La República

Un video en Facebook, visualizado más de 34.000 veces en las últimas 24 horas, alerta sobre el consumo de azúcar en los pacientes con COVID-19. Supuestamente, este alimento es un “veneno mortal” y afecta a los pulmones con una “tormenta”.

Sin embargo, este contenido es impreciso porque no diferencia entre el azúcar natural (presente en frutas) y el refinado o añadido. Aunque no existe estudio ni evidencia científica de que el azúcar u otro alimento potencie específicamente la COVID-19, sí es cierto que se restringe en estos pacientes para mejorar sus condiciones de salud.

Es importante precisar que el consumo de azúcar en exceso y a largo plazo podría generar distintos tipos de enfermedades.

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No es cierto que el azúcar cause una tormenta (de citoquinas o de leptina) en los pulmones de los que tienen el virus (SARS-CoV-2).

El médico endocrinólogo Víctor Berrocal explicó a Verificador de La República que el consumo de azúcar no ocasiona una tormenta de las citoquinas. “Mencionar que una sola sustancia haya causado una tormenta de citoquinas o daño pulmonar en este contexto de pandemia (del nuevo coronavirus) no es cierto. Para que el azúcar cause un efecto dañino tiene que ser por un consumo exagerado y a largo plazo. El contexto de la COVID-19 es algo reciente. Entonces, no quiere decir que si yo como azúcar (ahora) voy a generar una mayor propensión o severidad de la infección por la COVID-19”, declaró.

La restricción del consumo de azúcar no significa que prevendrá la enfermedad del nuevo coronavirus, sino que mejorará las condiciones de salud, según el especialista.

De acuerdo a una publicación del 18 de junio de National Geographic Channel, la tormenta de las citoquinas (proteínas) es una respuesta descontrolada del sistema inmunitario luego de detectar un patógeno en el cuerpo como es el SARS-CoV-2. Angela Rasmussen, viróloga de la Universidad de Columbia, aseveró que “las citoquinas alistan un ejército innecesario de combatientes para terminar haciendo más daño que el virus en sí”.

Por su parte, la reumatóloga del Hospital Brigham and Women’s de Boston, Anna Helena Jonsson, sostuvo que las tormentas de citoquinas son ‘una de las principales formas en que las personas con COVID-19 terminan muriendo”.

No obstante, el artículo señaló que aún se encuentra en investigación la relación de la tormenta de las citoquinas o citocinas con el estado del paciente con COVID-19, así como la causa que la desencadena. Asimismo, precisó que las “sobrerreacciones inmunitarias” no son exclusivas del nuevo coronavirus.

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Por otro lado, Víctor Berrocal afirmó que hablar de una “tormenta de leptina” causada por el azúcar es un postulado “vago” y no tiene asidero. “En el caso de una persona obesa, quien ya está en un estado de inflamación crónica, esto genera una mala calidad de respuesta ante ciertos eventos como las infecciones. Entonces esta situación hace que la persona tenga más riesgo y pueda ingresar en un cuadro más severo de la COVID-19 “, resaltó.

Pennington Biomedical Research Center LSE, mediante un comunicado, publicado el 24 de julio, precisó que la hormona leptina regula el apetito y el metabolismo y las células que combaten las infecciones. “Cuanto más grasa tiene una persona, más leptina circula en su cuerpo”, anunció.

“El problema para las personas con obesidad es que sus niveles de leptina siempre son altos y eso puede afectar la respuesta a una infección por COVID-19”, declaró a la empresa de investigación Candida Rebello, PhD, RD y autora principal del artículo ‘La obesidad, la comorbilidad más común en el SARS-CoV-2: ¿Es la leptina el vínculo?‘.

Por otro lado, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aumento en la ingesta de alimentos de alto contenido calórico que son ricos en grasa y el descenso en la actividad física son las causas fundamentales de la obesidad y sobrepeso.

Restringir ’azúcares añadidos’ sí puede mejorar la salud, pero no hay pruebas de que el azúcar potencie la COVID-19.

Conforme a las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) al Ministerio de Salud de Uruguay, el azúcar en su forma natural se encuentra en la fruta, la leche, la miel y la savia de ciertos árboles, pero este alimento también es obtenido “del procesamiento de la caña de azúcar o de la remolacha, a partir de las cuales se elabora azúcar de mesa u otros endulzantes que se adicionan a los alimentos”.

“El azúcar, además de proporcionar energía, mejora el sabor, textura y apariencia de los alimentos (...) Las frutas contienen azúcar, pero también aportan agua, fibra e importantes vitaminas y minerales que aumentan sus beneficios nutricionales”, detalló el informe.

