros”, detalló la doctora Erika Castillo.

Además del antígeno inmunizante, el preservante y el adyuvante, una vacuna puede contener un líquido de suspensión, estabilizante e, incluso, antibióticos.

Tabla con ejemplos de componentes de vacunas. Foto: CDC EE. UU.

¿Acero inoxidable y glifosato?: No

En la sección “Vacunas e inmunizaciones” (tabla anterior) de la FDA no se reportó el glifosato, el acero inoxidable o “compuestos no biodegradables” (a diferencia del timerosal, las sales de aluminio, la gelatina, la proteína de huevo y el formaldehído).

Además, Ojo Público desacreditó las plataformas que enlazaba la publicación, debido que no se indexaron a revistas o repositorios científicos. Por tanto, no hay evidencia al respecto sobre esos tres.

No ubicamos información que relacione a la vacuna con el “acero inoxidable”, como mencionó la publicación. Búsquedas con palabras clave solo nos remitieron a páginas que vendían jeringas y artículos similares. Una situación idéntica ocurrió con los compuestos “no biodegradables”.

Sobre el glifosato, químico que se usa como herbicida, uno de los códigos QR del post nos condujo a una publicación de Mom Across América del 2016, que pedía pruebas para las vacunas registradas por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA). ¿Cómo, supuestamente, llegaba a las vacunas? El artículo aseguraba que el ganado consumía cultivos fumigados con glifosato. Posteriormente, se obtenía gelatina de esos animales para usarse en la fabricación de la vacuna.

El blog especializado Genetic Literacy Project opuso un par de argumentos. El primero, que el glifosato es metabolizado por la microbiota del suelo; en vez de las plantas. En segundo, que no se encontró evidencia del herbicida en los deshechos de las cabras y gallinas, de acuerdo a un documento del Centro Nacional de Información de Pesticidas, de Estados Unidos.

Al respecto, Full Fact recogió la versión de que no había ninguna referencia al glifosato por parte de los fabricantes.

En junio del 2020, Bayer recibió demandas que asociaron el uso del glifosato como herbicida al cáncer, según BBC. Esto no está relacionado con las vacunas, sino con su utilización en la agricultura.

Aluminio, en algunas vacunas como adyuvante

En muchas vacunas, las sales de aluminio se utilizan como adyuvante, registró la misma Organización Mundial de la Salud. La Asociación Española de Vacunología precisó que esto se aplicaba a la mayoría de vacunas inactivadas.

Los adyuvantes estimulan una mejor respuesta inmunitaria y se encuentran, por ejemplo, en las vacunas para prevenir la hepatitis A, hepatitis B e influenza tipo B, de acuerdo al Hospital de Niños de Filadelfia (CHOP).

“El aluminio que contienen las vacunas es similar al que se encuentra en un litro de fórmula infantil”, aseguró el CHOP. El blog Healthy Children, de la American Academy of Pediatrics, aseguró que se ha estudiado “durante 75 años” y que la cantidad utilizada en las vacunas es segura.

Según el artículo Las vacunas que contienen sales de aluminio son inocuas, publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública, una revisión sistemática permitió conocer que la inmunización con vacunas que contenían aluminio “estuvo asociada con un mayor riesgo de enrojecimiento en el sitio de la inyección”, pero “no se encontraron pruebas de que las vacunas con sales de aluminio provocaran trastornos graves o de larga duración”.

Por otro lado, una exposición prolongada al aluminio sí puede resultar peligrosa. De hecho, está en la lista de la Agencia para el Registro de Sustancias Tóxicas y Enfermedades.

Timerosal y formaldeído: a veces, como conservantes

El timerosal es parte de las vacunas contra la gripe, como conservante. También se encuentra en algunos tipos de pescado. “Es un compuesto que contiene etilmercurio y se utiliza para evitar el crecimiento de bacterias y hongos en algunas vacunas inactivadas”, detalló la OMS.

Las vacunas de virus vivos no contienen timerosal, según la OMS. En ese sentido, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) indicaron que era seguro usar etilmercurio en vacunas “porque se procesa de manera diferente en el cuerpo y es menos probable que se acumule en el cuerpo, y porque se usa en pequeñas cantidades”.

Al respecto, la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) del Ministerio de Salud (Minsa) manifestó que, en el Perú, todos los productos que contienen timerosal “están dentro del rango aceptable”.

El formaldeído es un preservante. Sirve para evitar la contaminación por parte de otros microorganismos. “En rarísimas ocasiones, pueden ocasionar reacciones alérgicas o tóxicas”, indicó la Asociación Española de Pediatría refiriéndose a los conservantes. Según el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU., “hay más formaldehído natural en nuestros cuerpos que el presente en las vacunas”.

Conclusión

Los componentes de las vacunas no están ocultos y tampoco se aplican a todas las vacunas. Por otro lado, no se necesita abortar a fetos para tomar su material genético y fabricar vacunas, como se puede desprender del post. Además, no encontramos evidencia de que las vacunas contuvieran acero, glifosato y sustancias no biodegradables. Por lo tanto, consideramos que la publicación contiene información imprecisa, engañosa y falsa.

*Si desea saber si una publicación en las redes sociales es cierta o falsa, puede pedir a La República que compruebe la información. Envíe su solicitud al apartado Contacto o escríbanos a nuestro WhatsApp (+51 997 883 271).

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