“Hay objetos que te están gritando: ¡Mírame, soy arte!”

Maricruz Arribas. Artista plástica. Pionera de hacer arte del reciclaje en el Perú.

Maricruz Arribas. Artista plástica. Pionera de hacer arte del reciclaje en el Perú.

¿Hay algún material que tenga límites artísticos para ti?
 
Fíjate que no sé. Yo le hubiese puesto un límite, o simplemente no lo hubiera dejado entrar a mi taller, al plástico.  Y sin embargo lo hice…  
 
¿Qué prejuicios tenías?
 
Que tenía que aceptar su forma tal cual. No podía yo transformarlo. Hay gente que recicla el plástico y agarra una botella, le mete una máquina y la botella se convierte en diez metros de hilo. Ese tipo de reciclador industrial maravilloso no soy yo. Yo uso los objetos como son. Yo pienso que no hay límite…
 
¿Y qué debe tener un material para que te convoque a usarlo?
 
Tiene que haber algo que va conmigo. A mí el objeto me tiene que hablar, me tiene que llamar. Hay objetos que pasan a mi lado y ni los miro. Si alguien me trae un objeto y me lo impone, ese objeto no tiene futuro conmigo. Una vez me regalaron una pata de televisor y a la semana la boté, porque no me inspiró nada.  
 
¿Cuál es el material más absurdo al que has dado uso artístico?
 
(Silencio) Lo que pasa es que hay materiales como fierro, madera, incluso cemento o adobe, que en sí son neutros,  trozos de materiales que han sido algo antes. Pero objetos ya predeterminados, que vienen como objetos, son otra cosa. Ambos me sirven.
 
¿Cuáles son estos objetos? 
 
Mira esto: es un pedazo de uso industrial de una máquina que no sé qué es o ese resorte: es tan bonito que no hay que hacerle nada. Ese resorte no es mérito mío: simplemente llegó, lo limpié y de frente terminó ahí. Son cosas que ya están. Hay objetos que te están gritando: Mírame que soy arte. Yo las recojo y la pongo.
 
¿Esa es una cualidad particular tuya: ver arte donde otros no?
 
Sin modestias, creo que sí (risas)
 
¿Qué parte de tu arte es utilitario y qué parte solo arte?
 
Yo he tenido en toda mi carrera un dilema tremendo, porque siempre he tenido de ambos lados… Cuando estábamos en la universidad, nuestro profesor, Adolfo Winternitz, siempre hacía diferencias: Este es el arte serio entre comillas y lo otro no, es artesanía. Y con cierto desprecio.
 
Winternitz era un tradicionalista. 
 
Claro. Y muy ortodoxo. Entonces siempre había esa pugna. Incluso, antes, a esto (señala un objeto decorativo) no lo firmaba con mi nombre. Hice el Taller Huaringa y a todo lo que eran objetos utilitarios o lúdicos, les ponía Taller Huaringa.  
 
¿Te daba pudor?
 
Sí. El arte serio entonces sí firmaba “Arribas”, había esa diferenciación. Pero conforme ha ido pasando el tiempo, dije: Al diablo, todo es Arribas, y punto. Ya no me importa…
 
Entiendo que empezaste tarde a hacer arte profesionalmente...  
 
Sí. O sea la vocación estaba. He vivido toda mi vida en Piura hasta los 17 años y no había salido de ahí para nada. Siempre me gustó mucho el dibujar, pero yo andaba en la luna y no tenía idea de que uno se podía dedicar toda su vida profesionalmente al arte.
 
¿Qué hacías o qué hiciste?
 
Cuando terminé el colegio tenía que entrar a la universidad y nada me gustaba. Entonces, ¡me casé de 17 años! (Risas) Once años más tarde me divorcié y, como tenía chequeado el tema del arte, me metí a la Católica.
 
Primero fue la pintura tradición. ¿Cuándo aparece el reciclado?
 
¿Sabes cómo? En la universidad, teníamos que pintar todos los colores del círculo cromático con un pincelito en unas cartulinas. Era lo más tedioso del mundo. Y yo me recorría toda la universidad y, cuando veía el color apropiado, cortaba y lo pegaba. E hice mi círculo cromático con papeles. Casi me matan. Creo que ahí empezó.
 
¿Pero conscientemente?
 
Creo que recién hará cinco años, porque yo pensaba que estaba enloqueciendo (risas). ¿Y sabes en qué exposición se manifestó claramente? Ahí, con las lanzas. Todos los objetos que están encima de los palos todos son recogidos.  Pero yo no tenía todavía la noción, la conciencia del reciclaje.
 
¿Cuál es el material insustituible para ti?  Digamos, si te dijeran que sólo puedes usar uno.
 
(Silencio) Si me lo pones así, tan difícil, me voy a la tela y a los lienzos. ¿Puedes creer?
 
Yo pensé que dirías madera.
 
(Risas) No. Porque es muy limitado. La tela y los lienzos son infinitos.
 

La ficha

Nací en Piura y viví allí hasta los 17 años. Siempre me gustó el dibujo, pero no sabía que uno podía vivir del arte. Me casé, tuve dos hijos, me divorcié, y entonces decidí dedicarme a mi vocación. Estudié Artes visuales en la Católica. He hecho individuales en el BID y en el Museo de las Américas de la OEA.  Mi trabajo se está mostrando en una intervención pública organizada por la Municipalidad de Miraflores, a lo largo de la avenida Larco, denominada Larco Vive Verde, en el marco del Día de la Tierra, hasta este viernes.
Te puede interesar

CONTINÚA
LEYENDO