La FAO recomendó limitar el consumo de azúcar añadido, pero no el de frutas o leche u otros alimentos, que contienen azúcar en forma natural. “Consumir grandes cantidades de azúcar o alimentos azucarados (azúcar añadido o refinado) puede llevar a la reducción del consumo de otros alimentos que contienen nutrientes importantes”, detalló.

En comunicación con Verificador de La República, la exdecana del Colegio de Nutricionistas del Perú (CNP), Saby Mauricio, dijo que el azúcar es un carbohidrato simple y que los carbohidratos comprenden la siguiente clasificación:

Carbohidratos complejos
Cereales, tubérculo, menestras, etc.
Simples
Azúcar de mesa (también llamada azúcar blanca o sacarosa)
Azúcar sin refinar
Azúcar de caña
Miel de caña
Azúcar de remolacha
Miel
Azúcar rubia
Melaza
Fructosa
Miel de arce o maple
Azúcar en polvo
Jarabe de maíz con alto contenido de fructosa

“El exceso de azúcar provoca hiperglucemia que es capaz de aumentar la gravedad de las infecciones virales como el coronavirus (SARS-CoV-2). También, agota el equilibrio de nutrientes del cuerpo lo que desencadena una cascada de inflamación y alteración metabólica. Está demostrado en adultos y niños que la obesidad, diabetes e hipertensión son los factores de riesgo de contraer la COVID-19 y de incrementar el riesgo de mortalidad”, declaró Saby Mauricio, quien, además, es directora de la Escuela Académica Profesional Nutrición Humana de la Universidad Norbert Wiener.

Según la exdecana, el ser humano necesita consumir de 50 % a 60 % de carbohidratos, 30 % de grasa, de 10 % a 20 % de proteínas y hasta un 10 % de azúcares simples que implica 50 g aproximados para una persona adulta. “El reducir o eliminar el 10 % de azúcar solo influirá en la palatibilidad o sabor”, enfatizó.

Para el nutricionista y representante del Colegio de Nutricionistas de Lima, Edinson Sánchez, no está probado que el consumo de azúcar ‘potencie’ la enfermedad del nuevo coronavirus. “No hay un estudio comprobado o alguna evidencia científica de que reducir un alto consumo de azúcar puede prevenir la COVID-19 (...) No hay una relación directa entre un alimento y la prevención o tratamiento de la COVID-19”, declaró a Verificador de La República.

El también educador en obesidad y diabetes se refirió a la importancia de buscar un estilo de vida saludable que conlleva una alimentación saludable, como la reducción de azúcar. “Una alimentación saludable potencia y refuerza nuestro sistema inmunológico pero no significa que así vamos a evitar la COVID-19 (…). Nos va a ayudar a fortalecer (el sistema inmune) y podría reducir el riesgo a contraer diversos tipos de enfermedad como el nuevo coronavirus”, señaló.

Asimismo, resaltó que el azúcar natural de las frutas no se compara con la cantidad de azúcar que hay en los alimentos industrializados. “El azúcar que encontramos en las frutas es la fructosa. No es que el azúcar de la fruta sea perjudicial para la salud de las personas, sino que se debe consumir más o menos al día, tres raciones (...) Distinto es el azúcar añadido, es decir, el azúcar blanco que se añade en algunos alimentos procesados o digamos alimentos ultraprocesados o comida chatarra”, especificó.

Para Edinson Sánchez, no existe relación de que al paciente con COVID-19 no se le da azúcar porque tiene la enfermedad y tampoco de que se le restringe el azúcar porque así la persona mejorará.

“A los pacientes con sintomatología leve y asintómaticos se les recomienda una alimentación saludable, no se les prohíbe ningún alimento. Se le puede restringir el consumo de azúcar como parte de la alimentación saludable. Normalmente, una persona (sin alguna enfermedad) no debe excederse de más cinco cucharaditas de azúcar. En los graves, tambien se les limita el azúcar ya que como parte del tratamiento se usan algunos corticoides que pueden elevar la glucosa en sangre”, precisó.

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Por su parte, la nutricionista a domicilio, Nataly Aguilar, explicó a Verificador de La República que “el consumo de azúcar (granulado) en pacientes con COVID-19 generará que los pulmones trabajen más”. “Todos los derivados del azúcar van a incrementar el gasto pulmonar. El fin es buscar que los pulmones del paciente con coronavirus no trabajen tanto. Que descanse. Para lograr esto la alimentación se tiene que basar principalmente en proteínas de alto valor biológico y en grasas de buena calidad”, dijo.

La especialista en Nutrición aclaró que no se puede decir que si el paciente con COVID-19 consume azúcar entonces empeorará su estado (de leve a grave). Aunque, precisó que un exceso consumo de azúcar añadido sí ocasionará un mayor riesgo de que el paciente suba de peso; y, por lo tanto, mayores complicaciones.

