Cine. Viejos amigos

Federico de Cárdenas


En 1975, uno de los grandes cineastas italianos, Mario Monicelli, tomó la posta de otro cineasta muy talentoso, Pietro Germi, para llevar a cabo un proyecto que este último dejó pendiente. La cinta Amigos míos (Amici miei), interpretada por Philippe Noiret, UgoTognazzi, Gastone Moschin, Adolfo Celi y Duilio del Prete, narraba las elaboradas bromas que cinco amigos de toda la vida se divertían en concebir y poner en práctica, como una manera de mantener su lejana juventud.

Dirigida con la calidad y dedicación que Monicelli ponía en sus películas, Amigos míos se convirtió en un clásico de la comedia y reiteró a escala internacional la enorme acogida que tuvo en Italia, suscitando años después una continuación, Amigos míos 2 (1982) también a cargo de Monicelli. Es en esta segunda versión, no estrenada en Lima, que se registra una broma fúnebre de feroz humor negro: la viuda de Perozzi (Philippe Noiret), que se encuentra regando las flores que acaba de sembrar en la tumba de su marido, ve llegar a una segunda viuda dispuesta a hacer lo mismo. Indignada, arranca sus flores y se va.

No sabemos si Fernando Villarán y su coguionista, el cinéfilo Gonzalo Ladines, han visto las cintas de Monicelli a las que hacemos referencia –bien podría ser el caso, ahora que el cine conoce una nueva vida gracias al DVD y el blue ray– pero la situación de la cual parte Viejos amigos, largometraje que es su ópera prima, podría ser una pista. De Villarán, activo director de publicidad pasado al largo a partir de la fundación de su productora Mama Okllo Films en 2011, vimos hace años el corto Otro día más.

En todo caso, Viejos amigos merece de entrada ser recibida como un buen intento de trabajar un cine de vena popular sin hacer apelación a esos gruesos clichés caricaturales tan socorridos que se reiteran en el cine peruano reciente, trabajando en un vena de comedia dulceamarga cuyos máximos referentes se encuentran en el cine italiano (Monicelli, Comencini, Risi, Germi, Scola y otros) y, en una vena más negra y esperpéntica, en el español (Luis García Berlanga, en especial en las cintas en que tuvo como guionista al gran Rafael Azcona). 

LA HISTORIA

Tres amigos octogenarios, encarnados por los veteranos Ricardo Blume, Carlos Gassols y Enrique Victoria, acuden al funeral de Kike, el cuarto de la collera. Convencidos de que la viuda (interpretada con brío por Teddy Guzmán) no merece conservar los restos de su marido, roban las cenizas del difunto con la intención de arrojarlas al mar, pero antes de ello hacen un recorrido por los escenarios favoritos que compartió con el grupo en el Callao. Comienza así una jornada que encadena un incidente tras otro, perseguidos por la viuda que se vale de todos los medios (incluidos policía y TV) para recuperar a su finado.

Hay que señalar como acierto la solidez con que ambos guionistas construyen el background de los personajes que comparten un pasado común en el Callao, el mismo que se caracteriza por grandes y pequeñas cosas: un perdido amor de juventud, una pasión indeclinable por el club Sport Boys –que se hace extensiva al desaparecido Atlético Chalaco–, el recuerdo de algunos huariques de leyenda, la memoria de jugadores que estuvieron ligados al club de sus amores como Marcos Calderón o el apego a hechos perdidos en la memoria común.

Al mismo tiempo hay una visión plena de humor de los males propios de la edad: cansancio, sordera, incontinencia, falta de visión y otras limitaciones físicas, los que son incorporados al relato como efectivos resortes de humor ya desde la primer secuencia, marcada por las intervenciones de Enrique Victoria comentando en voz muy alta las incidencias de la misa ante un cura que no sabe por quién la oficia.

PUESTA EN ESCENA

Como ocurre a menudo en la comedia, la puesta en escena de Viejos amigos está al servicio del trío de grandes actores que la protagoniza. Es un placer ver a Ricardo Blume, Carlos Gassols y Enrique Victoria dando vida a personajes que, ciertamente, se encuentran lejanos a ellos en tanto que creaciones de ficción, pero que a la vez recogen algunos rasgos y talantes propios de cada uno. De esta frontera imprecisa surge una de las vertientes del placer que procura la cinta, y que nace de una amistad y complicidad que revelan de a pocos las coincidencias y discrepancias del terceto, ya sea en acciones corales (como cuando se movilizan en el viejo auto) o de lucimiento personal.

Villarán logra imprimir un ritmo adecuado a las diversas incidencias que se van dando. Es verdad que algunos casos se alargan y que en otros la cámara tiende a inmovilizarse en planos frontales en beneficio del juego conducido por los actores, pero estos defectos no sorprenden en una obra primeriza que, a medida que diversifica la acción, sabe superarlos o sumergirlos en un contexto que conduce a salidas de humor negro o ramalazos de nostalgia que no resultan fuera de tono.

Hay que destacar la astucia con que el guion posterga la entrega de ciertos datos, como por ejemplo lo ocurrido al amor de juventud de uno de los protagonistas (dejando al azar la presencia de un clavel blanco en el pelo de una enfermera que podría o no estar relacionada con el caso). Otro ejemplo está en la historia del himno del Boys, que el personaje de Blume reserva para contarla en el escenario adecuado, y que el realizador presenta en movimientos circulares de cámara en torno a la mesa del bar que respetan el relato del actor y lo convierten en uno de los grandes momentos del filme.

No todo cuanto vemos logra este nivel. Nos hubiera gustado una intervención más discreta del gobierno regional del Callao, cuya frecuente intromisión vía letreros, pintas o publicidad llega a ser invasora, dejando en claro hasta la redundancia que es uno de los principales auspiciadores del proyecto. También algunos chistes machistas resultan un tanto desfasados, aunque correspondan a las mentalidades de los protagonistas y su tiempo. 

Pero, en términos generales, Viejos amigos es una cinta llevadera, discreta y disfrutable. Algunos gags (el auto pintarrajeado a la salida del cementerio) y situaciones (la irrupción en el fantasmal “museo” que guarda las reliquias del Atlético Chalaco), las pérdidas y encuentros sucesivos de los personajes a lo largo de la noche y la irónica conclusión del filme coinciden con el planteo de humor (por momentos cordial, en otros corrosivo) de una propuesta que es bienvenida. Fernando Villarán anuncia que su siguiente proyecto será una adaptación de Abril rojo, la novela de Santiago Roncagliolo, a la pantalla grande. Le deseamos suerte.    

 

LA FICHA

Dirección. Fernando Villarán
Guion. F.V. y Gonzalo Ladines
Fotografía. Fergán Chávez Ferrer
Edición. Roberto Benavides
Música. Fenando Urquiaga
Reparto. Ricardo Blume, Carlos Gassols, Enrique Victoria, Teddy Guzmán, Lorena Caravedo, Carlos Victoria
Producción. Perú, 2014
Duración. 93 minutos

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