Star wars VII

19 Dic 2015 | 23:30 h

De los cinco grandes realizadores que marcaron el Nuevo Hollywood de los años 70 (Coppola, De Palma, Lucas, Scorsese y Spielberg), George Lucas (Fresno, California, 1944) es quien tiene menos trabajos como director: un puñado de cortos y los largos THX 1138 (1971), American Graffiti (1973), el primer episodio de La guerra de las galaxias (1977) y los tres de la segunda trilogía (1999, 2001, 2005).
 
Sin embargo, Lucas goza del respeto unánime de sus colegas (con Coppola participó en la aventura de Zoetrophe, con Spielberg en el diseño de la serie de Indiana Jones) debido a su talento innovador y a su trabajo como padre de la saga espacial La guerra de las galaxias, que debe tanto a Flash Gordon como al western, la fantasía heroica y las cintas de samurais de Kurosawa.
 
Lucas modificó el concepto de blockbuster, prolongando lo que Spielberg había hecho con Tiburón y como ninguna gran productora creía en las posibilidades de su trilogía (le costó mucho convencer a la Fox, que le cambió su salario de director por el 40% de ganancias y todo el “merchandising”) fue diseñando un pequeño imperio autosuficiente (Lucas Films, Industrial Light and Magic, etc.) que lo convirtió en millonario.
 
Luego del final de la segunda trilogía, la impresión general era que la saga necesitaba una renovación. Además el propio Lucas fue consciente de que la vida no le alcanzaría para concluirla y que había que pasar la mano a otros. Vendió  Lucas Films en 2012 a la Disney en US$ 4.400 millones reservándose un derecho de supervisión y pasó a presidir la Fundación Educacional Lucas.
 
Por su lado, la Disney hizo un gran negocio (que completó adquiriendo Pixar y Marvel, lo que le da un casi monopolio de entretenimiento) y no tardó en anunciar una nueva trilogía, cuyo primer episodio encargó a J. J. Abrams (NY, 1966), un guionista y realizador que apreciamos, en especial Super 8 (2011), pero que fue llamado porque había sido el exitoso reactivador de Misión imposible y Star Trek.
 
Tarea cumplida. Con un rodaje secreto y una campaña publicitaria mundial sin precedentes con “filtraciones” bien dosificadas, el episodio VII de la saga se convirtió (sin descartar a miles de seguidores de la serie) en la película más esperada. Con un presupuesto de unos US $ 200 millones, los cien millones que ha dejado en taquilla el día de estreno permiten suponer que la Disney podría recuperar el total de su inversión y pasar a contabilizar ganancias (videojuegos y juguetes incluidos) por unos US $ siete mil millones.
 

La historia

Ocurre 30 años después de El regreso del jedi, que dejaba a Luke Skywalker (Mark Hamill) perdido en algún lugar del espacio. El Lado Oscuro de la Fuerza apoya a la Primera Orden –nueva encarnación del mal tras la caída del imperio–y la rebelde pero diezmada Resistencia sigue encabezando la oposición. Los startroopers blanquecinos de la Orden arrasan una población para intentar recuperar un mapa que señala la ubicación de Luke, último jedi.
 
Finn (John Boyega) es un startrooper desertor que se alía a Rey (Danny Ridley) una joven chatarrera del planeta Jakku. Ellos ocupan el centro de la escena hasta la aparición de Hans Solo (Harrison Ford) quien, en compañía del fiel Chewbacca (Peter Mayhew), volverá a pilotear el Halcón Milenario. La de Solo no será la única reaparición, pero dejamos al espectador la tarea de descubrir a los viejos y nuevos personajes de la saga.
 
El guion está firmado por J. J. Abrams, Michael Arndt y Lawrence Kasdan. Arndt fue despedido en el camino, pero la inclusión de Kasdan (Miami, 1949), otrora buen realizador (Cuerpos ardientes, Reencuentro, El turista accidental) y guionista de la primera trilogía es un acierto, pues resulta la persona indicada para combinar los componentes de renovación y nostalgia necesarios para este episodio. 
 

