Gwendoline Christie y el lado oscuro

Enemistada durante mucho tiempo con su físico, la británica Gwendoline Christie da vida a la Capitana Phasma, la primera villana de Star Wars. Su estatura ya no es un problema.

Enemistada durante mucho tiempo con su físico, la británica Gwendoline Christie da vida a la Capitana Phasma, la primera villana de Star Wars. Su estatura ya no es un problema.

Una monja. Sí, en algún momento de su vida, harta de que la rechazaran en todos los castings por su insólito metro 91 y su contextura gruesa, Gwendoline Christie quiso ser monja. Ponerse el hábito y consagrar su vida a Dios, con obediencia y celibato. Incluso, en plena crisis, tras graduarse, en el 2005, en el Drama Centre London, se puso un plazo: seis meses. Si no la aceptaban, por lo menos, en ninguna obra de teatro, acudiría al llamado espiritual y no habría marcha atrás.
 
 
Suficiente había sido el golpe que Gwendoline arrastraba desde niña, cuando a los once años una seria lesión en la columna vertebral frustró su afán de convertirse en una gimnasta profesional. La actuación, su segunda opción, tampoco le prodigaba mayor fortuna. No se la dio en el colegio, donde recibió innumerables apodos que ella prefiere no especificar, ni en la universidad, donde algunos profesores le decían, con severidad castrense: “No sirve. Es una basura. Otra vez”.
 
Aquella severidad le serviría, luego. La prepararía, sin saberlo, para tiempos mejores, como los actuales, en los que ha participado en tres franquicias exitosas de la industria televisiva y cinematográfica: Juego de Tronos (Brienne de Tarth), Los juegos del hambre (Lyme), y Star Wars (Capitana Pashma). La corona después de consolidarse en el Royal Shakespeare Company, una reconocida compañía de teatro inglesa. La muchacha de Worthing, un pueblito en el condado de West Sussex, al sur del Reino Unido es ya una actriz madura (37) que –por fin– se ha encontrado.

Talento reconocido

Desde el arrugado y siniestro canciller Palpatine, pasando por el larguirucho Conde Dooku, Darth Maul, el General Grievous, hasta el legendario Darth Vader, no había figurado jamás en el Imperio Galáctico una villana. El lado oscuro capturaba a puros personajes masculinos. Hasta ahora, en el Episodio VII: el Despertar de la Fuerza, de agitado estreno el último miércoles, en que apareció la Capitana Phasma, una militar de alto rango de la Primera Orden que, como Darth Vader, es un enigma debajo de una máscara.
 
La primera vez que Gwendoline vio el Episodio IV: Una Nueva Esperanza tenía seis años. Eran vísperas de Navidad, un hecho que le quedó grabado y que –dice– aún la llena de asombro y emoción, como la valentía de la Princesa Leia y el curioso droide de forma cilíndrica, víctima de nuestro pésimo inglés: R2D2. Cuando le ofrecieron el papel, –sí, se lo ofrecieron– tambaleó. Su imponente estatura no era una traba más sino un requisito que la producción exigía, y que ella cumplía con creces.
 
“Pienso que (su papel) ayudará a cambiar la manera en que la gente ve a las mujeres, porque es absolutamente anticonvencional. No siempre debemos ser las guapas heroínas. Es pionero, y estoy feliz porque la película llegará a mucha gente”, comentó en una entrevista. Dicho sea de paso, la actriz debió prepararse mucho para ser capaz de transmitir las maneras femeninas con una armadura encima.
 
Antes de que la tocara la fortuna, el físico mellaba su condición de mujer. “No me sentía como todas. Como si no tuviera género”, dijo alguna vez. Entre el 2002 y 2008, la fotógrafa Polly Borland la usó como modelo en una serie de fotografías que tituló ‘Bunny’. La idea era que, a través de  la belleza del desnudo, aceptara su cuerpo.
 
Pero ha sido sobre todo su actuación en Juego de Tronos, donde encarna a Brienne de Tarth, una dama de clase alta con una fuerza desmedida, que pugna por hacerse caballero, la que significó su liberación. Para ello, Gwendoline se cortó sus cabellos rubios, no bebió licor en meses, comió sano, practicó yoga, ganó seis kilos de musculatura y tomó clases de equitación y combate con espadas. El resultado: una silueta titánica.
 
En la calle dejaron de pararla para hacerle las mismas preguntas: ¿qué comes? ¿Cómo eres tan alta y fuerte? ¿Tus padres también son así? No, ahora era para preguntarle por el personaje. “Es lo que quise toda mi vida. Ser reconocida como actriz, por mi talento, y no por ser solo una persona alta” (R.G).

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