“No sabemos cuánto es el porcentaje de asociación. Pero si alguien consume más porcentaje de azúcar, tus pulmones trabajarán más. Esa es la relación (azúcar-COVID-19) pero no tenemos el porcentaje o el grado de complicación”, resaltó.

Es cierto que el consumo continuo de azúcar añadido daña el sistema inmunológico

La nutricionista Nataly Aguilar explicó que el exceso de consumo de azúcar (añadido) daña el sistema inmunológico. “Al tener estas alteraciones (en el sistema inmune), las personas estarán más propensas a cualquier otra enfermedad. Comes más azúcar, subes de peso y tienes más riesgo de diabetes, de hipertensión, complicaciones con el COVID-19, de presentar artrosis, cálculo”, dijo.

En caso de los azúcares naturales, cada persona cuenta con un requerimiento distinto, según la nutricionista. “Si alguien consume azúcar natural en la cantidad requerida no le tendría por qué hacer daño. Si se consume de forma variada y distribuida a lo largo de todo el día, no le va a generar daño. El azúcar natural no tendría por qué hacer daño”, afirmó.

Para la exdecana del CNP, Saby Mauricio, el tejido adiposo extenso del paciente obeso altera el sistema inmune y la enfermedad de la COVID-19 conlleva a un estado de estrés metabólico, el mismo que está caracterizado por la hiperglicemia agravada por la infección. Por ello, los pacientes con esta clínica (con coronavirus), según la nutricionista, se prefiere tratarlos como diabéticos reduciendo los azúcares o monitoreando con insulina a escala móvil.

“La hiperglicemia provoca una resistencia a la insulina y esta ocasiona una cascada de citoquinas proinflamatorias que compromete el funcionamiento del sistema inmune y otros órganos como el respiratorio, lo que trae como consecuencia la asistencia ventilatoria, riesgo de tromboembolismo”, explicó Saby Mauricio, añadiendo que no se puede decir que el funcionamiento del sistema inmune vuelve a funcionar en 12 horas si se deja de consumir azúcar.

Es cierto que en las personas con alto nivel de azúcar las vacunas no funcionan tan bien.

Según el médico endocrinólogo Víctor Berrocal, hay personas con altos niveles de azúcar en las que la vacuna no funciona bien, como es el caso de los pacientes con diabetes. “La persona con diabetes presenta una elevación de la glucosa permanente y crónica. La hiperglicemia (cantidad excesiva de glucosa en la sangre) genera una alteración en la capacidad de respuesta del cuerpo. Las respuestas del sistema inmunológico están deterioradas. Mientras más tiempo pase, este fenómeno genera una elevación de la glucosa y la capacidad del cuerpo de generar una respuesta inmunológica también está deteriorada. Por tanto, en ciertos casos cualquier paciente puede recibir cualquier tipo de vacuna y el efecto no es el mismo”, detalló.

El sistema inmunológico que no está bien ocasiona dificultades para que cuerpo desarrolle mecanismos y genere anticuerpo (efecto protector), de acuerdo al médico endocrinólogo. “Aunque la vacuna no funciona tan bien en la persona diabética, eso no quiere decir que no debe vacunarse. Es necesario cumplir con las vacunas recomendadas. Igual da un efecto protector”, enfatizó.

De acuerdo a Víctor Berrocal, en algunos casos la vacuna no funciona, por lo que los pacientes pueden recibir “dosis de refuerzo”, pero no es un “común denominador”. “El paciente crónico, que tiene un sistema inmunológico deteriorado tiene que recibir una vacunación adecuada y sugerida, según el sistema de salud donde se encuentra”, recomendó.

La vacuna en las personas con diabetes es muy importante porque proporciona protección contra otras enfermedades, según el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC). El sistema inmune de estos pacientes está débil y presenta más probabilidades de adquirir alguna influenza (gripe), neumonía, bacteremia o meningitis, entre otros.

Un refresco tiene, aproximadamente, 10 cucharadas de azúcar.

El nutricionista Edison Sánchez precisó a Verificador La República que una botella de gaseosa personal de 500 ml concentra en promedio entre 10 a 12 cucharaditas de azúcar, es decir, más del doble del azúcar que podríamos consumir al día (menos de 5 cucharaditas). Asimismo, explicó que los jugos y refrescos envasados contienen un rango de 8 a 10 cucharaditas de azúcar.

Por su parte, Nataly Aguilar declaró que un vaso de gaseosa puede tener 4 cucharaditas de azúcar, siendo 1 cucharadita de azúcar portadora de 20 calorías.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dio a conocer mediante el documento ’2030: alimentación, agricultura y desarrollo rural en el Caribe y América Latina’ que la región de América Latina y el Caribe ha experimentado una transformación veloz de los sistemas alimentarios y la posibilidad de formas de malnutrición, tales como subalimentación, desnutrición, sobrepeso y obesidad, y deficiencias de micronutrientes, entre otras.

