Lucy Avilés: “Mi padre es ya una leyenda de nuestra música popular”

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@larepublica_pe

20 Ago 2014 | 2:53 h

Maritza Espinoza
 

¿Cuál es tu recuerdo más antiguo con tu papá?

Siempre me he sentido muy querida por mi papá. Era la niña de sus ojos. En el ámbito familiar, recuerdo que él me protegía mucho. Lo más chica que recuerdo es, en reuniones familiares, cuando en un momento de la noche se trataba de hacer música, y él nos llamaba a cantar. Siempre nos apoyaba, nos apuntalaba,  nos motivaba.   

¡Tú creciste mamando música criolla!

Sí, para mí es muy natural. Escuchar música criolla es parte de mi día a día, desde chica…


Y creciste muy cerca a Arturo “Zambo” Cavero, tan amigo de tu padre, ¿no?


Claro, desde que yo soy chiquita me acuerdo. Por eso, es imposible que no me guste  la música criolla.  Y no solo de Arturo “Zambo” Cavero, sino de las grandes glorias del criollismo y de este contingente de amigos de mi papá  que pertenecían a la vieja guardia.   

¿Como quiénes…?

De chica, me acuerdo haber visto, por ejemplo, cantores como Arístides Rosales, un señor mucho mayor que mi papá; a Rodolfo Vela,  a Chapita Weston, a Nemesio Falconí,  Augusto Ascues, el rey de las jaranas, Wilfredo Franco.  He visto lo mejor. Siento la responsabilidad entonces, de entregar lo  mejor también.

¿Y él pensó que seguirías sus pasos?

Creo que no, las cosas se fueron dando. Lo que yo sí sentí,  en un momento de mi vida,  fue que él me dejó decidir. Nunca quiso  influenciar en mí para que fuera artista o para que no lo fuera.

Pero has contado que se opuso a que estudiaras y trabajaras…

Creo que era parte de la educación  que había recibido. Acuérdate de que mi papá es del año 1924 y  por esa época la cosa era así. Cuando terminé el colegio y quise estudiar, me dijo: ¿estudiar para qué, si tú nunca vas a trabajar?

¿Qué razones te dio?

Me dijo: tú  eres mujer, tu misión es aprender las labores propias del  hogar, porque en algún momento te vas a casar, vas a tener tus hijos y tienes que saber llevar bien tu hogar.  

Si él no auspició que siguieras sus pasos, ¿lo hizo con tu hermano Óscar?

En ninguno de los dos casos nos obligó: nos dejó decidir. Lo que sí recuerdo es que, finalmente, con un  trabajo de filigrana hecho con ayuda de mi mamá, llegó un momento en que mi papá me dijo: estudia  lo que quieras,  pero nunca vas a trabajar, porque tú no necesitas.  


¿Y no lo hiciste?

Cuando yo  terminé de estudiar, conseguí una chambita y mi papá inteligentemente me dijo: me voy a hacer una gira a México, quiero que me acompañes para que conozcas. Te voy a incluir dentro de la actuación, vas a cantar… Tácitamente fue la forma de decirme: no quiero que trabajes, vente conmigo.

¿Así te apadrinaba como cantante?

No. Yo no pensaba dedicarme profesionalmente al canto, nunca lo pensé de joven. Cuando era más chiquilla, yo veía que mi  papá se levantaba a la una de la mañana… Lo veía muy sacrificado.  Yo decía:  quiero cantar cuando a mí me provoca, no cuando me pagan por eso.  


¿Cuándo se convierte la música en una profesión para ti?  

Al volver de México, ya me dejó trabajar, me enamoré, me casé, tuve una hija, Pamela. Cuando me separé de mi esposo, ahí empecé a pensar en la posibilidad de trabajar musicalmente.  

Y, luego, no has estado tan asociada a tu padre, como tu hermano Óscar, ¿no?

Te explico por qué. Cuando vimos que mi papá ya se iba haciendo mayor, Óscar me dijo: mira, voy a cuidar un poco la carrera de mi papá. Entonces, él se encargó de la parte administrativa, veía los contratos, iba a hacer las pruebas de sonido, le afinaba la guitarra… Mi papá iba al sitio, tocaba y se retiraba.  

¿Y cómo fue vivir con él en ese período en el que nuestros padres se convierten en nuestros hijos?

Mira, siempre vi a mi papá como una persona autosuficiente, que tomaba sus propias decisiones, líder en cualquier situación. Y, sin embargo,  llegó un momento en que sí sentimos  ese cambio y, en efecto,  tus padres se vuelven como tus hijos: tú los cuidas y los proteges, como si fueran hijos tuyos.  
  
Pero él siempre siguió actuando.


Sí. Además, en todo momento, hasta el último día, mi papá sintió el cariño y reconocimiento del público y eso lo alimentaba. Lo hacía sentir que su trabajo no había sido en vano.

Este  homenaje que vas a hacerle, ¿de qué necesidad tuya nace?

Hay algo que hemos conversado los hermanos y es que queremos preservar la memoria de mi papá. Él ya es parte de la historia, es un ícono, una leyenda de nuestra música popular peruana. No queremos que pase el tiempo y que quede todo en el olvido. Esa es la raíz de este espectáculo que se llama Legado del criollismo.  

A propósito, hace 30 años dicen que el criollismo está muriendo...

Es una pregunta que ustedes no pueden dejar de hacer (risas)… Pero, en realidad, eso es un cliché.  Yo te voy a invitar a que vayas a un centro musical y veas qué cantidad de gente de la nueva generación tenemos. 

¿Te molesta esa pregunta?

Sí, me mortifica. Ese pensamiento debemos erradicarlo. La música criolla ha existido, existe y va a existir siempre. Forma parte de nuestra tradición y la tradición perdura  a través de los años.   

 

LA FICHA

Nací en Lima hace 53 años. A mi padre lo llamaban La primera guitarra del Perú. Canté desde pequeña junto a él. Hace 17 años, junto a Willy Terry, formé la empresa Espectáculos peruanistas, para presentar nuevos valores, pero, finalmente, terminé yo también cantando. Esta noche, en el Teatro Municipal, presentaremos el show Legado del criollismo: Óscar Avilés, para rendirle homenaje, y presentaremos el disco Legado, con 12 temas de su repertorio.