Tristes historias de amor

Hay historias de amores desenfrenados y dramáticos. A propósito del 14 de febrero, Día de San Valentín, un recorrido por el Cementerio Presbítero Maestro nos muestra personajes que murieron, literalmente, de pasión.  

14 Feb 2016 | 10:33 h

Hay historias de amores desenfrenados y dramáticos. A propósito del 14 de febrero, Día de San Valentín, un recorrido por el Cementerio Presbítero Maestro nos muestra personajes que murieron, literalmente, de pasión.  

En el rincón más alejado del cementerio Presbítero Maestro de Lima se levanta el pabellón San Joaquín, conocido como 'el de los suicidas'. Allí, en la segunda hilera de nichos de una de sus paredes, hay dos lápidas de piedra blanca -una al lado de la otra- con la misma imagen tallada en altorelieve: unas rosas alrededor de una cruz. En cada lápida se puede leer el nombre de los difuntos: María Subiria Briceño y Alejandrino Aparicio Subiria. 
 
 
Eran limeños, veinteañeros y primos. Sostenían un romance secreto que fue censurado y combatido por sus parientes cuando lo descubrieron. Hicieron todo lo posible para que los jóvenes dejaran de verse porque ese amor era para ellos un escándalo familiar. Pero no contaron con que los amantes tomarían una drástica decisión: envenenarse para morir juntos.
 
Lo hicieron el 12 de octubre de 1959. Alejandrino murió ese mismo día y María sobrevivió unos días más pero expiró en un hospital el 2 de noviembre de ese año. El suceso fue conocido en todo Lima a través de la prensa y en general -eran los años 50 del siglo pasado, la capital aún no era tan grande- los hechos causaron conmoción en la opinión pública.
 
Su familia los sepultó a ambos en el cementerio Presbítero Maestro. Ocuparon nichos contigüos en el pabellón San Joaquín, esta vez con la culposa venia familiar. Y esa es la ironía de esta historia de amor: si en vida no pudieron estar juntos, ahora comparten la eternidad uno al lado del otro. Sus parientes, que no los dejaron cumplir sus deseos cuando vivos, los reunieron en la muerte.
 
Esta es una de las muchas historias que guarda el cementerio más antiguo de Lima y que nos cuenta Mery Baltazar, guía turística de Lima Trekera, una página que organiza visitas guiadas en este camposanto y en todo Lima. A propósito del 14 de febrero, ellos realizaron esta semana el recorrido 'San Valentín en el Cementerio Presbítero Maestro", un tour temático en horario nocturno.
 

Amores contrariados

En el recorrido también se puede ver la tumba de Pedro Zulen, filósofo y bibliotecólogo peruano de ascendencia china, activista y defensor de los derechos de los indígenas. Él, además de su producción intelectual, es recordado por haber protagonizado con Dora Mayer, escritora, luchadora social y activista indigenista, un amor contrariado, una historia pasional que acabó muy mal.  
 
Mayer conoció a Zulen en 1909, cuando ella tenía 41 años y él casi la mitad. El quería sacar una publicación en defensa de los derechos indígenas y ella escribía para El Comercio, por lo que congeniaron. Ambos eran cultos y nació la amistad. Empezaron a trabajar juntos en la Asociación Pro-indígena, fundada por ambos. En las reuniones Dora se fue enamorando perdidamente de él. Transcurrido un tiempo, le envió una carta expresándole su más sincero amor. Fue un error: Zulen la rechazó.
 
A partir de ahí los requerimientos de amor de ella eran tan notorios y públicos que puso en aprietos a Zulen ante sus amigos y conocidos. "Le impuso no el amor, sino el ridículo", definió un escritor lo que sufría Zulen por el amor desmedido de Mayer, a quien, además, nunca dio motivo para que acrecentara su interés romántico. Nada había pasado entre ambos. 
 
Andando el tiempo, Zulen partió a estudiar a Estados Unidos Unidos y volvió rápidamente por razones de salud. Tomó distancia de Mayer pero algo pasó que dio lugar a que ella volviera a dar rienda suelta a sus arrebatos. Él iba a volver a irse a EEUU: "Un día fue a visitarla, a despedirse y a pedirle un dinero prestado. Ella contó después que esa noche estuvieron juntos, que perdió su virginidad con él a los 52 años y que desde entonces tuvieron un matrimonio místico", explica Mery, la guía de Lima Trekera. Según la historia, Zulen siempre negó que algo hubiera pasado entre ellos.
 
