A pesar que el dióxido de cloro no ha sido reconocido como medicamento —como lo señaló el mismo Andreas Kalcker— varias personas lo recomiendan para tratar la COVID-19.

En ese sentido, el último 23 de setiembre se publicó una entrevista donde se recogían varias afirmaciones falsas sobre su uso. “La COVID-19, el SARS-Cov2, para el dióxido de cloro no es nada”, dijo Guillermo Tamayo, presidente de la Coalición Mundial Salud y Vida (Comusav). Elaboramos este artículo debido a que suscribió bulos que han circulado durante toda la cuarentena.

Artículo versaba sobre una entrevista donde se dieron afirmaciones falsas acerca del dióxido de cloro. Foto: Captura de Twitter.

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Es falso que el dióxido de cloro elimina la COVID-19 “porque alcaliniza el cuerpo”

“El dióxido de cloro mantiene el cuerpo alcalino, con un pH alto y al momento que ingresa un virus lo detecta y lo elimina”, manifestó Tamayo.

La justificación para consumir dióxido de cloro que dan los promotores de CDS es que las enfermedades prosperan en personas con pH ácido, ya que, supuestamente, el químico ayuda a “alcalinizar” el cuerpo.

Sin embargo, nuestro organismo posee diversos fluidos y, por lo tanto, diversos pH. El potencial de hidrógeno (pH) “mide el grado de alcalinidad o acidez de una sustancia”, según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos

De manera natural, el cuerpo humano tiene un pH neutro (de 7,35 a 7,45), como expusimos en una anterior verificación. Además, se calcula midiendo el pH sangre, según el Departamento de Agricultura de Carolina del Sur.

Este pH se encuentra “estrictamente controlado” por ‘sistemas tampón’, llamados también buffers o amortiguadores, como explicamos recientemente.

Un pH sanguíneo fuera de los rangos de neutralidad no causa problemas de salud; los evidencia. Es decir, un pH irregular es un indicador de que el cuerpo posee una enfermedad.

El cuerpo humano no puede ser “desinfectado” de un virus como el agua

El dióxido de cloro es un compuesto oxidante, no oxigenante —como lo alertaron Salud con Lupa, AFP Factual y Ojo Público—. Además, la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid), del Ministerio de Salud (Minsa), advirtió que su consumo podría “causar graves daños”.

El dióxido de cloro es un desinfectante, como explica un documento de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan. En ese sentido, sí tiene una acción sobre las bacterias y los virus, pero en el agua y en materiales de laboratorio.

“El efecto que tiene sobre los virus incluye su absorción y penetración en la capa proteica de la cápside viral y su reacción con el RNA del virus. Como resultado, se daña la capacidad genética del virus”.

Para una verificación anterior, el decano del Colegio Químico Farmacéutico del Perú, Marcial Torres, aclaró que el cuerpo humano, un organismo vivo y complejo, emitía una respuesta diferente al agua ante el estímulo que significaba consumir dióxido de cloro.

No hay pruebas científicas de la efectividad del dióxido de cloro contra la COVID-19

Por último, el representante de la Comusav afirmó que “tenía la evidencia” de que el dióxido de cloro curaba la COVID-19. Pero, tal como lo demostramos en los últimos meses (1, 2, 3 y 4), aún no hay estudios concluyentes, revisados por pares o publicados en una revista científica que demuestren eso.

Por ejemplo, respecto al estudio citado, que se realizó en Ecuador en junio del 2020, expusimos que presentaba falencias en su elaboración. Entre los 104 participantes de la investigación habían personas que no fueron diagnosticadas con COVID-19. Maldita Ciencia señaló que no había un grupo de control para poder comparar la evolución de los participantes que recibieron CDS con los que no. Tampoco se había realizado un ‘doble ciego’: los pacientes sabían que estaban ingiriendo dióxido de cloro.

Juan González del Castillo, responsable de Enfermedades Infecciosas de Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), dijo al verificador español que no se detallaba información acerca de enfermedades coexistentes en los participantes. Por último, tampoco había sido sometido a una revisión por pares. Es decir, otros científicos ajenos a la investigación no evaluaron el documento.

Conclusión

Las afirmaciones vertidas durante la entrevista no tienen sustento científico. Los estudios a los que hace alusión no han sido revisados por otros investigadores y han recibido críticas debido a errores de metodología. Por lo tanto, calificamos el contenido como falso.

*Si desea saber si una publicación en las redes sociales es cierta o falsa, puede pedir a La República que compruebe la información. Envíe su solicitud al apartado Contacto o escríbanos a nuestro WhatsApp (+51 997 883 271).

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