Puesta en escena

Como sabemos, luego de la primera trilogía y su precuela, los personajes masculinos centrales de la saga arrastran un problema de filiación en torno al cual desarrollan elementos de culpa, vergüenza y conflicto que, ciertamente, están presentes en esta una nueva trilogía. Una de las dos o tres (escasas) revelaciones –que no comentaremos– gira en torno a este tema, que determina la oscilación entre el bien y el mal de los mismos, ya sea que sigan los dictados de la Fuerza o se inclinen hacia su “Lado Oscuro”.
 
Lucas, buscó siempre un equilibrio entre épica y comedia, excluyendo el lado distópico de buena parte de la ciencia-ficción actual y situando sus conflictos en el terreno de la fantasía heroica y la ética familiar, manteniendo una vaga religiosidad (la orden de los jedi, tomada del ciclo del rey Arturo, sería la encarnación de la perfección; Darth Vader y su entorno el lado contrario).
 
Este fundamento se mantiene aquí, agregando el propósito transparente de un recomienzo de la saga, el mismo que se alimenta de los seis episodios anteriores (y de lo que sabe el espectador) utilizados como fuente de humor y emoción. Se podrían citar decenas de guiños, que van desde el reencuentro de personajes a la reiteración de situaciones, aunque provistas de algún elemento de novedad o de autoreferencia.
 
Sin duda el episodio al que más se alude es el IV, en su mayor parte escrito por Kasdan, lo que explica la reiteración de escenas como la del saloon espacial, el vuelo acrobático hacia el punto débil de la fortaleza espacial, la nueva y más poderosa Estrella de la Muerte, el duelo con espadas láser, etc. Pero, lejos de incomodar o estorbar, estas secuencias cumplen con su rol de hacer el esperado puente entre renovación y continuidad. Sirven para satisfacer a los antiguos fans de la saga, a la vez que enganchan a los nuevos.
 
Algo similar ocurre con las citas a géneros como el western, la comedia, el cine bélico de aviación o la saga de espadachines y a ciertas películas clásicas. La visión del desierto remite a David Lean y Lawrence de Arabia, las caminatas a Kurosawa y La fortaleza escondida, el interior de los vehículos espaciales a Kubrick y 2001, etc.
 
J. J. Abrams practica una narración sumamente visual (y, por una vez, es preferible ver la cinta en 3D), con un ritmo sostenido y trepidante, que solo se toma leves respiros ante momentos mitológicos como el reencuentro entre Hans Solo y la princesa (ahora generala) Leia o el de los robots, versiones metalizadas de Laurel y Hardy. En general, puede concluirse que este episodio cumple su propósito de otorgar nuevo ímpetu a la saga sin desnaturalizarla, armonizando sin roces personajes nuevos y antiguos.
 
La tarea de Abrams era delicada, pues resulta cada vez más difícil lograr una película que se dirija a audiencias familiares sin practicar un paternalismo idiota con los menores o tomar a los adultos por débiles mentales. Una última recomendación consiste en pedir a los espectadores que esperen la proyección de los títulos de cola para disfrutar a plenitud de la espléndida partitura musical (casi una despedida) del veterano John Williams (83), cuyos temas, indesligables de la saga, dirige el venezolano Gustavo Dudamel.
 

La ficha

Dirección. J.J. Abrams
Guion. Lawrence Kasdan, Micael Arndt, JJ Abrams
Fotografía. Dan Mandel
Música. John Williams
Reparto. Daisy Ridley, John Boyega, Carrie Fisher, Harrison Ford, Oscar Isaac, Adam Driver, Peter Mayhew, Lupita Nyong’o, Max von Sydow
Producción. EEUU, 2015
Duración. 135 minutos

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