El intelectual pasó tres años en el extranjero y retornó en 1923.  Lo que ocurrió entonces ha sido recogido por distintos escritores. Mayer insistió en irse a vivir con él y un día se apareció en su casa de Barrios Altos exigiendo que la dejaran entrar. Tuvo que intervenir la fuerza pública para que se retirara. "Esa mujer no es nada mío", habría dicho en esa oportunidad el filósofo. La obsesión no parecía apagarse en ella.
 
Para 1925 Zulen volvió a sentirse mal de salud: la tuberculosis que había sufrido de joven había avanzado. Murió el 27 de enero de ese año. Dora Mayer pidió que la dejaran verlo en el velorio, pero la familia no lo permitió. Lloró al amado desde lejos hasta que la propia madre de Zulen le permitió despedirse antes de que el cortejo partiera al cementerio. En vida de él, ella ya firmaba sus escritos como Dora Mayer de Zulén, y así también quedó grabado en su lápida cuando falleció 23 años después. Nunca pudo estar junto al hombre que la obsesionó. Él descansa en el Presbítero Maestro de Lima, y ella en el cementerio Baquíjano del Callao.
 

La estrella de la radio

"Aquí, cerca de la puerta 5 del cementerio, en el cuartel Santa Sabina, fila C, Nicho 81, descansa Lucy Smith, que nació en 1927 en Bolivia y que vino al Perú muy pequeña para convertirse con los años en una estrella de la radio y de las radionovelas", explica Mery frente a la tumba de la artista. Ella murió en las primeras horas del 1 de enero de 1950, después de celebrar el Año Nuevo en una fiesta en el Hotel Country Club.  
 
Lucy Smith era muy famosa cuando la muerte la sorprendió y tiempo despues fue entronizada en la historia de la música popular gracias a un vals que hicieron célebre Los Embajadores Criollos y que lleva su nombre por título. "Qué tristeza y que dolor siento yo en mi corazón, al saber de la desaparición, de la estrella de la radio que en vida se llamó... Luuucy Smith...", cantaba Romulo Varillas con voz adolorida. El tema vendió miles de discos.
 
"En Lima la querían mucho, tenía fama y fortuna, pero aparentemente no tuvo suerte en el amor", comenta la guía que nos ha traído hasta el pie de su tumba. "En las alas del misterio, emprendiste raudo vuelo...", dice la letra del vals y, en efecto, el misterio envolvió la desaparición de la artista.
 
Horas antes de morir acudió con su novio a la fiesta del hotel. "Allí sostuvo un altercado con él y se retiraron discutiendo", cuenta Mery, la guía. Lo que pasó después queda en la oscuridad: a unas cuadras ella cayó del taxi en que iban y murió horas después en el hospital Arzobispo Loayza. Las investigaciones nunca aclararon del todo si se cayó, si se lanzó o si fue empujada en medio de la discusión. El taxista dijo que fue un accidente. La hermosa Lucy Smith murió a los 23 años, al lado de un hombre que, según sus amigos, siempre fue parco e intimidante.
 
Asi como estas hay  historias, conmovedoras, dramáticas o tormentosas que guarda este museo-cementerio. En el Presbítero también descansan los restos de Felipe Santiago Salaverry, militar peruano y el presidente más joven que ha tenido el Perú. Horas antes de morir fusilado le escribió a su esposa: "Te he querido cuanto se puede querer y llevo a la eternidad un pesar profundo de no haberte hecho feliz. Preferí el bien de la patria al de mi familia, y al cabo no me han permitido hacer ni lo uno ni lo otro". 
 
Aquí también están juntos en una tumba doble los marqueses de Torre Tagle, por un pedido hecho en vida. Y juntos también Andrés Avelino Cáceres y su esposa Antonia Moreno. También se encuentra el cenotafio de Sofía Bergman de Dreyfus, uno de los más hermosos del lugar, erigido por su esposo aunque ella no está allí. Ella murió a los dos años de casarse y él le dedicó ese monumento. Es un símbolo al amor ausente, ese fantasma. 

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