“La oferta de alimentos a los consumidores cada vez más urbanos se caracteriza por una alta penetración de las cadenas de supermercados, la que va acompañada por importantes campañas de comunicación y promoción de alimentos procesados altos en niveles de nutrientes críticos (azúcar, grasas y sal). (...) La transformación de los sistemas alimentarios implica efectos sobre los patrones de consumo de alimentos y con ello en la prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles”, se explicó en documento.

Para el médico endocrinólogo Víctor Berrocal, el azúcar añadido forma parte de la comida rápida o ‘chatarra’ y los alimentos ultraprocesados y el azúcar procesado en las bebidas genera un mayor trabajo en el organismo. “Las personas que comen este tipo de alimento suben más sus niveles de glucosa. El cuerpo producirá más insulina para contrarrestar esta subida de glucosa. Pero el cuerpo se cansará y en algún momento dejará de forma insulina de forma suficiente y aquí es cuando genera más daño. No son efectos a corto plazo, sino a largo plazo. Es un periodo largo y de manera reiterativa. Y lamentablemente se está viendo mucho en nuestro país (Perú)”, señaló.

México no prohibió la venta de dulces y comida ‘chatarra’, sino el estado de Oaxaca

El 5 de agosto, el Congreso local de Oaxaca, estado de México, aprobó modificar la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes para prohibir vender, regalar, distribuir o promocionar productos no saludables a menores de edad. Se consideró a las bebidas azucaradas y alimentos con alta concentración calórica (comida ‘chatarra’).

De acuerdo a una declaración del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, el país ocupa el segundo lugar de altos índices de obesidad a nivel mundial.

Según el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de México, las bebidas azucaradas son un riesgo para la salud y las estimaciones más actuales le atribuyen a su consumo el 7 % de las muertes en adultos mexicanos.

“A pesar de estos riesgos, México se encuentra entre los países con una mayor ingesta de bebidas azucaradas por persona, con aproximadamente 163 litros al año por persona. Si se considera que no todos los mexicanos las consumen, se pensaría que quienes toman bebidas azucaradas, ingieren mucho más que el promedio”, explica en su informe.

Se demostró que un alto consumo de azúcares produce enfermedades tales como la obesidad, trastornos metabólicos y caries, de acuerdo al INSP. “La obesidad se relaciona con diabetes tipo II, hipertensión, dislipidemias, algunos tipos de cáncer y con una inflamación crónica que debilita la respuesta inmune. Por otro lado, se sabe que tener una dieta alta en sodio está relacionada con el desarrollo de hipertensión”, detalló.

Para el INSP, la presencia de estas enfermedades y las afectaciones al sistema inmunológico es un factor muy importante en plena pandemia del nuevo coronavirus, ya que una persona con obesidad, diabetes, hipertensión o un sistema inmune debilitado será más susceptible a enfermar gravemente por el virus.

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Conclusión

El video que circula en Facebook es impreciso porque el azúcar no causa una tormenta de citoquinas o leptina en los pulmones de un paciente con COVID-19. Una sola sustancia no puede ocasionar este evento. Además, el azúcar genera daño en el ser humano a largo plazo y por un exceso de consumo de este alimento. El nuevo coronavirus es reciente, por tanto, no se puede determinar que si ahora una persona come azúcar, mañana se enferma.

La restricción de comer azúcar forma parte de la alimentación saludable para mejorar las condiciones de salud de los pacientes con coronavirus, pero no hay pruebas de que el azúcar ‘potencie’ la enfermedad.

El viral no distingue al azúcar procesado o refinado del azúcar natural que generalmente no es perjudicial a la salud si se respetan las porciones requeridas.

El alto consumo de azúcar hace trabajar los pulmones de una persona con COVID-19 y el fin es hacer descansar los órganos, por ello, es recomendable reducir el consumo. Aunque, esto dependerá del organismo de la persona, puesto que si se trata de un paciente con diabetes la idea es restringir.

La alta cantidad de glucosa por el consumo excesivo de azúcar deteriora las respuestas del sistema inmunológico. Por ello, la vacuna en personas con altos niveles de azúcar no funciona tan bien porque ocasiona dificultades para la generación de anticuerpos. No obstante, las personas deben vacunarse porque hay siempre un efecto protector.

Los alimentos procesados no forman parte de una alimentación saludable porque son altos en grasas, azúcar y sal. Estos aportan poco valor nutricional.

La prohibición de la venta de dulces y comida ‘chatarra’ se estableció en el estado mexicano de Oaxaca, no en todo el país.

El alto consumo de azúcar (procesada) genera enfermedades como la obesidad, diabetes, un sistema inmune debilitado, entre otras, y son las personas con estas características quienes están más susceptibles de enfermarse gravemente por la COVID-19.

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